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Nunca has visto (ni volverás a ver) tantos cuadros de Vermeer juntos Tuesday, 07 February 2023


Nunca se había visto nada igual, nunca. Y casi con toda seguridad, jamás se volverá a ver nada semejante.

Johannes Vermeer (1632-1675) pintó muy, muy pocas obras en sus solo 43 años de vida, seguramente una media de tan solo dos al año. Entre los especialistas únicamente hay unanimidad en atribuir a Vermeer un total de 37 obras de arte.

El Rijksmuseum de Ámsterdam, que posee cuatro ‘vermeers’, se propuso la titánica tarea de congregar el mayor número posible de obras del maestro neerlandés. Y aquí está el apabullante (y profundamente emocionante) resultado: ha conseguido reunir nada menos que 28 cuadros de Vermeer, procedentes de museos y colecciones de siete países, desde Estados Unidos a Japón pasando por varios de Europa. Jamás en la historia se habían concentrado tantos cuadros de Vermeer bajo el mismo techo.

Un hombre contempla el cuadro de Vermeer ‘La Lechera’, uno de los 28 del artista holandés que se expondrán desde este viernes en la gran retrospectiva en el Rijksmuseum. EFE
Un hombre contempla el cuadro de Vermeer ‘La Lechera’, uno de los 28 del artista holandés que se expondrán desde este viernes en la gran retrospectiva en el Rijksmuseum. EFE

“Es algo realmente histórico. Ni siquiera en el estudio del propio Vermeer han estado juntas 28 obras suyas”, asegura sacando pecho Taco Dibbits, director general del Rijksmuseum. “Parecía un sueño imposible, pero ha resultado posible. Cuando nos enteramos de que la Frick Collection de Nueva York (que posee tres vermeers) iba a cerrar temporalmente para llevar a cabo obras de renovación, nos dijimos: ‘Esta es nuestra oportunidad’. Y, a partir de ahí, y gracias a la colaboración internacional, surgió está exposición única. Pero nunca pensamos que seríamos capaces de reunir 28 obras”.

“Digamos que estamos ante una reunión familiar sin precedentes”, en palabras de Pieter Roelofs, quien junto con Gregor J.M. Weber ha comisariado esta muestra.

"Aunque hasta el viernes no abre sus puertas, ya se han vendido 200.000 entradas para la muestra, una cifra absolutamente récord para el Rijksmuseum"

La retrospectiva de Vermeer en el Rijksmuseum, que se inaugurará este viernes día 10 y permanecerá abierta hasta el 4 de junio, tiene papeletas de sobra para convertirse en el acontecimiento artístico del año. De hecho, y antes de abrir sus puertas al público, ya se han vendido a través de internet 200.000 entradas, una cifra absolutamente récord para el Rijksmuseum. Y eso que una entrada normal cuesta 30 euros.

Pero la expo los vale con creces. Es una muestra fantástica, fascinante, absorbente, sobrecogedora… Los adjetivos para describirla se agotan rápidamente. Es imposible verla sin emocionarse, sin sentir que el tiempo y el espacio se detienen, sin verse inundado por la paz y la calma que transmiten los cuadros de Vermeer.

“Aunque produjo muy pocas obras, cada una de ellas es una creación extraordinaria que genera fascinación y asombro. Vermeer lleva al espectador a un mundo tranquilo e introvertido”, subraya Dibbits.

Horario ampliado

Es tal la avalancha de público que se espera que el Rijksmuseum ha decidido ampliar su horario y abrir sus puertas hasta las 22.00 durante la exposición consagrada a Vermeer, entre otras cosas para evitar grandes aglomeraciones en sus salas y tratar en la medida de lo posible de mantener un mínimo de intimidad entre el espectador y el artista.

Lo mismo que busca también el montaje de la exposición, firmado por el arquitecto francés Jean-Michel Wilmotte. Las diez salas del Rijksmuseum dedicadas a la retrospectiva de Vermeer han sido cubiertas con largos y austeros cortinones en terciopelo verde oscuro, berenjena y azul marino, que dejan todo el protagonismo a los 28 cuadros del artista.

