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2.200 millones que harán temblar a Putin: las bombas planeadoras llegan a Ucrania Sunday, 05 February 2023

Estados Unidos está a punto de mandar un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania, y no uno cualquiera. Esta vez, Washington está preparando algo más de 2.000 millones de dólares en armamento, donde ese incluirían bombas planeadoras con un alcance de más de 150 km, según ha adelantado la agencia Reuters. Es un respaldo nada desdeñable. Con este nuevo soporte, el brazo de Volodímir Zelenski se hará más alargado, permitiéndole golpear más lejos. En definitiva, una nueva munición que implica cambios más importantes de lo que parece.

La ayuda norteamericana al esfuerzo bélico de Ucrania ya ha tomado unas proporciones enormes. Desde el inicio de la guerra, los diferentes paquetes alcanzan unas cifra que ya superan los más de 18.300 millones de dólares; es decir, un 150% más de lo que España dedicó el último año a Defensa. Pero, cuestiones económicas aparte, la clave está en que ese dinero se materializa en una cantidad ingente de armas entregadas o comprometidas.

Un ‘escuadrón’ de F-16 contra Rusia: el as en la manga de Ucrania que nadie esperaba

El listado incluye 38 lanzadores M142 HIMARS, ocho baterías antiaéreas NASAMS, una batería de misiles Patriot, 31 carros de combate M1 Abrams, 109 blindados de infantería Bradley, 300 transportes APC M113, 90 blindados de ruedas Stryker, 160 piezas M777 de 155 mm, más de 8.500 misiles Javelin, 2.590 misiles TOW y más de 1.600 antiaéreos de corto alcance Stinger. Eso sin contar los misiles HARM, bombas JDAM o las inmensas cantidades de munición, morteros o drones suicidas, entre un largo etcétera. A todo esto, hay que añadir ahora las nuevas y peligrosísimas GLSDB de largo alcance.

Unos orígenes peculiares

A partir de 2006, un nuevo tipo de ingenio entró en servicio con la USAF, la fuerza aérea norteamericana. Se trataba de la GBU-39, una bomba de pequeño tamaño lanzada por aviones, pero con unas características muy interesantes. El punto de partida fue una idea muy simple, unida a la experiencia de las guerras en las que los Estados Unidos se estaban viendo implicados, todos conflictos de baja intensidad.

Esa experiencia estaba marcada por el hecho de verse obligados a batir múltiples objetivos de diversa índole, aunque siempre evitando los indeseables daños colaterales. Se necesitaba un arma de baja potencia y alta precisión, pero el problema era que los pylons (estaciones de armas de los aviones) normalmente solo llevaban una bomba. Lo que también ocurría es que incluso las más pequeñas GBU-12, de guiado láser y 500 libras de peso, eran demasiado potentes. Por tanto, si se conseguía reducir el tamaño para poder llevar más de una, pero manteniendo su precisión, ambos problemas quedarían resueltos.

Infografía de varias GLSDB atacando un sistema antiaéreo S-400. (SAAB)
Infografía de varias GLSDB atacando un sistema antiaéreo S-400. (SAAB)

Además, para incrementar el alcance se pensó en añadir unas alas desplegables. De este modo, permitían que, una vez lanzada la bomba (y aprovechando la altura y velocidad del avión), esta recorriera una gran distancia en un vuelo de planeo controlado y guiado hacia el objetivo. La GBU-39, que se denominó SDB por las iniciales en inglés de bomba de pequeño diámetro, tiene un peso de 250 libras —la mitad que una GBU-12 guiada por láser— con una carga explosiva de tan solo 16 kg de alto explosivo, aunque depende de la versión. Lo mejor es que, gracias a su reducido diámetro de apenas 20 cm, caben cuatro de ellas en el mismo espacio de una GBU. Si a esto se le suma el hecho de que podían conseguir alcances de más de 100 kilómetros desde el punto de lanzamiento, no es de extrañar que fueran un gran éxito.

Mientras las SDB se empleaban con gran eficacia en Afganistán, Irak, Siria o contra el ISIS, como ocurrió en 2014, se estaban dando otra serie de acontecimientos relevantes. Justo en esos años, el ejército estadounidense —que no siempre da explicaciones de lo que hace a la fuerza aérea— inició un proceso de eliminación de algunos de los cohetes que utilizaba en sus lanzadores M270, que, por cierto, también andan ahora por Ucrania. Se trataba de los modelos M26, una variante que utiliza una ojiva de racimo. Este tipo de armas, que una vez sobre el objetivo liberan una gran cantidad de pequeñas submuniciones, están prohibidas en muchos países por el riesgo de causar de daños a la población civil, ya que siempre quedan algunas sin explotar.

Foto: EC Diseño
Un mensaje blindado de 60 toneladas para Vladímir Putin

Además, se da la circunstancia de que estos cohetes, al igual que los del HIMARS, son de 227 mm de calibre, poco más de dos centímetros superiores al diámetro de las SDB. En Boeing no tardaron en relacionar ese excedente de motores que impulsaban los M26 —y que había que destruir a un elevado coste— en manos de Estados Unidos con unas bombas planeadoras de casi igual calibre que usaba la USAF. Así, se preguntaron: "¿Y si a una SDB le acoplamos un motor de esos que sobran y lo lanzamos desde tierra?". Se pusieron manos a la obra y contactaron con la sueca SAAB, con quien ya habían colaborado en ocasiones anteriores. Había nacido la GLSDB.

