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"El impacto es inmenso": la otra gran guerra de Ucrania se libra con transformadores Friday, 24 February 2023

Mientras la mayor parte de la urbe ucraniana de Dnipro permanece a oscuras, una serie de negocios mantienen las luces encendidas junto a uno de los recursos más valiosos: la conexión a internet. Se tratan de espacios de coworking en los que, con el zumbido de fondo de los generadores eléctricos, cientos de trabajadores encuentran refugio de los apagones frecuentes provocados por la destrucción de la infraestructura eléctrica de Ucrania por parte de la maquinaria de guerra rusa.

“Los apagones definitivamente han planteado desafíos”, relata a este periódico Anatolii Subachev, especialista en programática de 27 años que frecuenta uno de estos espacios de trabajo en Dnipro. “Experimenté un corte de energía durante 36 horas en noviembre y hemos tenido un suministro de electricidad inconsistente desde octubre. A veces, teníamos electricidad durante 4 horas al día; otras, durante 8 o 12 horas con interrupciones”, narra. Estos centros de coworking, que han crecido como setas en los últimos meses a lo largo y ancho del país, han supuesto un respiro para él y para tantos otros ucranianos —cerca 300.000, de acuerdo con estadísticas disponibles— que trabajan en el sector IT.

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Esta industria, una de las más boyantes del país y destino especialmente popular entre los nuevos graduados, ha demostrado una enorme resiliencia en tiempos de guerra gracias a las adaptaciones al teletrabajo forzadas anteriormente por la pandemia. Según las previsiones de la Asociación de Tecnologías de la Información de Ucrania, la industria generó cerca de 6.700 millones de euros en exportaciones en 2022, lo que representa un crecimiento interanual del 2,2%. Esto, en un contexto bélico que ha provocado que la economía ucraniana se derrumbe más de un 30% en el mismo periodo.

Muchas empresas estadounidenses y europeas contratan a trabajadores de IT ucranianos debido a la buena reputación del país en esta área y a la competitividad de sus salarios. Sin embargo, las interrupciones constantes de suministro de electricidad han puesto a muchos de estos trabajadores contra las cuerdas. “Conozco varios casos individuales de compañeros que han visto como proyectos en los que trabajaban eran suspendidos. Esto sucede frecuentemente en los casos de subcontratación”, apunta Anatolii.

El desafío que afronta Ucrania va mucho más allá del sector. Los ataques rusos sistemáticos a la red eléctrica que comenzaron en octubre han dejado a 17 millones de ucranianos sin un suministro regular de electricidad. La administración central divide cada día en tres períodos codificados por colores: verde (electricidad garantizada), blanco (posibles cortes) y naranja (sin electricidad). La situación es todavía peor en las zonas rurales, algunas de las cuales han estado completamente a oscuras durante días o semanas. Cerca de un 40% de la red eléctrica ha resultado dañada, según las autoridades del país.

Como demuestra la creativa solución de los espacios de coworking, los ucranianos han aprendido a convivir con los apagones continuos. Sin embargo, la gravedad de la situación es imposible de subsanar únicamente con actos de resistencia individuales. “El impacto económico de no tener electricidad es inmenso. Es difícil para las empresas operar sin electricidad. Las personas pueden vivir en apartamentos fríos y obtener agua de pozos, pero no puedes operar empresas comerciales o fábricas”, explica en entrevista con El Confidencial Thomas Popik, presidente de la Foundation for Resilient Societies, una ONG estadounidense cuya misión es impulsar la resiliencia y la capacidad de recuperación de la infraestructura crítica.

En un artículo reciente publicado en la revista Foreign Affairs, Popik hace un llamado a la OTAN a destinar la misma atención a la ayuda a la red eléctrica ucraniana que al respaldo militar. “Los líderes de la OTAN están actualmente preocupados por el suministro de tanques M1 Abrams y Leopard 2, vehículos de combate Bradley, sistemas de misiles Patriot e incluso aviones F-16. Las armas avanzadas pueden ayudar a ganar la guerra, pero la falta de autotransformadores puede perderla”, sentencia.

Los gigantescos talones de Aquiles

Los mismos sacos de arena que durante los primeros meses de la guerra fueron usados para proteger de los bombardeos las estatuas, iglesias y demás patrimonio histórico de Ucrania hoy cubren por completo otras de las estructuras más valiosas del país: sus enormes autotransformadores.

Un transformador de alta tensión fabricado en España. (EFE)
Un transformador de alta tensión fabricado en España. (EFE)

Estas masivas máquinas tienen el tamaño de una casa pequeña, pesan cientos de toneladas y suponen la principal arteria de las subestaciones eléctricas. Sirven para regular de forma automática el voltaje y son imprescindibles para transformar la electricidad generada en centrales, como las nucleares, en la electricidad que utilizan los hogares, negocios e industrias ucranianos. Sin ellas, no importa cuánta energía pueda producir Ucrania, las luces continuarán apagadas.

