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Natos y Waor: dos ‘quinquis’ de Aluche incendian el Barrio de Salamanca Sunday, 19 February 2023


"Queda claro quiénes son los reyes del underground, ¿no?", decía Natos a medio concierto, cuando la cosa estaba ya más que sentenciada.

Un rato antes, a media hora de las nueve de la noche, el ambiente en la plaza Felipe II pronosticaba una jornada grande: los puestecitos de venta de latas frente al Wizink Center de Madrid hacían su agosto mientras los chavales, con monedas contadas en las manos, tomaban las calles aledañas en busca de algún estanco o máquina de tabaco.

El ambiente era heterogéneo: chicos jóvenes con estilo rap clásico, chavales a lo ‘traketero’, chicas a lo ‘raxeta’...

Por las bocas de metro de Goya y O’Donnell, en pleno corazón de la Milla de Oro de Madrid, salían decenas de miles de personas embutidas en camisetas negras con calaveras serigrafiadas: los Hijos de la Ruina venían a tomar el Barrio de Salamanca.

En general, el ambiente era heterogéneo: chicos jóvenes con estilo rap clásico, portando pantalones anchos y sudaderas viejas; chavales a lo traketero con las cadenas de oro, quién sabe si falsas, resbalando por sus cuellos; chicas a lo raxeta, camiseta por encima de los ombligos y pantalones desgastados mediante; padres con camisas de rayas acompañando a adolescentes a quién sabe si su primer concierto. Y es que, si algo se puede decir de Natos y Waor es que han creado una subcultura propia que atraviesa las identidades de todas las tribus urbanas.

Aunque hace trece años, hablamos de 2010, que Gonzalo Cidre (Buenos Aires, 28 años) y Fernando Hisado (Madrid, 32) aparecieron en esto de la música, los dos raperos que forman Natos y Waor siguen como el primer día.

Entre ellos se fue generando una especie de admiración mutua despertada por las magnéticas personalidades de ambos

Estos dos chicos, hijos del cadáver de la crisis económica y la desesperanza por un futuro estable después de que la burbuja del ladrillo estallara, ahora pueden decir que llenan los recintos más grandes de España, sin embargo, no todos los días han sido de vino y rosas.

Tras conocerse, según ellos mismos cuentan, batallando en una convocatoria de freestyle (esto es lo de insultarse rapeando, sí), se hicieron colegas y empezaron a pasarse letras y bases de rap que, en la intimidad más absoluta, habían ido coleccionando durante su adolescencia.

Inmediatamente, entre ellos se fue generando una especie de admiración mutua despertada por las magnéticas personalidades de ambos: Natos, rollo bohemio y artista, como de genio loco; Waor, tipo introvertido con una capacidad de trabajo brutal a la hora de hacer rap. Así que montaron un grupo, a ver qué pasaba.

Natos y Waor durante su actuación en el Wizink Center. (Ricardo Rubio/Europa Press)
Natos y Waor durante su actuación en el Wizink Center. (Ricardo Rubio/Europa Press)

Con los medios más limitados imaginables, estos dos artistas grabaron su primera maqueta en 2011, la cual llamaron Por la Jeta. La maqueta, que tiene letras con una fuerte carga social y sentimental, empezó a moverse por el circuito más underground del rap madrileño, esto es, por las plataformas de descargas de la época, los foros de rap y las manos de las casas okupas de la capital.

El dueto empezó a sonar, a hacerse famoso, por tener un sonido tan crudo como renovado. Sin dejar el característico bombo-caja del viejo rap patrio, estos dos chicos destacaban por empezar a meter sonidos con influencias techno en sus canciones.

En 2012, tras terminar de grabarlo en un centro social okupado, los dos madrileños sacaron Catarsis, LP que hizo que su fama pegara un gran subidón y empezara a desatarse una locura de boca a boca como nunca antes se había visto. Ya en esta época, quizá pronosticando lo que pasaría nueve años después, Natos y Waor organizaban conciertos en casas okupas de la capital que se llenaban. Sin embargo, esto no había hecho más que empezar.

Con un videoclip modesto y grabado en formato puro, empezaron a publicar en Youtube canciones viscerales con letras agudas

Tras ser fichados en 2013 por Taste The Floor, una visionaria agencia de management que vio en ellos un potencial increíble, los artistas iniciarían en 2014 un formato de canción que se convertiría en uno de los mayores éxitos de la música patria: las Barras Bravas.

