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Las aventuras de Sánchez y el fonoporta de Parla: escenas eliminadas Wednesday, 15 February 2023


Nueve en punto de la mañana. El Falcon aterriza tras un vuelo de cuatro minutos procedente del aeródromo de la Moncloa en la avenida de América de Parla, esquina calle Perú. Mañana fresca de febrerillo el loco. Pedro Sánchez se admira por el óvalo de la ventana: “Sí que ha crecido Parla”. La script: “¿Abrigado todo el mundo? Vamos para afuera. Parla es una ciudad fría”. “Jeje, que le pregunten a Tomás Gómez”, piensa él.

Desembarcado el equipo de camarógrafos y los escuadrones de estilismo y maquillaje, Sánchez toma tierra con un gesto de pereza que, rápidamente, al ponerse en marcha las cámaras, transmuta en la expresión número 6346 del catálogo de expresiones presidenciales. Es el recurso facial llamado popularmente por el equipo cinematográfico “apreciación de la humildad barrial”.

Foto: Pedro Sánchez se fotografía con simpatizantes durante un acto del partido celebrado este domingo en Málaga. (EFE/Jorge Zapata)
Moncloa alerta del desgaste de la marca Sánchez y activa un plan para ‘humanizar’ al presidente

Rodeado de esbirros y cámaras, el presidente se encamina al bloque asignado por los escenógrafos. Se ha seleccionado cuidadosamente de entre las viviendas populares de Parla esta en concreto, debido a su candorosa humildad clasemediana, su televisión de plasma no demasiado grande, sus estanterías de Ikea sin adornos y, sobre todo, sus habitantes: el hermano de uno de las juventudes del PSOE de Parla y otra chica que también es militante identificada.

Gente normal, vaya. De la calle.

Problema, advierte el técnico: el equipo de escenografía ha olvidado anotar el piso correcto en la hoja de grabación. Esta mañana solo tienen el número del portal, de modo que están ante un grave problema. ¿Decírselo o no decírselo al presidente? Sin duda rodarán cabezas, pero todo a su tiempo.

“Es cuestión de probar hasta dar con el timbre correcto”, expresa el fotógrafo. “¿Qué puede salir mal? Estamos en Parla, muy socialista. Hacemos las tomas que sea y eliminamos lo que haya que eliminar”. Al equipo le parece buena opción. Hay que trabajar. El rostro de Sánchez está apreciando compasiva y campechanamente las fachadas de ladrillo visto levemente descascarillado. A grabar.

Llaman al primero A. Nadie contesta. La expresión de Sánchez no cambia. Examina los botones sucios y viejos del fonoporta como si de su álbum familiar se trataran. Llaman al primero B. "¿Diga?". “Somos los de la película”, se le ocurre decir a la maquilladora. Chica lista, MEEEEEC, la puerta se abre.

El ascenso de Pedro Sánchez por las escaleras es cuidadosamente recogido con plano anterior, superior, cenital y posterior por el equipo de rodaje. Qué manera de pasar la mano por la barandilla de hierro, de aposentar los pies en los escalones con el mimo del mandatario responsable que no quiere estropear nada a su paso por la institución. Llegan al primero, la puerta del B abierta.

Pero el hombre que los recibe desazona de repente a todo el equipo. Tiene espuma en las comisuras de la boca, ojeras, le falta pelo en la mitad de la cabeza. ¿Un yonqui? Mucho peor: un autónomo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Carlos Hidalgo) Opinión
El sanchismo rebasa su punto de quiebra con la sociedad

Sánchez no se da cuenta. Su rostro esboza la expresión 3484, conocida por el equipo como “con el debido respeto y comprensión, buenos días”. Pero cuando el hombre ve frente a sí al presidente del Gobierno, la ira burbujea. Los halcones de seguridad intuyen que va a soltar una ordinariez estilo “que te vote Txapote” y empujando al cámara 3 se lanzan sobre el autónomo y lo reducen mientras la estilista cierra de golpe la puerta sin que Pedro Sánchez cambie la expresión “buenos días”.

En ese momento se abre la puerta del 1º A y asoman unos ojos atemorizados de mujer. Está en bata, despeinada, palidez de monja y escruta por la rendija. Sin duda, piensa el cámara, una de las que han visto cómo su violador quedaba en libertad, y Sánchez, sin inmutarse, se gira maquinal, elige la expresión 6944 (“bella militante del PSOE, dos besos y selfi”) y se abalanza salutatorio sobre ella, a lo que la mujer responde con chillidos, agita su pulsera de seguridad y huye despavorida en el interior de la vivienda. Quedan todos con un palmo de narices en el descansillo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Carlos Hidalgo) Opinión
El dato: Sánchez se está convirtiendo en veneno para el PSOE

“Será en el segundo”, dice el fotógrafo, y suben. Miran nerviosos al presidente, que no parece molesto, ni extrañado, ni hace preguntas, ni le interesa ninguno de los hechos acaecidos, sino que se atusa la chaqueta, y llaman al 2º A, y aparece un juez de Audiencia Provincial con los ojos inyectados en sangre, de modo que cierran la puerta, y al 2º B, donde les abre un jubilado de aspecto muy socialista que —¡horror!— empieza a decir no sé qué de Leguina y de Felipe González y de traición y de sedición, con lo que lo mandan de un puntapié al interior de su vivienda, y suben otro piso, y llaman al 3º A, de donde salen los gritos de una familia cuya hija adolescente insiste en hormonarse, y por fin llaman al 3º B, desfondado el operario de la cámara 4K, que pesa como cojón de presidente, y —gracias a Dios— abren la puerta los dos militantes del PSOE jóvenes, frescos y obsequiosos. Son los ejemplares seleccionados por el equipo de grabación. Agradecen el pequeño retraso, "así hemos tenido más rato para aprendernos los apuntes que nos enviaron desde la Moncloa".

Y empieza el rodaje de la escena. A Pedro Sánchez se le ve cómodo en el sofá, agradece el café con una ligera afectación que parece sugerir que es consciente de que "los que menos tienen son los que más dan", y el repertorio de sus expresiones cercanas causa una grata emoción en todos, mientras se graban la calidez y altura humana del presidente con la gente normal, es decir: guionizada, agradecida.

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