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Una carretera para explicar dos fracasos rusos: ruta por la autopista que hundió el Ejército de Putin Wednesday, 15 February 2023


Hace tiempo que el miedo dio paso al humor en Ucrania. Quizá por eso, a pesar de la renovada gran ofensiva rusa que ya se siente en algunos puntos del Donbás, hay un chiste de nuevo cuño entre las tropas ucranianas: “Parece que los rusos utilizan sus tanques para desminar Vuhledar”.

El reforzado empuje del Kremlin para embolsar la región de Donetsk araña metros poco a poco en zonas como Bajmut, donde la situación es agónica, según admiten las propias autoridades ucranianas. Pero en el extremo sur de la pinza táctica del Kremlin, en Vulhedar, la ofensiva se ha traducido de momento en artillería, drones, minas… y blindados rusos destruidos, una vez más.

Las escenas son caóticas: columnas de vehículos sin separación, sin apoyo de infantería y sin unidades de reconocimiento del terreno. Tanques girando sin control antes de explotar al pisar una mina, columnas enteras detenidas en campo abierto, sin cobertura de artillería, a merced de los explosivos de drones ucranianos. El resultado, dudas sobre la capacidad real de Moscú para lanzar ataques a gran escala y docenas de vehículos dañados y abandonados a la carrera. Unos errores estratégicos que recuerdan demasiado a fracasos previos del Kremlin, especialmente al del asalto frustrado de Kiev el pasado febrero.

Ihor lleva más de 300 días desplegado en la carretera, integrando un batallón de defensa territorial. Hasta el 24 de febrero, era electricista. (Fermín Torrano)
Ihor lleva más de 300 días desplegado en la carretera, integrando un batallón de defensa territorial. Hasta el 24 de febrero, era electricista. (Fermín Torrano)

“Cuando se escriba la historia de esta guerra, se guardará un capítulo para la M06”, escribía el corresponsal de Sky News, Stuart Ramsay, sobre la que es una de las vías principales de acceso a Kiev y frontera artificial donde los blindados rusos se estrellaron en su avance a principios de 2022.

Construida para conectar Ucrania con Europa, la M06 fue la segunda ruta utilizada por los rusos para cercar la capital desde el oeste. Primero intentaron la captura del aeropuerto de Hostomel, cuya pugna regaló horas de incalculable valor para fortificar Kiev, y los pueblos aledaños como Bucha, escenario de una de sus peores matanzas. En lo que parecía un avance imparable, llegaron y conquistaron también esta autopista, unos kilómetros más al sur. Sin embargo, la M06 acabó convirtiéndose en un infierno empantanado para el Ejército ruso. Tanques incapaces de avanzar ni de retroceder, acosados por problemas logísticos para reponer combustible y la época dorada de los drones Bayraktar y los Javelin ucranianos.

Hace casi un año de aquel avance desde Bielorrusia y las marcas todavía son visibles en un asfalto mimado con dinero europeo para la Eurocopa de 2012. Casas destruidas, trincheras y paredes agujereadas por el impacto de proyectiles se mezclan con controles militares que ya rara vez dan el alto, mensajes nacionalistas y carteles de Putin con bigote hitleriano.

Ramsay fue uno de los que tuvieron suerte en los primeros compases de la invasión. Junto con otros cuatro compañeros cruzó sin saberlo, a bordo de un vehículo, la línea enemiga. Los gritos de “¡Parad! ¡Periodistas! ¡Solo somos periodistas!”, no sirvieron de nada y el vehículo fue tiroteado. No importó que detuvieran el coche, que estuvieran identificados o que salieran corriendo hacia el arcén. Las balas le alcanzaron a él y al cámara Richie Mockler mientras escapaban. Ninguno fue herido de gravedad.

Simular una ejecución

Aquellas semanas entre el 26 de febrero y el 25 de marzo las recuerda bien Ihor Schur. Para él, todo empezó con un ¡pum! Su confianza en las leyes de la guerra no impidió que un tanque ruso disparara contra la fachada del hospital materno-infantil que gestiona. Rota la pared de ladrillos, la cuarta planta quedó destrozada.

“Teníamos 10 mujeres a punto de dar a luz, pero, por suerte, nadie se puso de parto y tampoco perdimos ningún bebé”. Dos días más tarde, evacuaron el centro y él fue el único de los 30 trabajadores y 20 pacientes que decidió quedarse.

Ihor Schur, mirando por la ventana del último piso del hospital. (Fermín Torrano)
Ihor Schur, mirando por la ventana del último piso del hospital. (Fermín Torrano)

Y aunque no lo dice, aquella decisión estuvo a punto de costarle la vida. Las tropas de la Z llegaron a las inmediaciones del hospital, tomaron el edificio y varios soldados desnudaron a Ihor en el patio. Arrodillado en la nieve, notó la boca de un fusil en la cabeza.