Y, si hubiera dependido de los responsables del Rijksmuseum, esta excepcional exposición aún contaría con más obras de Vermeer. Pero se toparon con algunos ‘noes’. El Palacio de Buckingham, por ejemplo, se negó a permitir la salida de sus instalaciones de la obra del pintor holandés que posee a causa de su fragilidad. Tampoco los museos de Abu Dhabi, Viena y Brunswick (Alemania) accedieron a prestar sus obras del maestro holandés del siglo XVII.

En la muestra del Rijksmuseum tampoco está obviamente El Concierto, el cuadro de Vermeer que en marzo de 1990 fue robado del Isabella Stewart Gardner Museum de Boston y del que desde entonces no se sabe nada. Según los expertos, se trata la obra de arte robada más valiosa del mundo, cuyo precio en 2015 se estimaba en 250 millones de dólares.

El director del Rijksmuseum, Taco Dibbits, ante el cuadro de Vermeer ‘Dama con criada y carta’, procedente de la Frick Collection de Nueva York. EFE
El director del Rijksmuseum, Taco Dibbits, ante el cuadro de Vermeer ‘Dama con criada y carta’, procedente de la Frick Collection de Nueva York. EFE

Pero, a cambio, en el Rijksmuseum se podrán contemplar algunas obras de Vermeer que nunca habían abandonado su emplazamiento habitual. En total, en la exposición hay siete cuadros que por primera vez en más de 200 años han vuelto a Países Bajos, donde fueron pintados. Y, por supuesto no falta la archifamosa y siempre intrigante La joven de la perla.

El caso es que Vermeer, hoy una superestrella indiscutible del arte, estuvo olvidado por completo durante casi 200 años. Sólo a partir de finales del siglo XIX comenzó a salir de la oscuridad, cuando el crítico francés Théophile Thoré-Bürger lo descubrió, se enamoró de sus obras y en 1866 publicó un catálogo sobre Vermeer.

El grueso del mundo aún tendría que esperar a 1995 para conocer su trabajo, cuando la National Gallery de Washington y el museo Mauritshuis de La Haya dedicaron a Vermeer la primera retrospectiva -la única antes de la que ahora le consagra el Rijksmuseum-, que reunía 21 de sus obras.

Las primeras mujeres modernas

Pero, enseguida, las obras de Vermeer cautivaron al público. Tal vez la clave esté en la ausencia de ruido de sus cuadros, en su luz, en el intenso silencio que desprenden, en que transmiten refugio y serenidad a quienes los contemplan. Buena parte de sus obras son escenas de la vida doméstica protagonizadas por mujeres: mujeres que leen, que tocan un instrumento, que bordan un encaje, que miran por una ventana, que escriben…. Mujeres concentradas en sus propios pensamientos, mujeres introspectivas y contemplativas, mujeres que se bastan a sí mismas, mujeres que disfrutan del placer de la soledad y de su mundo interior. Son las primeras mujeres modernas del arte, una suerte de madonas secularizadas.

Vermeer seguramente asistiría boquiabierto al éxito y al reconocimiento del que disfruta hoy en día. En sus 43 años de vida nunca salió de su Delft natal y nunca fue conocido fuera de los contornos de esa ciudad, donde sí que disfrutó de reconocimiento. Los artistas, en aquella época en la que no existían los museos ni la reproducción de imágenes, necesitaban crear obras en gran cantidad para conseguir hacerse un nombre. Pintores contemporáneos de Vermeer y también neerlandeses como Rembrandt o Frans Hals pintaron cada uno de ellos cientos de cuadros. Y Jan Van Goyen, más de un millar.

dos personas contemplan ‘Vista de las casas en Delf’, otro de los 28 cuadros de Vermeer que componen la retrospectiva del Rijksmuseum.EFE
dos personas contemplan ‘Vista de las casas en Delf’, otro de los 28 cuadros de Vermeer que componen la retrospectiva del Rijksmuseum.EFE

