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Los Fabelman, la lección de madurez histórica y emocional de Spielberg Sunday, 12 February 2023


Después de meses de retraso respecto a su lanzamiento original, finalmente se estrena en España Los Fabelman, la nueva película de Steven Spielberg. El film narra, de forma apenas velada, un trasunto de la infancia y adolescencia del director norteamericano, justo en los años clave en los que Spielberg se enamora del cine y sus padres pasan por una crisis matrimonial. La película cuenta con siete nominaciones a los Oscars 2023, que se celebran el próximo 12 de marzo, entre ellas Mejor Película y Mejor Director. Justo en esta categoría resultó la candidatura ganadora en los últimos Globos de Oro.

En términos generales, la película consta de dos partes, marcadas por un hecho que crea un antes y un después en la narración, pero también en la vida del director. La primera, en torno a la perspectiva infantil de la familia, muestra un retrato cariñoso pero no idealizado de la niñez poco convencional de Spielberg. Hijo de uno de los pioneros de la computación y de una pianista frustrada, Steven Spielberg —en la película, Sam Fabelman— crece en los años 50 americanos en una familia judía ortodoxa como un niño ansioso con problemas de control.

Foto: Gabriel LaBelle es Sammy Fabelman, el ‘alter ego’ de Spielberg. (Universal)
‘Los Fabelman’: Spielberg rueda la gran película de su infancia, pero no le sale redonda

Poco a poco, en este ambiente entre lo artístico y lo técnico, entre lo excéntrico y lo tradicional, el pequeño descubre cómo el cine le permite cubrir sus carencias, satisfacer sus deseos y reunificar sus contradicciones. Es precisamente gracias al cine que, en la segunda mitad de la película, Sam Fabelman descubre un secreto familiar que supone su paso a la madurez y cambia la relación con sus padres para siempre.

Se muestra de esta forma, tras el fallecimiento en 2020 del padre del director, una versión de la historia familiar significativamente diferente a la del documental de HBO Spielberg, de 2017. En Los Fabelman, Spielberg hace justicia a la memoria de sus padres, su papel como hijo en la historia familiar y hasta su herencia judía. Así, la película completa la narración de su vida que el director ha contado durante casi 50 años de carrera cinematográfica, en una filmografía llena de temas tan cercanos a Los Fabelman como el divorcio, la infancia y la paternidad ausente.

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Llama la atención cómo la honestidad en la revisión de su historia familiar coincide con el tratamiento que le da a la sociedad estadounidense de su primera juventud: una nación blanca y ensimismada que, pese a haber participado en el bando aliado en la II Guerra Mundial, está carcomida por la sombra del antisemitismo. Esta perspectiva sobre el pasado reciente, que hasta bien poco estaba trufado de la nostalgia más edulcorada en las producciones audiovisuales, coincide con la arrojada al respecto en otras películas del pasado año. Los ejemplos más evidentes son Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson, y Armageddon time, de James Gray; ambas también de dos directores que destacan por contar parte de sus vidas e inquietudes personales a través de los temas principales de sus películas.

En todas ellas, la infancia y la juventud de los directores se ven retratadas con el vitalismo y la inocencia propias de la edad que relatan, pero cuentan con la madurez suficiente para señalar las evidentes faltas sociales del tiempo en que transcurren. Se cuentan así sin ambages problemas colectivos como el racismo, el clasismo, la homofobia, el machismo o el maltrato infantil sin los paños calientes que han caracterizado la mirada tras las crisis económicas. Esta tendencia puede verse incluso fuera del drama oscarizable y llega a películas de género como Black Phone de Scott Derrickson, también de 2022.

Por supuesto que estas películas están plagadas de paseos en bicicleta y travesuras infantiles, de jerséis de rayas y juego en las calles, como es natural, y todo esto se cuenta en ellas con extremo mimo y cariño por un ayer que se fue, pero en ningún momento se desea que regrese. Son un relicario de experiencias que se celebran recordar, pero no revivir. No hay rastro del tono aspiracional e idealizado de producciones anteriores como Strangers Things y la explotación de franquicias de ¡40 años!, o fenómenos de internet como Yo fui a la EGB. Cuando Steven Spielberg dirigió E.T. en 1982 no estaba hablando a los niños del pasado, gente de su edad, sino a los niños de su presente, de tú a tú y con un lenguaje y una emocionalidad que resuenan especialmente bien si no has llegado a la pubertad.

No hay rastro del tono aspiracional e idealizado de producciones anteriores como en la serie ‘Stranger Things’

Resulta significativo que parte de esa niñez haya envejecido sin procurar creer por el camino y, lo que era un cuento contemporáneo sobre el trauma del divorcio, se haya convertido en el manual de la nostalgia rentable, de la cual todo el mundo ha tratado lucrarse, incluido el propio Spielberg en su papel de productor en películas como Super 8. La ausencia de este sentimentalismo ganancial en Los Fabelman demuestra que, al contrario que algunos críticos han querido ver en los films de 2022, estas historias tienen el foco en lo personal sin perder de vista el marco social que las alberga o su repercusión en la actualidad —sin ir más lejos, los ecos del trumpismo en Armageddon time—, alejándolas del ombliguismo vacío o de la memoria festiva.

Revisitar las experiencias propias con la objetividad que solo da el tiempo, valorando lo malo y lo bueno con equidad, es una señal inequívoca de madurez a la que todos deberíamos llegar de forma individual y también colectiva. Que un arte, cada vez menos popular, pero aún significativo y relevante, como el cine apunte hacia esa dirección, en contraposición a la perezosa nostalgia que nos atenaza desde hace ya demasiados años, es un síntoma al que mirar con esperanza. Con frecuencia los artistas canalizan de manera intuitiva, y antes que intelectuales, políticos o movimientos sociales, los cambios de viento y el zeitgeist que se respira sin ser advertido aún. Esperemos participar todo de esta lectura reposada del pasado, del que alegrarnos pero también aprender, desde la madurez social que nos merecemos.

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