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Un milagro bélico: cómo la economía de guerra ‘salvó’ las finanzas de Rusia Sunday, 19 February 2023


A finales de enero, la publicación del informe anual de previsiones del Fondo Monetario Internacional para 2023 incluía un dato que causó sorpresa en muchos lugares: la institución preveía que la economía de Rusia, en lugar de seguir contrayéndose, crecería un 0,3% en 2023, por encima de países como Alemania o Gran Bretaña. Esto superaba incluso las mejores previsiones del propio Ministerio de Desarrollo Económico o el Banco Central de Rusia, que auguraban una contracción de entre el 0,8 y el 4% para este año. Entre los economistas rusos más reputados, la cifra generalizada era de una caída de alrededor del 1,5%. La estimación del FMI, además, mejora radicalmente las que había hecho en octubre, cuando este mismo organismo preveía una contracción de un 2,3.

¿Cómo es posible que el propio FMI haya cambiado tan rápida y radicalmente sus previsiones en apenas un trimestre? La realidad es que en la guerra de Ucrania, el frente económico viene siendo muchísimo más volátil y cambiante que el bélico, y tanto Rusia como los países que le han impuesto sanciones van improvisando y adaptándose sobre la marcha. Se han activado verdaderos experimentos, como los topes a los precios de los hidrocarburos —el último, hace una semana, al diésel ruso— o las sanciones contra el transporte marítimo de crudo ruso, sin que se supiera realmente qué tal iban a funcionar. Y por cada medida, Moscú ha ensayado contramedidas de diversa eficacia. En resumen, una situación líquida que no parece que vaya a aquietarse a corto plazo.

Foto: Ataque en un centro de almacenamiento de grano. (Reuters/Dmytro Smolienko)
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Los economistas del FMI explican estos datos por la estabilidad de las exportaciones de petróleo ruso. "Al nivel del actual tope de precio al petróleo, no se espera que los volúmenes de exportación de crudo ruso se vayan a ver afectados significativamente, mientras que el comercio ruso sigue siendo redirigido desde países sancionadores hacia otros no sancionadores", dice el informe. Los analistas del Banco Central de Rusia añaden cinco razones: la estabilidad del sistema bancario ruso, el crecimiento de los precios que ha permitido compensar la caída en las exportaciones, la rápida redirección de las exportaciones hacia Asia, una reestructuración de las cadenas logísticas para los negocios basados en las importaciones, y el apoyo gubernamental.

Existen dudas sobre la solidez de esta previsión. Muchos economistas extranjeros creen que los datos aportados por el gobierno ruso no son fiables porque las autoridades rusas estarían publicando solo aquellas estadísticas que les son favorables e ignorando aquellas que no lo son tanto. Pero eso no significa que el FMI se haya basado en esta panorámica incompleta. Todos los testimonios de corresponsales sobre el terreno apuntan a que, como mínimo en las grandes ciudades rusas, no solo no se ha producido un desabastecimiento, sino que las tiendas de lujo siguen ofreciendo el mismo tipo de productos que antes, solo que quizá algo más caros. A todas luces, los augurios sobre el colapso de la economía rusa ante la oleada de sanciones inmediatas más masiva de la historia no se han materializado.

Foto: Un petrolero de crudo navega en Estambul. (Reuters/Yoruk Isik)
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La industria mira a la guerra… y las empresas se quedan

Entre otras cosas, porque algunas de esas medidas han sido más ruido que sustancia. Por ejemplo, la famosa salida de empresas occidentales de Rusia solo se ha materializado en unos pocos casos. Según un estudio publicado en diciembre por los economistas Simon J. Evenett y Niccolò Pisani, apenas lo han hecho un 8,5% de las firmas de los países de la UE o el G7 y sus subsidiarias. "Incluso cuando una empresa occidental ha decidido marcharse y se ha comprometido públicamente a hacerlo, puede finalmente no llegar a hacerlo. Por ejemplo, podría no encontrar un comprador para su filial que esté preparado para pagar un precio lo suficientemente elevado. E incluso cuando se encuentra un comprador y se acuerda un precio, el gobierno ruso puede colocar obstáculos que impiden o retrasan la venta, o en último término impedir la transferencia de los ingresos en el extranjero. Por todas estas razones podemos observar cómo empresas occidentales no están liquidando sus activos en la economía de Rusia", señalan los autores.

