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¿Te imaginas que Madrid tuviera que repetir elecciones por un error? Berlín, sí Sunday, 12 February 2023


Imagínese usted que hay elecciones en Madrid y, al llegar a su centro de votación, a media tarde, se encuentra una fila enorme, mucho más larga de lo habitual. Algo que puede pasar, se dirá usted, más aún en tiempos en los que los recortes en las administraciones públicas se han convertido en un mal extendido por toda la geografía española. También en la Europa de la post-posguerra, donde los años dorados del Estado de bienestar, aparentemente sin límites, ya son casi un bonito recuerdo del pasado. Las filas, sin embargo, apenas avanzan, y la espera se le empieza a hacer pesada.

Es que no hay suficientes cabinas de votación, le explica alguien. Solo dos, qué se le va a hacer, son los recortes de presupuesto. Pasada una media hora, alguien le dice que es que ahora, además, se han acabado las papeletas. Que no hay, vamos, papel para votar. Los organizadores ya han pedido más y el servicio de mensajería está de camino. El problema, eso sí, es que en la ciudad se corre ese domingo una maratón —a quién se le habrá ocurrido organizarla el mismo día de las elecciones— y no se sabe cuándo llegará la furgoneta con las nuevas papeletas, por eso de las calles cerradas para uso exclusivo de los deportistas. En el local, algunos voluntarios exasperados han empezado simplemente a hacer fotocopias de las papeletas originales. ¿Pero serán válidos esos votos?, se pregunta usted. Algunos votantes, enfadados, se vuelven a casa. Y en la fila, aquellos dispuestos a ejercer su derecho a voto a como dé lugar estallan en aplausos de júbilo cuando el mensajero, por fin, llega tras esquivar todos los escollos de la ciudad. Pero la hora oficial del cierre de los centros electorales ya está casi encima.

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Repetición electoral, no nuevas elecciones

Parece una historia casi surrealista, pero eso es lo que ocurrió en Berlín el 26 de septiembre de 2021, según la reconstrucción de la peculiar jornada electoral en la que salió elegido el actual gobierno federal, liderado por Olaf Scholz. En la capital alemana, las elecciones generales coincidieron con los comicios regionales y municipales, además de con un plebiscito no vinculante sobre el problema de la vivienda. Las votaciones fueron tan caóticas, que la Justicia regional ordenó el año pasado nada menos que su repetición. La elección parlamentaria para el Bundestag no tiene que repetirse al completo, porque la incidencia de los votos berlineses no cambia el resultado final a nivel nacional.

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Pero a nivel regional, casi 2,5 millones de berlineses están llamados este domingo a regresar a las urnas. No se trata de nuevas elecciones, sino que —subrayamos— solo de una repetición de la votación de hace casi 15 meses, que excluye nuevas candidaturas. Y que podría cambiar la constelación de poder en el Ayuntamiento de Berlín, el gobierno regional de la capital germana. Los conservadores lideran las encuestas y podrían desplazar del poder por primera vez en casi 22 años a los socialdemócratas, que gobiernan aún en una coalición tripartita completada por Los Verdes y La Izquierda.

La tormenta perfecta

La "elección del caos" o el "debacle electoral", como califican varios medios locales lo ocurrido, se debió a la concatenación de varios infortunios que, en su conjunto, condujeron a una tormenta perfecta que ha magullado aún más la ya de por sí malograda imagen de Berlín. Las vivencias del ficticio votante madrileño al comienzo de esta nota se corresponden con los testimonios reales de miembros de mesas de votación y de voluntarios berlineses, desde las largas filas y las papeletas fotocopiadas hasta los aplausos de los electores cuando llegaron los nuevos documentos. Muchos otros detalles se han conocido tras la publicación de un informe de una comisión de expertos encargada de explicar cómo pudo ocurrir lo que ocurrió.

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Los ingredientes del caos, según sus conclusiones, fueron factores internos como la incompetencia de las autoridades electorales para organizar la votación, una falta de eficiencia que ya es una dudosa seña de identidad de la administración de la capital. Por algunos problemas con el federalismo alemán mal llevado, con un sinfín de competencias a nivel local, regional y federal que a menudo se anulan mutuamente. El diario berlinés Der Tagesspiegel ha bautizado el fenómeno como "el ping-pong administrativo": una oficina pública delega la responsabilidad de algo en otra, que se lo rebota a otra. Y así sucesivamente.

¿Y si anulan también la repetición?

Pero también se habla de factores externos, como la famosa Maratón de Berlín, que congregó el día de la votación a unos 40.000 corredores en la metrópoli a orillas del río Spree. Y la peculiaridad de que en los comicios de 2021 los votantes tenían que llenar varias papeletas, con lo que eso implicaba para el tiempo que cada uno pasaba en la cabina: una para el Bundestag, otra para el Parlamento regional, otra para su distrito, y un último voto sobre un referéndum sobre la vivienda. Al igual que la votación federal, el plebiscito no vinculante para expropiar a grandes inmobiliarias, una medida radical que contó con la simpatía de la mayoría de los votantes, no tendrá que ser repetido, ya que no se presentaron demandas contra el resultado.

