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No te fíes de Russell Crowe: así eran las verdaderas luchas de gladiadores Sunday, 26 February 2023


Aunque no era Russell Crowe precisamente el que parpadeaba ante el sol que le cegaba y se lanzaba a la arena sediento de sangre, el gladiador medio tenía mucha fama entre sus congéneres. De ellos nos han llegado historias como la de Espartaco, que pueden divertirnos un sábado de Semana Santa durante (literalmente) toda la tarde. Los gladiadores eran esos combatientes armados que apasionan a Hollywood como en su día entretenían y apasionaban a los ciudadanos romanos del Imperio.

Su origen es dudoso (algunos apuntan a una posible procedencia etrusca), y aunque algunos historiadores hablan de que ya existían durante las guerras púnicas (264-146 a. C.), lo cierto es que entretuvieron a Roma durante casi mil años (entre el siglo I a.C y el II d.C).

La mayoría eran esclavos que vivían juntos en barracas, también eran atletas altamente cualificados cuyo estilo de vida se controlaba al máximo para sacar partido de sus aptitudes físicas. Tenían multitud de admiradores (y especial popularidad entre las clases bajas) y, aunque nos han llegado historias un poco distorsionadas, rara vez morían en la arena.

La mayoría eran esclavos que vivían juntos en barracas, también eran atletas cualificados

Su declive fue un proceso complejo en el que el asentamiento del cristianismo y la crisis del propio imperio tuvieron mucho que ver, pero durante los años en que vivieron su apogeo, los gladiadores y sus luchas se convirtieron en un gran negocio para muchas personas: entrenadores, propietarios, políticos en ciernes o asentados en el poder. Cualquier aristócrata que fuera propietario de gladiadores contaba con un arma política a su disposición y ellos por su parte eran sometidos a rigurosos programas de entrenamiento bajo las órdenes de otros gladiadores ya retirados que les ayudaban a perfeccionar sus técnicas de combate.

Tenían además un estricto control sobre su alimentación y seguían una dieta especializada en granos y legumbres. Como el primer interesado en que su negocio fuera rentable era el propietario, se ocupaba de que su gladiador no muriera porque entrenarlos era muy caro. Y, de cualquier forma, acababan teniendo mejor alimentación (y salud) que los pobres.

No había mucha sangre, pero sí bastante espectáculo (y expectación). Lo de la sangre era difícil porque existían reglas estrictas que debían seguirse y un árbitro que controlaba el combate. Por ello, quizá, aunque la mayor parte de los gladiadores eran, como hemos señalado, esclavos, algunos romanos de alta cuna y libres sucumbieron ante el glamour que suponía este estilo de vida. Eso no significa que no pudieran morir en el combate ni mucho menos, pero no tanto como podríamos suponer.

Eran sometidos a rigurosos programas de entrenamiento bajo las órdenes de otros gladiadores ya retirados

Recibían, a pesar de ser en muchos casos esclavos, una cantidad por combatir y según menciona BBC, algunos grafitis descubiertos en Pompeya revelan que los luchadores exitosos se convertían en símbolos sexuales. El emperador Cómodo combatió quizá para ganar ese éxito codiciado, aunque desgraciadamente tuvo pocos admiradores (y, como es lógico, jamás perdió un combate).

¿Cómo era un día en la vida de un gladiador?

El espectáculo comenzaba por la mañana en el Circo Máximo. Ubicado en un valle entre el monte Aventino y el Palantino, actualmente es un parque público, pero en la Antigüedad fue el primer y más grande hipódromo de Roma, ideado para carreras de carros y otros eventos. Después, cuando se inauguró el Coliseo en el año 80 dc, pasaron a celebrarse ahí, donde cabían según los escritos la época hasta 50.000 espectadores. Por aquella época se crearon las escuelas de gladiadores (ludus gladiatorus) que se repartían por la capital y las provincias y alcanzaron gran fama.

La noche anterior al combate los gladiadores celebraban una cena en público, para que el pueblo pudiera ver de cerca a los héroes

Empezaban con una cacería donde se soltaban animales salvajes y, en ocasiones, algunos exóticos para que el público los pudiera ver por primera vez. Solía durar hasta el mediodía, y después comenzarían las luchas de gladiadores. En realidad, la gente se había enterado de los combates con días de antelación, pues se anunciaban por todo lo alto en las fachadas de las casas o los edificios públicos, así que a la víspera podían ir a coger sus entradas (gratuitas) a las puertas del anfiteatro. La noche anterior, los animales salvajes eran llevados al circo o el Coliseo mientras que los gladiadores celebraban una cena en público, para que el pueblo pudiera ver de cerca a los héroes que quizá la noche siguiente cenarían en el infierno.

Aunque, como decíamos, los combates no eran generalmente a muerte, sino que podía ser hasta que uno de los combatientes se rendía (o perdía su arma). Si declaraba su rendición debía indicarlo alzando el brazo izquierdo con el dedo índice extendido. Entonces la última palabra la tenía el editor, que era quien organizaba los juegos, y establecía el veredicto. De cualquier forma y contrariamente a la idea tan típica de Gladiator, el método de votar por la muerte con el pulgar hacia abajo no era una práctica muy común.

El método de votar por la muerte con el pulgar hacia abajo no era una práctica muy común

Y quizá te sorprenda, pero las mujeres también combatieron como gladiadoras. Algunas debían hacerlo junto a sus contrapartes masculinas o enfrentarse a enanos (se mencionan durante los reinados de Nerón, Domiciano o Trajano, aunque no fueron lo más habitual). Finalmente, en el año 200 d. C., Septimio Severo prohibió los combates de mujeres.

En la arena. (iStock)
En la arena. (iStock)

Además, no existió un solo tipo de gladiador, sino muchos, con distintas tácticas para la lucha y vestimentas adecuadas para ello. Los tracios llevaban una especie de espada curva. El secutor llevaba una espada y debía enfrentarse siempre al reciario, que llevaba un tridente y prácticamente no llevaba protección. El cestus luchaba con los puños y el equites luchaba a caballo, por poner algunos ejemplos. Aparte de que había un árbitro, se sabe poco sobre el combate en sí, más allá de que el que ganaba recibía una hoja de palma y un premio en efectivo. Por combates especialmente destacados se otorgaba una corona de laurel.

El que ganaba recibía una hoja de palma y un premio en efectivo

Quizá no decían Ave, Caesar, morituri te salutant (es una frase de Suetonio dicha en otro contexto), pero no por ello era menos cierto. Pese a que los combates no eran tan anárquicos y sangrientos como creíamos, tarde o temprano todos caían y pasaban a formar parte de la leyenda de esos luchadores fieros que entretenían al público, a los que sus compañeros despedían con algún epitafio que hoy se ha perdido en el tiempo. "Venció y mató a su rival, y también murió, como un héroe valiente".

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