En una reciente columna de opinión, la editora del Financial Times, Anne-Sylvaine Chassany, reflexionaba sobre esta situación a propósito de sus conversaciones con varios altos cargos de grandes empresas internacionales durante el Foro de Davos. Algunos ejecutivos, decía Chassany, planteaban la cuestión en términos morales. "Dicen: ¿Qué es peor seguir pagando impuestos en Rusia o dejar atrás miles de millones de dólares que acabarán financiando el esfuerzo de guerra?", escribió. El ejemplo utilizado por muchos es el del banco francés Société Générale, que perdió 3.100 millones de euros el pasado abril al deshacerse de Rosbank, vendiéndoselo al oligarca Vladímir Potanin, cercano a Putin.

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Pero sobre todo, uno de los principales motivos por los que la economía rusa no solo se mantiene a flote, sino que también crece es la reorientación de la industria hacia la producción de material de guerra. Sectores enteros del país que dependían de las importaciones del exterior, como el automovilístico, se han ido a pique. No obstante, muchas de estas factorías están ahora enfocadas a la fabricación de productos militares, lo que en gran medida ha impedido que se produzcan grandes oleadas de despidos, que habrían generado una inestabilidad interna que es una de las principales preocupaciones del Kremlin.

Y eso ayuda a explicar la imagen macroeconómica general. "Tenemos que entender que cuando uno no produce mantequilla, sino armas, el PIB puede crecer, y definitivamente ese fue el efecto en la segunda mitad de 2022", explicó Sergey Aleksashenko, antiguo responsable del Banco Central ruso y ex viceministro de finanzas, el mes pasado en un pódcast del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. El FMI también ha señalado en su informe que el elevado gasto gubernamental en el ejército y la invasión han ayudado a mantener un alto grado de actividad económica.

Desde su publicación, los datos del FMI han venido siendo explotados por las autoridades rusas, que siguen promoviendo la idea de la supuesta indestructibilidad de la economía rusa. Por lo tanto, las sanciones, razonan, son fútiles y solo perjudican a quienes las imponen, de modo que lo más sensato para los países occidentales sería levantarlas cuanto antes. Pero si uno mira la panorámica completa, la imagen es bastante más matizada.

Un déficit que erosiona el mensaje de Moscú

Los sucesivos topes al precio de los hidrocarburos, contra lo que auguraban algunos, han funcionado tal y como esperaban sus promotores. La pérdida de los mercados occidentales ha llevado a Rusia a derivar sus exportaciones hacia los mercados asiáticos, sí, pero estos países no tienen ningún interés en pagar a precios por encima de los de mercado. En consecuencia, pese a que el volumen de exportaciones sigue siendo elevado, los ingresos rusos por estas se han reducido considerablemente.

Esto ya se ha comido todas las reservas durante la pasada primavera, cuando las materias primas energéticas alcanzaron precios récord, y sigue generando déficit: según el ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, en 2022 este fue de 3,3 billones de rublos (47.000 millones de dólares), lo que supone no solo un 2,3% del PIB, sino también un contraste enorme con los 6.700 millones de dólares de superávit logrados en 2021. El desequilibrio se debe sobre todo a ese mismo gasto militar disparado que impulsa las cifras macroeconómicas: está previsto que el presupuesto militar crezca este año unos 5 billones de rublos (unos 71.000 millones de dólares), y que se asigne un incremento similar para los organismos policiales y de seguridad interna de Rusia, un signo inequívoco de que el Kremlin no las tiene todas consigo.

Foto: Cisternas frente a una refinería de petróleo en Moscú. (EFE/Maxim Shipenkov)
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El rublo, además, ha perdido un 30% de su valor desde octubre. Y las sanciones a las importaciones sí están teniendo un efecto, tal vez no tan rápido como desearían en Kiev, pero que se irá incrementando a medida que pase el tiempo. Algo que señala incluso el propio Fondo Monetario Internacional. "La economía rusa es bastante dependiente de bienes procedentes de países occidentales. A medida que pase el tiempo, esperamos que el impacto de las sanciones sea realmente mayor", declaró Petya Koeva Brooks, subdirector del Departamento de Investigación del FMI, a Euronews en una entrevista tras la presentación del informe anual. "Si miras a medio plazo, si miramos a 2027, el nivel de producción que proyectamos para la economía rusa es significativamente menor de lo que era antes de la guerra. Se espera que la guerra tenga un impacto bastante considerable y permanente en la economía rusa", afirmó este experto.

A esto hay que añadirle, además, la erosión económica derivada de la fuga de cerebros, así como del desastre demográfico que está suponiendo la muerte de decenas de miles —algunas fuentes hablan de más de 200.000— de ciudadanos rusos en el frente, cuyos costes son, estos sí, imposibles de calcular. Unas pérdidas que seguirán aumentando cuanto más se prolongue la invasión. Sea cual sea la métrica desde la que se mire, la guerra está resultando un mal negocio para Rusia.

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