"La elección del 26 de septiembre no solo perjudicó el proceso de votación a través de problemas y errores insólitos, sino que ha dañado la confianza de los ciudadanos y las ciudadanas en el principal acto democrático", señala el informe publicado en julio de 2022, que sirvió de fundamento para la posterior decisión de la Justicia regional berlinesa de anular la votación y ordenar su repetición. El proceso se abrió por demandas de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y de otra formación política minoritaria.

El Tribunal Constitucional Federal, como instancia superior, podría en teoría aún declarar improcedente la repetición electoral ordenada por la Justicia berlinesa en un fallo definitivo aún pendiente. En la ciudad muchos evitan imaginarse ese escenario que haría perfecto el caos berlinés. Se trata, eso sí, de un extremo improbable a estas alturas, pues el propio Constitucional ya autorizó hace algunas semanas la celebración de la votación de este domingo en un veredicto preliminar.

Pobre, pero sexi... ¿e ingobernable?

En Alemania, en tanto, muchos debates se centran otra vez en las críticas a la excepcionalidad de Berlín, posiblemente la más díscola y peculiar de las grandes capitales europeas. Por su falta de peso económico en el Producto Interno Bruto del país (según cálculos del Instituto Económico Alemán, con sede en Colonia, el PIB germano sumaría un 0,2% si le restaran la carga de Berlín; el español, en cambio, perdería un 6,0% sin el peso económico de Madrid) y por el proverbial caos administrativo de la capital. Este, en realidad, suele estar detrás de los titulares que anuncian el final del mito del orden y la eficiencia alemanas, ya sea por los innumerables problemas para construir un aeropuerto sin que les crucen literalmente todos los cables o, como ahora, por la incapacidad manifiesta para organizar unas elecciones.

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La otra cara de esa imagen de ciudad estrafalaria y única se alimenta de su atractivo por sus famosos clubes de techno y underground, y de imán para artistas y emprendedores creativos de toda Europa. Un exalcalde de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wowereit, acuñó una frase repetida hasta el clisé en las últimas dos décadas: que Berlín es una ciudad "pobre, pero sexi". ¿Y también ingobernable?

Eso, al menos, es lo que sostienen muchos políticos alemanes. "¿Cómo podemos tener respeto por una ciudad que no puede ni siquiera organizar sus propias elecciones?", sostenía por ejemplo el conservador Markus Söder, barón regional del estado de Baviera, a comienzos de enero, después de que decenas de vándalos convirtieran algunos barrios de la capital en zonas de combate durante las festividades de la Noche Vieja, incendiando coches y enfrentándose con la policía a punta de petardos. "Típico de Berlín", decía, socarrón, el bávaro Söder. Otro miembro de su partido calificó a la capital incluso como un "Estado fallido". Baviera y su capital, la ordenada y opulenta Múnich, son quizá la mejor representación de las antípodas de Berlín en estos días.

Nunca tan desgraciada y caótica como sostiene su fama

Unos ataques que no reflejan necesariamente toda la realidad, mucho más rica en matices. Berlín es caótica, con una administración a menudo incapaz, pero también un lugar con encantos muy propios. Así lo contamos también varios corresponsales extranjeros a los que Der Tagesspiegel nos invitó a hablar en un podcast sobre la imagen internacional de la ciudad, a raíz de todas estas discusiones. Es difícil decirlo de forma absoluta, pero desde España, creo, se ve a Berlín más bien de forma positiva. Como una ciudad moderna, guay e incluso chic. Y con un poco de caos político, sí.

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De forma similar, argumenta la actual alcaldesa, la socialdemócrata Franziska Giffey, que se enfrenta a la ingrata tarea de defender su mandato en las urnas antes de cumplir el año y medio en el cargo. "Me molesta cuando se habla pestes de Berlín de forma general. Eso no se corresponde con la realidad", se lamentaba recientemente Giffey. "Yo prefiero ponerle a Berlín la etiqueta de ciudad de oportunidades. En la comparación internacional, Berlín es una de las ciudades más atractivas e innovadoras", aseguraba.

Las últimas encuestas dan a los conservadores de la CDU un 25% de las preferencias, seguida por el SPD, con un 21%, y Los Verdes, con alrededor del 17%. Muchos sondeos vaticinan una disputa mucho más cerrada por el segundo lugar. Pero incluso si el conservador Kai Wegner gana los comicios, la dificultad para convencer a los otros partidos de entrar a una coalición con él podría dejar la formación de gobierno otra vez en bandeja a Giffey. Y es que la agenda ecológica de Los Verdes, por ejemplo, con su defensa a ultranza de prohibir el tráfico vehicular en una calle emblemática del centro de la ciudad, la Friedrichstrasse, podría imposibilitar el diálogo con los conservadores.

El futuro político de la alcaldesa Giffey, por eso, estará abierto hasta el final del conteo de este domingo. Si Berlín, claro, consigue esta vez celebrar las elecciones sin ningún percance mayúsculo.

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