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El dilema moldavo: acoger a refugiados en uno de los países más pobres de Europa Wednesday, 01 March 2023


Los inviernos en Moldavia son monótonos y duros. Las temperaturas pueden llegar a bajar los 10 grados bajo cero mientras los fuertes vientos en sus llanuras intensifican la sensación de frío. Es uno de los países más pobres de Europa, pero, para muchas personas, este rincón de la Europa oriental de poco más de 33.000 kilómetros cuadrados es una odisea de paz. Según ACNUR, desde que empezó la guerra en Ucrania el 24 de febrero de 2022, Moldavia ha recibido a más de 670.000 refugiadas, convirtiéndose en el país que más número de personas ha acogido en proporción a su población.

Muchas de las que llegaron a Moldavia se fueron a otros países, como Rumanía o Polonia. Algunas (406.655) incluso volvieron a Ucrania. Son 109.630 las personas refugiadas que siguen en Moldavia, y el número aumenta a medida que pasan los días.

Foto: Protesta contra el Gobierno moldavo en Chisináu. (EFE/Dumitru Doru)
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Natalia y Valeria Vasilenco, madre e hija respectivamente, son dos de esas más de 100.000 personas que siguen en el país vecino. Son ciudadanas moldavas, pero vivían en Odesa cuando empezó el conflicto. Desde que llegaron a Moldavia el 4 de marzo de 2022, viven en Palanca, un pequeño pueblo situado en la frontera con Ucrania. Ahora viven con Olga Vasilenco, moldava de 72 años y madre de Natalia. Antes de recibir a su hija y nieta, la anciana había acogido a tres familias ucranianas. "Las personas caminaban desde la frontera hasta nuestro pueblo y llegaban congeladas y agotadas", cuenta Olga. Entre ellas, vio a una madre con sus dos hijos. Se acercó y los invitó a quedarse en su casa. "En cuanto cruzaron la puerta, rompí a llorar".

Olga recibe una pensión de 450 euros al mes que apenas cubre sus necesidades. "Antes de la guerra podía comprar mucha más comida, jamón, leche… Ahora, casi nada". Los precios de los productos y servicios básicos en Moldavia han aumentado debido a la dependencia de las importaciones de Ucrania y Rusia para sus necesidades alimentarias y energéticas. Según el Banco Nacional de Moldavia, la inflación actual supera el 27%. En octubre de 2022, alcanzó un máximo histórico del 34,6%, la más alta de Europa y cuatro veces superior a la de octubre de 2021. Mientras tanto, el 13,3% de la población moldava vive por debajo de 5 euros al día, según datos del PNUD. El Banco Mundial cifra en 4.200 euros el ingreso nacional bruto (INB).

Olga Vasilenco, moldava de 72 años, vivía en Odesa durante la guerra y volvió a Moldavia después de la invasión. (Elisa Bernal)
Olga Vasilenco, moldava de 72 años, vivía en Odesa durante la guerra y volvió a Moldavia después de la invasión. (Elisa Bernal)

Según Acción contra el Hambre, el acceso a los alimentos se ve amenazado por el aumento de los precios y la inflación de los insumos y productos, lo que afecta directamente a los medios de subsistencia y a la estabilidad de los ingresos de la población. La organización humanitaria asegura que una caída en los ingresos traerá cada vez más una mayor inseguridad alimentaria y viceversa. Un estudio de Reach muestra que tanto la comunidad de acogida como la refugiada dependen de la asistencia de organismos gubernamentales e internacionales. Para muchos refugiados, su única fuente de ingresos proviene de la ayuda humanitaria.

Desde el inicio del conflicto, el Gobierno moldavo y organizaciones como Acnur, el Programa Mundial de los Alimentos iniciaron actividades de asistencia en efectivo para familias moldavas y refugiadas para paliar los efectos del conflicto. Según Orfan Shahada, coordinador de Seguridad Alimentaria de la oficina en Moldavia de Acción contra el Hambre, "la asistencia en efectivo está abordando diversas necesidades, ayudado a impulsar los mercados locales y a reducir las tensiones entre la comunidad de acogida y la refugiada. En Acción contra el Hambre, hemos apoyado económicamente a casi 2.000 familias moldavas y refugiadas, y a más de 100.000 con comida y productos de higiene. Cada vez recibimos más peticiones de apoyo".

Macsim, de cinco años y con parálisis cerebral infantil, vive en el pequeño pueblo de Volintiri, en el distrito de Stefan Voda. (Elisa Bernal)
Macsim, de cinco años y con parálisis cerebral infantil, vive en el pequeño pueblo de Volintiri, en el distrito de Stefan Voda. (Elisa Bernal)

María Celpan, moldava de 25 años, vive en el pequeño pueblo de Volintiri, en el distrito de Stefan Voda, con sus dos hijos: Macsim, de cinco años, y Anisea, de tres. Macsim tiene parálisis cerebral infantil desde que nació. El padre abandonó a la familia y María tiene que quedarse todo el día en casa para ayudar a su hijo a moverse, ir al baño o comer.

La madre recibe 240 euros del estado por la discapacidad de su hijo. La mayor parte de este dinero se gasta en necesidades de Macsim: pañales, alimentos y artículos de higiene. La joven de 25 años está tratando de ahorrar 20 euros cada mes en caso de que Macsim empeore o tenga una crisis repentina, pero los gastos en necesidades básicas, medicamentos para el niño y el gas lo hacen prácticamente imposible. María almacena leña y la utiliza para calentar la casa, una de las estrategias que, según el estudio de Reach, están utilizando muchas familias a causa del aumento de los precios y ante la preocupación creciente por las interrupciones de servicios básicos.

María Celpan, moldava de 25 años, vive en el pequeño pueblo de Volintiri, en el distrito de Stefan Voda. (Elisa Bernal)
María Celpan, moldava de 25 años, vive en el pequeño pueblo de Volintiri, en el distrito de Stefan Voda. (Elisa Bernal)

Las dificultades económicas están causando estrés y afectando a la salud mental de personas mayores y vulnerables. Muchas deciden irse. En 30 años, la población en Moldavia ha decrecido en 1,5 millones de personas. El mismo estudio muestra que gran parte de la población moldava decide migrar por el aumento de los precios derivado del conflicto en Ucrania

Es el caso de Anna Voronina, moldava de 31 años que vive en Chisináu con su marido. Mientras amamanta a Daria, a quien dio a luz hace tres semanas, Anna explica que han notado mucho "el impacto del conflicto. El dinero que gastamos en alimentos y energía ha aumentado al menos un 30%". Anna quiere salir del país: "Estoy muy preocupada por el futuro de Daria. Quiero irme de Moldavia. Simplemente, no sé cómo ni cuándo. Daria es mi motivación para hacer que esto suceda. Quiero ir a un lugar donde Daria tenga un futuro, donde esté en un ambiente seguro que fomente su crecimiento personal".

Erodina Titica, moldava de 25 años, fotografiada junto a su hija Anastasia, de año y medio. (Elisa Bernal)
Erodina Titica, moldava de 25 años, fotografiada junto a su hija Anastasia, de año y medio. (Elisa Bernal)

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