Mitad cohete, mitad bomba

La idea era de sentido común. Con ese motor, ahora es posible lanzarla desde tierra, adquiere altura y velocidad gracias a su propulsor y se comporta como un cohete ‘normal’, de los que utilizan tanto el M270 como el HIMARS. Pero una vez con una altura determinada, el motor se separa, se despliegan las alas y se convierte en una bomba planeadora, con todas las ventajas que ello conlleva.

Frente a una trayectoria principalmente balística, que es la seguida por los cohetes, la GLSDB puede seguir trayectorias muy diferentes, atacando incluso objetivos a retaguardia del lanzador. También aprovecha la elevada precisión de la SDB, que se cifra en un CEP (Circular Error Probability) de menos de cinco metros, lo cual es una gran precisión.

Lanzacohetes HIMARS en acción. (US Army)
Lanzacohetes HIMARS en acción. (US Army)

Para ello, utiliza varios sistemas de guiado según la versión. La más habitual es la GBU-39 B/B, que utiliza un guiado por GPS y un sistema inercial de respaldo. Estos sistemas son los que se utilizan en la fase de vuelo; es decir, mientras se dirige en vuelo de planeo hacia la zona donde realizará el ataque. Con el sistema inercial se evita que una momentánea pérdida de la señal GPS impida alcanzar las inmediaciones del objetivo.

Una vez cerca del blanco entra en acción el sistema de guiado terminal, que es del tipo de láser semiactivo. Con este sistema, se dirige contra el objetivo que haya sido iluminado mediante un rayo láser, designado bien por un avión, soldados en tierra o un dron. Ambos sistemas son los mismos utilizados por las bombas JDAM (también en Ucrania) en su versión láser y, por tanto, han visto reducidos sus costes al utilizar componentes ya desarrollados y en uso.

MLRS M270 (derecha) británico en Afganistán. El vehículo de la izquierda se utiliza para recargar los módulos de cohetes. (UK MoD)
MLRS M270 (derecha) británico en Afganistán. El vehículo de la izquierda se utiliza para recargar los módulos de cohetes. (UK MoD)

Todo esto ha resultado en un arma de gran versatilidad y coste muy contenido, que se estima que ronda los 40.000 dólares por unidad. Algo que, teniendo en cuenta lo que estamos acostumbrados a ver, casi se podría decir que es una bagatela. El resultado final, motor incluido, es un ingenio de casi 9 metros de largo y 272 kg de peso, que se puede alojar en los módulos de seis unidades que utilizan tanto el M142 HIMARS como el M270.

Una baza muy importante para Kiev

Para Ucrania, es un arma ideal por varias razones. La más importante es su alcance, que oficialmente se establece en 150 km. Pero, al igual que ha pasado con los cohetes, de los que se ha podido comprobar que llegan más lejos de lo que se decía, es probable que las GLSDB puedan golpear más allá de esa distancia.

Sin embargo, no se trata solo de esos kilómetros (que ya es algo importante), puesto que lo que verdaderamente trascendental es que, con esa distancia, todo el territorio ucraniano ocupado por los rusos —salvo la mitad sur de la península de Crimea— queda al alcance de estas bombas lanzadas desde sus líneas actuales. Una circunstancia que, junto con el mensaje de los carros de combate, deja claro que recuperar el territorio perdido está en el punto de mira.

MLRS M270 británico, como los que tienen los ucranianos. (UK MoD)
MLRS M270 británico, como los que tienen los ucranianos. (UK MoD)

Esta circunstancia es muy grave para Rusia, ya que puede volver a repetirse aquel periodo negro en el que depósitos de municiones, centros logísticos o puestos de mando saltaban cada noche por los aires. Aquel azote de los HIMARS supuso un duro golpe para la logística rusa, que tuvo que retrasar la colocación de sus centros, con el consiguiente alargamiento de las líneas de avituallamiento, incremento de los tiempos, tráfico de camiones y consumo de combustible. Ahora podría repetirse, pero al Kremlin no le quedaría otra que llevarse todo lo que sea crítico fuera de Ucrania, algo que sería un buen golpe de efecto.

Además, el hecho de ser un arma barata, fácil de fabricar y de transportar, hará que pueda llegar al frente en grandes cantidades. Utilizarla tampoco será ningún problema. Su manejo es similar al de los cohetes que llevan tiempo haciendo estragos en las posiciones rusas. Cargados en su módulo estándar, pueden ser disparados tanto por el M142, seis unidades, como por el M270, que al poder utilizar dos módulos lanzaría doce unidades. Como también pueden ser lanzados en salvas, solo hay que imaginar el resultado que tendrían sobre una columna blindada que haya sido localizada.

Tal y como explicaba El Confidencial hace unos días, ya no hay líneas rojas: se envía a Ucrania lo que es necesario en cada momento. Sigue, por el contrario, vetado el envío de ATACMS, cuyo alcance superior a los 300 kilómetros —más del doble que las nuevas GLSDB— supondría poner importantes enclaves del territorio ruso al alcance de Zelenski, algo de lo que, por el momento, los norteamericanos no quieren ni oír hablar.


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