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La ecuación imposible de China o por qué no logra volver a seducir a Europa Sunday, 26 February 2023


China está en una clara ofensiva que tiene como objetivo volver a acercarse a Europa. A partir de 2020, el impacto inicial del coronavirus y la política de cierre total que aplicó Pekín desde entonces hasta hace poco llevaron al gigante asiático a un ensimismamiento durante el que Europa y Estados Unidos se han acercado mucho. Fue el fin de la era de Donald Trump, el reseteo de las relaciones transatlánticas con Joe Biden y, finalmente, el inicio de la guerra en Ucrania tras la invasión rusa que ha hecho que los Veintisiete y Estados Unidos se acerquen mucho más y que la OTAN vuelva a ganar peso entre los aliados. Mientras todas las piezas en el tablero se movían a un ritmo vertiginoso, China se mantenía aislada en una esquina.

Ahora Pekín ha descubierto, alarmada, que en sus dos años de hibernación la UE y Estados Unidos han acercado mucho sus posiciones, y no hay dudas de que China está intentando volver a construir los puentes que se han volado al descuidar las relaciones, al contar con una diplomacia demasiado agresiva en los últimos años y al no haber sabido aprovechar realmente el periodo de enfriamiento entre EEUU y Europa. Pekín está abierta para que los líderes europeos pasen para reunirse con Xi Jinping, presidente chino, y ya lo han hecho Olaf Scholz, canciller alemán, y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. En el futuro cercano serán Emmanuel Macron, presidente francés, y Giorgia Meloni, primera ministra italiana.

Foto: Vladímir Putin y Xi Jinping en Pekín el 4 de febrero de 2022. (Reuters/Sputnik/Aleksey Druzhinin)
China presenta un plan de paz para Ucrania con un cese al fuego y el fin de sanciones a Rusia

Al mismo tiempo, el gigante asiático ha vuelto a enviar un embajador ante la Unión Europea con la clara misión de intentar reparar puentes y, por encima de todo, alejar a los Veintisiete de la postura americana cada vez más enfrentada a Pekín en la cuestión de la independencia de Taiwán, que China considera que forma parte de su territorio. El Gobierno chino ve con preocupación la aparición de nuevos halcones en política exterior que siguen la línea americana más dura en este punto, como por ejemplo ha sido el caso de Petr Pavel, un exmilitar y alto cargo de la OTAN recientemente elegido presidente de República Checa. Una de las primeras decisiones que tomó Pavel fue hablar por teléfono con Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán.

Pero esta ofensiva china choca con las actuales prioridades europeas. Noah Barkin, experto en las relaciones entre la Unión Europea y China, escribía esta semana en un post para el programa asiático de German Marshall Fund, que la participación de China en la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada el pasado fin de semana, era una demostración de que Pekín está perdiendo el contacto con la realidad de Europa al mismo tiempo que se esfuerza por volver a cortejarla.

Wang Yi, máximo representante diplomático de China, participó en la Conferencia y sus discursos se centraron en una idea: atacar a Estados Unidos en una Conferencia que había pasado horas elogiando la gran unidad transatlántica. Habló de que algunas fuerzas, es decir, Estados Unidos, querían que la guerra se prolongara, y su ministerio está reforzando la maquinaria de propaganda contra Washington en un momento en el que los socios transatlánticos están más unidos que nunca en décadas. Los discursos de Wang Yi estaban sencillamente en fuera de juego. La audiencia, el contexto y el formato no eran los adecuados para lo que China estaba intentando en Múnich.

Wang Yi durante su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich. (EFE)
Wang Yi durante su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich. (EFE)

La ecuación imposible

Para Barkin, China está intentando lograr una victoria en tres dimensiones y no la puede conseguir en todas al mismo tiempo. Por un lado, está claro que Pekín quiere volver a seducir a Europa, alejarla de la línea dura de Estados Unidos en lo referente tanto a Taiwán como a la reducción de dependencias en cuestiones tecnológicas como los chips, prioridades para Washington que intenta que sus socios adopten como propias.

Por otro lado, China mantiene una política agresiva hacia EEUU, utilizando propaganda contra la Casa Blanca y manteniendo los niveles de tensión altos. Y, por último, Pekín se mantiene muy cerca de la Rusia de Vladímir Putin. De hecho, Washington está alertando de que China podría prepararse para armar a Moscú en su guerra contra Ucrania, algo que sería una línea roja para los socios occidentales.

Conseguir los tres objetivos al mismo tiempo no es posible. China tiene que renunciar a apoyar a Rusia, al menos de una forma muy explícita, si quiere mantener los otros dos puntos de su ecuación en pie. Puede mantener esa campaña de ataque a Estados Unidos, al menos por el momento, siempre y cuando no se vuelque con Moscú. Y para eso debe tener claras sus prioridades.

Foto: Reunión telemática entre  Vladímir Putin y Xi Jinping. (EFE/Mikhael Klimentyev)
Putin invita a Xi a visitar Rusia y afirma que las relaciones con China son las "mejores de la historia"

Si para Pekín es primordial recuperar parte del terreno perdido en Europa, tendrá que afinar sus ataques a Estados Unidos, para que no se basen en simple propaganda o en un ataque directo hacia Washington. China tendrá que hilar más fino. En Europa hay muchos actores preocupados con la creciente tensión entre los dos gigantes e incluso algunos que creen que EEUU está yendo demasiado lejos con Taiwán. Si el Gobierno chino sabe jugar bien sus cartas, puede alejar a Europa de sus aliados transatlánticos, al menos en algunos asuntos.

Por el momento no lo está consiguiendo porque está usando la brocha gorda con Estados Unidos y porque, como Rusia en febrero de 2022, menosprecia hasta qué punto Europa está implicada en estos momentos en los esfuerzos de Ucrania por mantener su independencia. Como apunta Barkin, si China cruza la línea de apoyar directamente a Moscú en el conflicto, Pekín habrá perdido la posibilidad de recuperar el terreno que ha perdido desde 2020, el bienio de su ensimismamiento.

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