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¿A qué juega Francia? Así metió Macron a la defensa europea en un callejón sin salida Thursday, 16 February 2023


Hace poco más de un año, el presidente Emmanuel Macron protagonizaba con Vladímir Putin uno de los memes más delirantes de la geopolítica: la supermesa. Apenas faltaban un par de semanas para que comenzara la invasión y el líder francés —un poco ingenuamente, visto en perspectiva— todavía creía que era posible apaciguar al exagente de la KGB. Viajó a Moscú buscando una “solución histórica” para evitar la guerra y se fue con una chufla épica en las costillas. Su conversación de cinco horas con Putin, separados por seis metros de madera de haya lacada en blanco, acabó en nada. “Los próximos días serán decisivos para una desescalada”, afirmó Macron al salir. Y ya sabemos lo que pasó.

En ese momento, el empeño de París por lograr evitar el conflicto fue aplaudido internacionalmente. Había un escepticismo generalizado, empezando por los propios ucranianos, ante los insistentes avisos de Washington de que la guerra era inminente. Macron entró en escena buscando los dividendos de varios años cultivando relaciones diplomáticas con los rusos —precisamente para evitar este escenario—. El presidente galo venía de diagnosticar a la OTAN con "muerte cerebral" en 2019, mientras impulsaba la idea de una autonomía estratégica europea, con unas potenciales Fuerzas Armadas de la Unión, como alternativa al eje atlantista. Pero comenzó el conflicto. A punto de cumplirse un año del conflicto, el papel de París ha sido, por momentos, ambiguo, mientras su liderazgo se ha ido desdibujando con el paso de los meses. Muchos se preguntan, ¿a qué está jugando Macron?

Ese intento de apaciguamiento fue visto como naíf por los halcones atlantistas, que señalaban el error de cálculo del francés al dejarse engatusar por Putin y su mesa gigante. Pero la cosa fue a más cuando Macron continuó conversando con el Kremlin incluso después de que reventara las fronteras ucranianas con una ocupación a gran escala. Hasta en 13 ocasiones, según datos públicos del Elíseo, pero puede que más. Unos contactos que solo han puesto de relevancia su nula influencia política sobre Putin. De hecho, en más de una ocasión, estas conversaciones fueron utilizadas para meter cizaña entre los aliados, como cuando Moscú aseguró que el presidente francés hizo una “petición personal” para organizar corredores humanitarios para civiles ucranianos… con destino Rusia. “Esto no es serio”, respondería Macron horas después. “Es de un cinismo moral y político que me resulta insoportable”, agregó.

Foto: Batallón francés de la OTAN, en Rumanía. (Reuters/George Calin)
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Pero lo que más ha indignado a los aliados más combativos en el este y norte de Europa —es decir, los que tienen al enemigo literalmente a sus puertas— han sido algunos de los erráticos comentarios de Macron sobre el futuro de la guerra y su confianza en la victoria ucraniana. En junio, el mandatario aseguró que Occidente “no debería humillar a Rusia” porque había que mantener una vía diplomática abierta llegado el momento. Esto ubicaba a París al mismo nivel timorato de Berlín y en conflicto con la teoría de Polonia, los bálticos y los nórdicos de que solo una contundente y definitiva derrota de Putin puede asegurar la seguridad en el flanco oriental de la OTAN.

“Pedir que se evite humillar a Rusia solo puede humillar a Francia y a cualquier país que defienda esto. Porque es Rusia la que se humilla a sí misma”, respondió en ese momento el ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba. “Mejor nos centramos todos en cómo poner a Rusia en su sitio. Eso es lo que traerá paz y salvará vidas”, agregó.

Foto: Un hombre camina frente a un edificio destruido en Mariúpol, en diciembre de 2022. (EFE/Sergei Ilnitsky)
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El más reciente de estos malabarismos retóricos fue en diciembre, durante una visita a Estados Unidos, cuando Macron aseguró en una entrevista que los “temores de Rusia de tener a la OTAN justo a sus puertas” deberían ser tenidos en cuenta mediante “garantías de seguridad para Moscú el día que decida regresar a la mesa de negociaciones”. Las declaraciones desataron un pandemonio de críticas por unos comentarios "peligrosos e irresponsables" que legitiman las narrativas del Kremlin para lanzar una invasión ilegal y unilateral de un país vecino. La expansión de la OTAN a Europa del Este es un clásico entre los apologistas de Putin en Occidente, quienes, de algún extraño modo, justifican la sangría ucraniana como una respuesta rusa a la creciente presencia aliada en el vecindario, y no como el resultado de las fantasías imperiales del líder ruso.

“Durante años, el Kremlin ha explotado cínicamente el imaginario de amenazas de seguridad para justificar sus propias agresiones internacionales. Con sus comentarios, el presidente francés se arriesga a dar por buenas estas falsas preocupaciones. Es Ucrania, y no Rusia, quien necesita desesperadamente garantías de seguridad. Hacerse eco de la desinformación deliberada del Kremlin tan solo sirve para envalentonar a Rusia y prolongar la guerra”, considera Peter Dickinson, editor del servicio UkraineAlert, del grupo de análisis The Atlantic Council.

El peligro de caer en la irrelevancia

En paralelo, Macron ha tratado de mostrarse como un aliado sólido para Kiev, recogiendo fondos para la reconstrucción del país y prometiendo una significativa ayuda militar, siendo uno de los primeros países en ofrecer blindados para el frente ucraniano. Sin embargo, esto tampoco está del todo claro.