Además de su tamaño, los transformadores deben colocarse en espacios abiertos que permitan la libre circulación de aire para evitar sobrecalentamientos. Estos dos factores los convierten en objetivos muy fáciles de alcanzar por una Rusia que se conoce al dedillo su localización, dado que la práctica totalidad de la red eléctrica ucraniana data de la era soviética. “Los rusos ayudaron a construirlos y conocen de sobra dónde están. Son un blanco perfecto. Atacar una planta nuclear es muy peligroso, pero si destruyes los transformadores, la electricidad que produce no puede llegar a la red”, indica Phuc-Vinh Nguyen, investigador del Instituto Jaques Delors en París especializado en energía, a El Confidencial.

De acuerdo con Ukrenergo, el único operador de las líneas de transmisión de alto voltaje del país, Ucrania necesita casi 60 de estas colosales máquinas para reemplazar las que han sido destruidas por misiles, bombas y drones rusos. Sin embargo, aunque los aliados occidentales han logrado enviar más de 1.000 pequeños y medianos transformadores a Kiev, los de gran tamaño, capaces de soportar el voltaje de las centrales nucleares del país, brillan por su ausencia. El principal motivo: la combinación de voltaje que usan los países europeos es diferente a la de la red ucraniana, que es compatible con el sistema ruso.

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Las líneas de transmisión de energía estándar de Ucrania son de 750 y 330 kilovoltios (kV). Desde la vecina Polonia y hasta la lejana España, mientras tanto, son de 400 y 220 kV. “Esos grandes transformadores son diseños de la URSS. Fueron construidos por científicos soviéticos y en Europa tenemos poco o ningún conocimiento sobre cómo podemos replicarlos”, reconoce Nguyen. La mayoría de las fábricas europeas, por lo tanto, no tienen la capacidad de manufacturar estas máquinas.

Y ese es solo uno de una larga lista de problemas. Como indican a El Confidencial fuentes de la industria, cada gran transformador se diseña para un uso concreto y a medida, por lo que no existe ningún stock de máquinas que puedan enviarse de forma urgente. En circunstancias normales, incluso para modelos más fáciles de producir, la lista de espera es cercana a un año debido a una persistente crisis en la cadena de suministro, la cual lleva más de una década estrangulando la alta demanda de estas máquinas.

Incluso si existieran modelos disponibles, su transporte representa un reto mayúsculo. Lituania ha logrado rescatar un transformador eléctrico construido en 1980 en Ucrania y prepararlo para su viaje de regreso a Kiev. Con un peso de 200 toneladas, tardó dos semanas en ser desmontado y drenado de aceite para luego ser transportado por una larga vía marítima hasta Rumanía y, desde ahí, trasladarlo por tierra al país en guerra, donde tendrá que volver a ser armado. Toda una odisea.

Una ventana de oportunidad

Estas dificultades, no obstante, no significan que los países de la OTAN solo puedan quedarse de brazos cruzados ante la crisis de la red eléctrica ucraniana. Popik considera que la UE, Estados Unidos y el resto de aliados de Ucrania deberían imponer una moratoria al desmantelamiento de grandes transformadores que han agotado su vida útil, dado que sus componentes reutilizables podrían ser remodelados para adaptarse aproximadamente a las combinaciones de frecuencia y voltaje de la red ucraniana. “Esto podría reducir el tiempo de entrega de los transformadores a meses en lugar de años”, asevera el experto.

Desde finales de diciembre, el ritmo de infraestructura eléctrica destruida por Rusia ha disminuido considerablemente y la red ucraniana se encuentra en un estado más estable. Esto, gracias a la mejora de las defensas antiaéreas del ejército ucraniano y al hecho de que los objetivos más fáciles de alcanzar ya han sido destruidos. "El adversario ha perdido en gran medida la capacidad de infligir daños significativos", dijo la semana pasada el CEO de Ukrenergo, Volodymyr Kudrytsky, en entrevista con Bloomberg, agregando, no obstante, que los próximos meses no serán fáciles y que los apagones continuarán.

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Esta etapa de relativo respiro, que coincidirá pronto con el inicio de la primavera, el aumento de las temperaturas y el consecuente descenso en el consumo de electricidad, supone “una ventana de oportunidad para que la Unión Europea actúe”, enfatiza Popik. “Para cuando lleguemos al próximo invierno, los autotransformadores en la red eléctrica de Ucrania deben ser reemplazados”, advierte.

Por otra parte, si el objetivo de Rusia a la hora de sumergir a Ucrania en la oscuridad y el frío era el de amedrentar a la población y aumentar la presión social sobre el Gobierno de Volodímir Zelenski, hasta ahora ha fracasado por completo. Los sondeos más recientes demuestran que más del 80% de los encuestados en Ucrania siguen respaldando la resistencia armada contra el invasor, el mismo número que antes del inicio de la campaña de bombardeos contra la infraestructura civil del país.

“A pesar de los desafíos y las dificultades, la moral está más alta que nunca”, asegura Anatolii desde su lugar de trabajo. No importa el daño a la red eléctrica que haya ocasionado Putin: los ucranianos siguen viendo la luz al final del túnel.


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