Con un videoclip modesto y grabado en formato puro, empezaron a publicar en Youtube canciones viscerales con letras agudas y punzantes que empezarían a correr como la pólvora, viralizándose entre todos los actores de la escena musical. Este formato, que dio himnos para toda una generación – escuche el lector Miedo y Asco –, hizo que los madrileños empezaran a catapultarse hacia arriba.

Tras estas canciones, llegaría Caja Negra, disco que los harían recorrer sus primeras ciudades; Martes 13, que los convertiría en el grupo de rap más reconocido de España; y Cicatrices, álbum mucho más currado técnicamente que los coronaría en un histórico concierto en la sala Vistalegre, en Carabanchel. Ahora, ha llegado Luna Llena, el álbum que los ha convertido, sin ningún ápice de duda, en los raperos más éxitos (e influyentes, quizá) de la historia de la música española. El que los ha llevado al Wizink, vaya.

Foto: Natos y Waor en el concierto. (EFE/Marta Pérez)
La foto del debate: ¿hubo infracción en el concierto de Natos y Waor en Valladolid?

Natos y Waor han conseguido crear una conexión emocional con sus oyentes, rompiendo la barrera del que solo escucha rap para colarse en los altavoces de punkis, roqueros y fans del techno.

Gracias a sus letras, cargadas de pesimismo fruto de la crisis económica y de historias de sexo, amor y drogas, han ido creciendo de lo local, de su barrio de Madrid, a los Spotify de toda una generación, la millenial, que ha entendido que eso que cuentan de Aluche podría pasar en cualquier otra ciudad. Cabe destacar también el grupo que tienen con el rapero de Carabanchel Recycled J, Hijos de la Ruina, un trío musical que ha sacado algunas de las canciones más reconocidas de los últimos años, como Más alcohol o Sudores fríos.

Ahora, con el final de febrero del 2023 acercándose, ven el trabajo bien hecho al iniciar en el Wizink Center una gira por los recintos más grandes de las principales ciudades de España, como el Palau Sant Jordi de Barcelona, el Cartuja Center de Sevilla (todo vendido) o la Plaza de Toros de Valencia.

Con un genial espectáculo de luces, el concierto se va desarrollando con grandes invitados

Y es que hay cada vez más grupos que vienen del underground más bajo, ese de casa okupa y menudeo en el barrio, que están cruzando barreras que antes solo podían traspasar artistas con grandes infraestructuras discográficas detrás (Natos y Waor es un grupo sin sello que se autopublica y autodistribuye). Ahora, no solo chicos como estos tienen la capacidad de llenar recintos gigantescos, sino que son directamente artistas así los que realmente consiguen hacer grandes números, en comparación con viejos tótems de la industria que empiezan a desgastarse.

A las nueve en punto, el concierto empieza con Rumba, canción de su último disco. El Wizink está petado, no cabe ni una sola persona. La pista, de todos los chavales que fuman clandestinamente (ya se sabe que la ley antitabaco no termina de funcionar en los conciertos multitudinarios), parece una barbacoa con los carbones calentitos.

Con un genial espectáculo de luces, el concierto se va desarrollando con grandes invitados (como el legendario Kutxi Romero, vocalista de Marea, quien sube a cantar una colaboración que tiene en Luna Llena) y alguna que otra vomitona fruto del alcohol.

El dueto de Aluche hace que los cimientos de toda la Milla de Oro vibren cuando cierran con la canción ‘Cocaína’

Finalmente, tras unas emotivas palabras de agradecimiento al público (se aprecia en las caras de los artistas señas genuinas de no terminar de creérselo), empieza la recta final del concierto, en la que tocan temas melódicos como Cicatrices o Bicho raro, que son replicados a coro por los 15.000 hijos de la ruina que llenan el viejo Palacio de los Deportes.

A modo de remate, el dueto de Aluche hace que los cimientos de toda la Milla de Oro vibren cuando cierran con Cocaína, canción con influencias techno que pone a punto el Wizink Center para despegar en cualquier momento.

Efectivamente, queda claro quiénes son los reyes del underground.

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