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Continúan los rescates en el infierno sísmico de Turquía: "Está destrozado, no queda nada" Tuesday, 07 February 2023

Los equipos de emergencia trabajan día y noche en la provincia de Hatay, donde han muerto casi 1.000 personas. En esta región, Antioquía se ha llevado la peor parte. La ciudad, una joya arquitectónica que ha sobrevivido a todas las inclemencias durante centenares de años, se ha evaporado. Nunca volverá a ser la misma y las caras de sus habitantes lo corroboran. En la localidad de Allá, los equipos de emergencia desplegados han montado un centro de coordinación, desde donde controlan las operaciones de rescate.

Decenas de bomberos, voluntarios, camiones y ambulancias se reúnen en las afueras de la ciudad. Los equipos existen, pero tienen dificultades para llegar a todas partes y no dan abasto. De hecho, las carreteras representan uno de los escollos más grandes en las operaciones de emergencia, puesto que la ferocidad del terremoto ha arrasado con varias infraestructuras, puentes y carreteras. Por lo tanto, la movilidad en la zona complica todavía más la situación.

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En cuanto a las comunicaciones por vía aérea, el mismo problema: el aeropuerto de Adana, el más grande de la zona que todavía está operativo, está completamente saturado de aviones con ayuda humanitaria. Y las aeronaves son tantas que muchos países que han enviado ayuda han tenido que esperar en aeropuertos próximos o en Estambul, mientras otros han podido aterrizar en la base de la OTAN de Incirlik.

Y en medio de todo el caos y la desesperación, millones de personas afectadas. La Organización Mundial de la Salud estima que hasta 23 millones de personas han quedado afectadas en el sur de Turquía por el terremoto, cinco millones de las cuales están en situación vulnerable y donde se incluyen 1.4 millones de niños. Los mismos damnificados de algunos puntos afectados confirman que el Gobierno no los está ayudando.

Foto: Bomberos que partían este lunes desde Málaga. (EC)
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Entre los escombros y una nube de polvo, decenas de personas vestidas de civil escalan una montaña de escombros y hierros. Ayudadas por excavadoras y una grúa, improvisan un rescate que no parece dar demasiados frutos. La grúa la han traído de una empresa local, las excavadoras son conducidas por voluntarios. Y a diez metros, dos personas yacen muertas ante la atenta mirada de una chica joven. Son sus padres. En cuanto sus progenitores no dieron señales de vida, decidió volar a su país natal desde París, donde vive. Quizá lo hizo con la esperanza de encontrarlos sanos y salvos, pero el billete de avión servirá para enterrarlos.

"Aquí hay mucha gente atrapada, mucha, y no viene nadie del Gobierno"

En el mismo edificio, pocas horas antes, sacaban a un niño. Y ahora, el turno del resto de vecinos que habitaban este bloque de cinco pisos, completamente hundido. "Aquí hay mucha gente atrapada, mucha, y no viene nadie del Gobierno. Nosotros hacemos lo que podemos, de forma voluntaria, pero no viene ningún profesional que nos ayude", denuncia un vecino.

En Alejandreta, ciudad situada en la provincia de Hatay, el terremoto se ha llevado la vida de centenares de personas. La principal avenida de la pequeña ciudad es un océano de edificios destrozados o, directamente, hundidos. Es la misma avenida donde las gasolineras se quedan sin un solo litro de gasolina y las hileras de coches que quieren salir de la zona se acumulan para llenar el depósito. Solamente saldrán de Hatay los que consigan llegar al mostrador.

"No queda nada. Todos los edificios han caído sobre el primer piso, otros cayeron completamente en el segundo terremoto"

Aquí abajo está el barrio de Mustafá Kemal: "Está destrozado, no queda nada. Todos los edificios han caído sobre el primer piso, otros cayeron completamente en el segundo terremoto", explica otro vecino. También denuncia que el Gobierno no ha desplegado ninguno de sus equipos de rescate, por lo tanto, tienen que hacer el trabajo ellos mismos. "Vino un pequeño grupo de voluntarios de Estambul y Ankara con sus propias herramientas y unos palos para levantar piedras", cuenta a El Confidencial. En el lugar, una grúa de una empresa local y varias personas se apresuran para salvar a sus familiares y amigos, pero, sencillamente, no pueden. Detallan que ellos no saben hacer este trabajo, que no tienen nociones sobre cómo atender a una persona que pueda continuar viva, en caso de rescatarla, ni conocimientos para la difícil tarea de retirar los escombros, un trabajo que puede costarle la vida a más de uno. En las carreteras, el mismo escenario: varios voluntarios se dedican a controlar el tráfico o a obligar a los coches a dar paso a los servicios de emergencia.

La tragedia continua

Más de 7.100 personas han perdido la vida y hasta 30.000 han resultado heridas en los terremotos de magnitud 7,8 y 7,5 que han devastado Turquía (5.400 víctimas) y Siria (1.700). Sobre esta base, las cifras oficiales continúan subiendo con cada actualización que realizan los organismos implicados en la zona y se teme que el número siga aumentando a medida que se amplíen las tareas de rescate.

