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Damián Mateu Bisa, el motor de la fortuna Sunday, 12 February 2023


Hay vidas felices llenas de quebrantos y negocios que empiezan con una quiebra. La geografía designa lugares que pueden no estar donde señalan los mapas. Las certezas aparentes, que nunca son tales, conformaron la existencia de Damián Mateu Bisa, un hombre serio que aparece en fotos de época con pelo corto, canoso y en retroceso. En uno de estos retratos, Mateu, catalán de Llinars del Vallés (Barcelona), tiene el aspecto de un militar colonial de ultramar instalado en su retiro o la fisonomía de un tendero de cereales. Traje sencillo, dos bolsas de cansancio bajo de los ojos y una vaga simetría de rostro en la que destaca una nariz varonil. Nadie diría que estamos ante el industrial que fue capaz de vender desde España una máquina milagrosa que, desde hace dos siglos, es uno de los objetos de consumo de las sociedades contemporáneas: el automóvil.

Y, sin embargo, esto es lo que logró el presidente de la Hispano Suiza S.A., la mayor empresa española en automoción. Mateu era un ser de costumbres: habitaba una casa modernista, nunca cambió de amigos, iba siempre a los mismos restaurantes y presidió su empresa durante tres décadas seguidas. La Hispano Suiza S.A. adquirió pronto los atributos de una leyenda. Se dedicaba a fabricar coches que vuelan, motores diseñados para sostener aviones en el aire y todo tipo de artefactos modernos. Lo hacía esencialmente en Francia, con capital catalán y vocación internacional.

Los Hispano Suiza eran los coches que le gustaban a Alfonso XIII
Los Hispano Suiza eran los coches que le gustaban a Alfonso XIII

Mateu era un representante de la vieja tradición cultural de la sangre: familia y empresa. A su muerte, su sociedad fue heredada por su hijo, Miguel Mateu Plá, el menor y único varón de los seis vástagos que tuvo con Mercedes Plá i Deniel. Su heredero se convertiría en prócer de la dictadura: ocupó la Alcaldía de Barcelona tras la Guerra Civil. En 1945 fue embajador en París, amigo de Franco, segundo presidente de la Caixa, líder de la patronal catalana, consejero de Falange y procurador en Cortés hasta el tardofranquismo.

Familia emprendedora

Su linaje siempre se caracterizó por su capacidad de iniciativa. El abuelo paterno, Miguel Mateu, se dedicaba a comienzos del XIX a vender piezas de hierro y acero desde un almacén del viejo Raval, que pasó a su hijo, Miguel Mateu Faralt, el padre del patriarca de la Hispano Suiza, al que todos llamaban Mateu, dels ferros. Murió cuando el fundador de la Hispano Suiza contaba con sólo 14 años. El primogénito de la familia se hizo cargo del negocio familiar.

Damián parecía destinado a tener una brillante carrera académica como abogado, pero el deceso temprano de su hermano mayor lo obligó a hacerse cargo de la industria familiar. Nada le hizo pensar entonces que se convertiría en un perfecto señor burgués con castillo propio y una excepcional colección de arte, aunque acudiera al trabajo en transporte urbano, igual que sus obreros, con los que solía coincidía en el tranvía.

La primera fábrica de Hispano-Suiza
La primera fábrica de Hispano-Suiza

Fabricaba automóviles, pero nunca quiso conducir uno. Su empresa comenzó vendiendo hierro y acero. Más tarde lo haría con maquinaria y estructuras metálicas, al calor del boom inmobiliario de Barcelona. Fue el comercio lo que lo condujo a la industria. A la Hispano Suiza, la primitiva marca de automóviles de Jaime Castro, llegó como acreedor, refundando la compañía, símbolo del lujo y epítome de lo que entonces se llamó “la vida sport”. Lo hizo gracias a sus socios –el editor Francisco Seix y su suegro, Sixto Quintana, representante de la empresa alemana Basf– y al ingeniero Marc Birkgit.

Birkgit era hijo de un sastre de procedencia alemana nacido en Ginebra (Suiza). Ingeniero y especialista en mecánica, llegó a la Ciudad Condal tras el servicio militar para unirse a la primera empresa de la península que dedicaría a la fabricación de automóviles: la Compañía General de Coches Automóviles de Emilio de la Cuadra. En la Hispano Suiza desarrolla un vehículo de transporte de viajeros y prototipos de motores de gasolina. Sus creaciones entusiasman al rey Alfonso XIII, que adquiere el 8% en la empresa y se convierte en su agente comercial entre las élites europeas. Su primer automóvil de seis cilindros es capaz de ir de Perpignan y París en 22 horas.

Sus creaciones entusiasman al rey Alfonso XIII, que adquiere el 8% en la empresa y se convierte en su agente comercial entre las élites europeas

La venta de coches y deportivos no era un mercado suficientemente grande para sostener los gastos empresariales. De ahí que la Hispano Suiza se orientase al transporte de viajeros y mercancías y, más tarde, tras instalarse en Francia, a la industria militar, una de sus líneas de negocios más importantes gracias a la Gran Guerra de 1914, a la Guerra Civil y a la segunda contienda mundial. La Hispano Suiza fabricaba indistintamente vehículos Belle Époque, camiones, coches, cañones y aviones militares.

Mateu no tardaría en adquirir influencia política y patrimonio. Tenía propiedades inmobiliarias –la Casa Comalat, en la Diagonal; el Mas Rossell y una torre modernista (La Miranda) en Llinars del Vallès, además de una masía en el Montseny–. Ayudó a Alfonso XIII a salvar parte de su fortuna cuando tuvo que huir del país tras la proclamación de la República. Fue miembro de la Federación Monárquica Regionalista, una organización de perfil conservador y propietario del periódicos como Diari del Migdia, editado en la Barcelona de 1931, o el Diario de Barcelona, el histórico periódico de la Ciudad Condal fundado por los Brusi. Un año antes de la Guerra Civil, con 72 años de edad, murió.

El modelo J12, uno de los más populares de Hispano-Suiza
El modelo J12, uno de los más populares de Hispano-Suiza

En sus archivos aparecieron más 30.000 documentos comerciales y las cartas que dictaba al modo de disposiciones de su imperio, que adquirió el castillo de Peralada a la dinastía de los Rocabertí. Joaquim Folch i Torres, el padre de los museos barceloneses, ejerció como su asesor personal como coleccionista en obras de arte. Atesoraba sellos de Mesopotamia, Grecia o Roma y China. En 1935, las monjas de San Andrés de Arroyo, en Palencia, intentaron venderle un claustro, que no quiso adquirir. Prefirió dos murales de la Seu de Urgell: el Martirio de San Saturnino y Disputa teológica y arresto de Santa Caterina, arrancados del edificio original. En su testamento legó sus propiedades a su familia.

El escritor Josep Pla calificó a su hijo como “un personaje siniestro, un burgués dominado por el miedo y un ansia económica sin límites, el auténtico representante del franquismo en Cataluña”. En las fotos de época aparece ataviado con uniforme militar, con las ropas de Falange y con el bigote característico de los fascistas que habían ganado la guerra.

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