Vermeer no, para nada. Uno de los factores que explicaría la lentitud de Vermeer a la hora de pintar es el papel decisivo que las composiciones jugaban en sus cuadros. Vermeer pintaba objetos de la vida cotidiana, sí, pero los re-colocaba y re-ordenaba para conseguir la expresión artística que deseaba. Los expertos calculan que, antes de empezar a pintar, pasaba muchas horas decidiendo dónde colocar todos esos elementos que quería representar. Porque en sus cuadros tan importante es la posición de los objetos como el espacio vacío que existe entre ellos, lo que en arte se denomina “espacio negativo”. Antes de Vermeer, ningún artista había dado al espacio negativo la misma relevancia que a los sujetos y objetos representados.

El detallismo de sus obras también ralentizaba su producción. Las imágenes con rayos X y las radiografías con neutrones que se han obtenido de algunos de sus cuadros dejan claro que el artista realizaba numerosas correcciones en sus pinturas, algunas importantes, otras prácticamente insignificantes.

"Nuestras investigaciones arrojan que su modo de pintar era realmente muy complejo", destaca la conservadora Ige Verslype, miembro del equipo que está analizando las obras de Vermeer.

Un enigma, un misterio

Ni siquiera hay mucha documentación sobre la vida de Vermeer. “Johannes Vermeer es un misterio, un enigma, se ha repetido sin cesar durante los últimos 150 años. No tenemos cartas o diarios suyos, ni siquiera la certeza de un retrato. Pero, aún así, las investigaciones que se han realizado sobre su obra antes de esta exposición y que seguirán durante la misma y cuando concluya, nos acercan a Vermeer más que nunca”, destaca el director del Rijksmuseum.

Por no saberse, no se sabe con exactitud ni el día en que nació Vermeer, tan solo que fue bautizado como miembro de la iglesia protestante reformista el 31 de octubre de 1632. Su padre fue tabernero, trabajó en el sector textil y también marchante de arte, y se supone que fue eso lo que impulsó a Vermeer a pintar.

Es probable que acudiera de joven a una pequeña academia en Delft en la que aprendió los rudimentos del dibujo y la perspectiva. Pero, excepto eso, no se le conoce maestro. Pintó siempre solo, en su casa.

Un hombre ante ‘La alcahueta’, un cuadro de Vermeer llegado de Dresden a Ámsterdam para la retrospectiva del Rijksmuseum. EFE
Un hombre ante ‘La alcahueta’, un cuadro de Vermeer llegado de Dresden a Ámsterdam para la retrospectiva del Rijksmuseum. EFE

Se casó en 1653 con Catharina Bolenes, una mujer católica de una familia adinerada, tras convertirse a ese credo. La pareja tuvo en total 14-15 hijos (la cifra exacta no está clara), aunque solo 11 sobrevivieron a la niñez. El matrimonio vivía en casa de la suegra, en el barrio católico de Delft, y Vermeer continuó los pasos de su padre como marchante de arte, además de pintar sus propios cuadros, para los que se cree que empleaba como modelos a sus hijas mayores, a su mujer y a su empleada doméstica. Porque, como bien señaló Proust, ninguno de sus retratos de mujeres transmite ninguna carga erótica, ninguna intencionalidad sexual.

Vermeer se ganaba la vida bastante bien… hasta que en 1672 estalló la guerra franco-neerlandesa. Ese conflicto hizo que se desplomara el mercado del arte, que dejaran de venderse tanto sus cuadros como los de aquellos artistas con los que comerciaba como marchante. Y, por entonces, diez de sus 11 hijos aún eran pequeños. Empezó a acumular deudas.

Murió a los 43 años en la ruina absoluta, después de que una enfermedad desconocida lo dejó postrado durante un día y medio. Su féretro fue llevado a hombros por 14 personas hasta el cementerio mientras repicaban las campanas. Su mujer y sus hijos solo heredaron deudas. Una de las deudas era con la tahona, a la que la familia debía 600 florines. La viuda saldó ese pago entregando al panadero dos cuadros de Vermeer: "Mujer tocando la guitarra" y "Una dama escribe una carta con su sirvienta".

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