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Desde que se produjo el primer temblor este lunes, se han registrado varias réplicas de sismos. Ante esto, el terremoto ya es considerado el más mortífero en 20 años y el más intenso desde 1939. La zona más afectada es el epicentro, Gaziantep —con más de dos millones de habitantes—, y otras regiones del sureste de Turquía como Diyarbakır, Adıyaman, Osmaniye, Malatya y Adana. También en el norte Siria se han producido un gran número de víctimas mortales, derrumbamientos y heridos, principalmente en las localidades de Alepo, Latakia y Hama. Otros países, como el Líbano, Chipre, Israel e Irak, también han sentido los efectos del terremoto, pero en mucha menor escala.

Hasta el lugar se han acercado casi 12.000 rescatistas, junto con 9.000 soldados de todo el mundo que se han desplegado sobre las 10 provincias más afectadas de Turquía. Además, hasta 70 países están mandando ayuda humanitaria sobre el terreno. Los trabajadores operan a contrarreloj para rescatar al mayor número de personas posibles en condiciones de frío cercanas a los cero grados Celsius, lluvia y nieve sobre algunos puntos. Estas condiciones extremas apresuran las labores de rescate para combatir la hipotermia de las víctimas que se encuentran bajo los escombros, en una ventana de 72 horas. Pese a esta estimación, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la ONU —la primera en actuar en estos casos de desastre— ha estipulado "una ventana de siete días" para rescatar a las personas que han quedado sepultadas, dijo ayer un representante de la organización, basándose en operaciones similares. Hasta el momento, los equipos de rescate han podido sacar con vida a unas 8.000 personas.

La UE y otros países europeos han ofrecido a Ankara 25 equipos de rescate y médicos, de los cuales 11 ya están sobre el terreno, incluyendo el primer contingente español, que llegó el martes con medio centenar de efectivos de la UME y unos 40 bomberos de la Unidad Especial de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (Ericam) a Incirlik, un distrito al sur de Adana.

Debido a la magnitud de la tragedia, el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, quién enfrenta unas elecciones en tres meses, declaró un estado de emergencia por noventa días sobre las zonas más devastadas. Lo que permitirá al Gobierno eludir al parlamento para promulgar nuevas leyes y limitar o suspender derechos y libertades. En lo que se refiere a las medidas de emergencia, el presidente envió "53.000 trabajadores de búsqueda y rescate y 5.000 sanitarios para ayudar a las víctimas", afirmó el Washington Post. También, el Ejecutivo abrirá hoteles en el centro turístico de Antalya para albergar temporalmente a las personas afectadas por los terremotos. Aunque algunas personas han asegurado a Reuters que "Estamos bajo la nieve, sin hogar, sin nada", dijo Murat Alinak, cuya casa en Malatya se derrumbó y cuyos familiares están desaparecidos. "¿Qué debo hacer, adónde puedo ir?". "¿Dónde está el Estado? Les estamos rogando. Hagámoslo, podemos rescatarlos. Podemos hacerlo con nuestros medios", declaró Sabiha Alinak, otra víctima.

Casi todos los países del mundo se han volcado en la situación que atraviesan Turquía y Siria, donando grandes cantidades de dinero y prestando personal y recursos. Incluso Ucrania ha firmado un decreto en el que se ordena el envío de ayuda humanitaria a Turquía. "Ayudar a la población a sobreponerse de la situación de emergencia a causa de los terremotos y de acuerdo al artículo 10 de la Ley sobre Ayuda Humanitaria de Ucrania", ha expresado el presidente, Volodímir Zelenski. Por su parte, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha manifestado sus "profundas condolencias" a su homólogo turco y ha subrayado que "está preparado para dar toda ayuda necesaria". Entre otros, el papa Francisco también ha mostrado su preocupación por el desastre y ha comunicado que "está cerca" de todas las personas afectadas. Desde España, el jefe de Estado, Felipe VI, y otros mandatarios han mostrado su apoyo y su disposición de ayudar a las personas afectadas.

"Estamos cara a cara con uno de los mayores desastres de nuestra región"

Lejos de las perdidas humanas, se han registrado daños materiales sobre "unos 6.000 edificios y al menos 150.000 personas en Turquía se han quedado sin hogar", dijo un funcionario de la Federación Internacional de la Cruz Roja al New York Times. Asimismo, gran parte del patrimonio arquitectónico de la región ha sido destruido, como el castillo de Gaziantep, entre otras construcciones.

"Estamos cara a cara con uno de los mayores desastres de nuestra región", dijo Erdogan, durante un discurso televisado a nivel nacional desde la capital del país, ayer en Ankara. Y bajo este panorama desolador, las labores de rescate se acercan al punto crucial de las 72 horas, en otra jornada intensiva de rescates.


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