“No tuve miedo”, insiste Schur, detallando el momento en el que los rusos apretaron el gatillo cerca de su oreja. Una ejecución simulada que repetirían dos veces más en las tres semanas que utilizaron el inmueble, antes de prenderle fuego.

—¿También robaron el material médico?

—No —responde en una sala negra por la cicatriz de las llamas—. Tan solo disfrutaban disparando a las paredes.

La prueba más evidente es una larga lista de gasolineras, hoteles, supermercados, vehículos, puentes y viviendas destruidos en los últimos kilómetros de la vía E-40/M06 antes de llegar a Kiev. En el mismo kilómetro de carretera pueden encontrarse negocios recién abiertos y escombros de aquellos que, hasta hace un año, daban trabajo en la zona. Es el paisaje de una guerra que no terminará cuando se firme la paz.

Un año después, camino de la compra, los edificios abandonados recuerdan a los vecinos el calvario que pasaron. (Fermín Torrano)
Un año después, camino de la compra, los edificios abandonados recuerdan a los vecinos el calvario que pasaron. (Fermín Torrano)

Un material que ha servido a la Policía Nacional ucraniana para señalar a algunos de los culpables. Por ejemplo, los miembros de la 5ª Brigada de Tanques. Ellos fueron, según las pesquisas, los responsables del asesinato de 13 civiles desarmados que trataban de huir en sus vehículos. En toda la región de Kiev, los investigadores han encontrado 1.350 cadáveres más y siguen documentando cientos de historias de abusos sexuales y tortura.

Mataron a muchos jugando a la ruleta rusa con los tanques. Daba igual que fueran niños, mujeres u hombres. Los primeros siete días nos escondimos en el sótano de un taller, teníamos tanto miedo…”, recuerda Viktoria Kulyk en el interior de una farmacia reconstruida este verano.

Foto: Unos soldados sobre un tanque en Bakhmut. En el texto se lee "Por Nikopol" (Fermín Torrano)
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Valery, su hijo más pequeño, apenas tenía dos meses cuando Putin anunció la invasión. Ella tuvo miedo de no poder alimentarle y decidió arriesgarse y huir a casa de su hermana, 300 kilómetros al sur de Kiev.

Hoy, con los sonidos en la memoria y las imágenes en la galería del móvil, Viktoria sufre más por su hijo mayor, al que todavía le asustan las explosiones. Hasta hace poco, Daniel se despertaba llorando por las noches con el pijama y el colchón mojados. La realidad de una generación que no conoce otra cosa que la guerra.

—Le digo que sea valiente. Si vuelven, tenemos a nuestros hombres protegiéndonos.

—¿De verdad crees que podrían atacar de nuevo por el norte?

Nunca pensé que atacarían Kiev, lo lógico era Donetsk y Lugansk. Me quedé en shock. Ahora me espero cualquier cosa.

Posición ucraniana abandonada en un pueblo de los muchos que recorre esta vía en los 500 kilómetros que separan Kiev de Leópolis. (Fermín Torrano)
Posición ucraniana abandonada en un pueblo de los muchos que recorre esta vía en los 500 kilómetros que separan Kiev de Leópolis. (Fermín Torrano)

Sin tiempo para cambiar el cargador

Incrédulos se muestran estos días los propagandistas rusos con las imágenes filtradas de las últimas semanas en Vuhledar. “Les han disparado como a pavos en un campo de tiro”, escribía en Telegram el nacionalista Igor Girkin, sentenciado a prisión incondicional in absentia por su responsabilidad en el derribo del avión MH17, con 298 personas a bordo, en 2014. “Son unos completos imbéciles, no aprenden de sus propios errores”.

Pero el liderazgo deficiente tan solo es uno de los factores que explican el fiasco en el sur del Donbás. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), la falta de entrenamiento de las nuevas tropas tras la movilización parcial explicaría también las malas decisiones rusas en el terreno.

Porque la ofensiva aprieta en puntos relevantes como Kremina o Bajmut, disputando el terreno a unidades ucranianas cansadas. Sin embargo, no parece lograrlo por la mejora de su estrategia militar, sino por la cantidad de hombres que manda a morir con un fusil entre las manos.

“A veces no tenemos tiempo ni para cambiar el cargador”, confiesa Oleh, soldado ucraniano desplegado en el frente este.

Las cifras asustan. Tan solo en Vuhledar, Moscú podría haber perdido una brigada de élite entera de hasta 5.000 hombres, asegura Oleksiy Dmytrashkivskyi, jefe del centro de prensa unido del distrito de Tavriskiy (provincia de Zaporiyia), en una entrevista en Politico.

Curiosamente, se trataría de la 155ª Brigada de Infantería de Marina rusa, la misma unidad repuesta con nuevos reclutas después de una derrota en las inmediaciones de Donetsk y que ya había tenido que ser renovada tras la capitulación de Bucha e Irpin, la vía paralela a la autopista M06.

Un año después de aquel primer asalto, las imágenes muestran que el tiempo no es siempre suficiente para aprender lo que la guerra pretende enseñar.

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