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’As bestas’ y la terrible historial real en la que se basa: así fue el ‘crimen de Santoalla’ Sunday, 12 February 2023


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Santoalla do Monte es una aldea gallega situada en la provincia de Ourense, que en 1997 acogió a una pareja de holandeses formada por Martin Verfondern y Margo Pool. El matrimonio se compró una casa en Santoalla buscando una vida alejada del bullicio de las grandes ciudades, de aire limpio, aguas cristalinas y una ganadería ecológica. Las bondades de este lugar eran compartidas únicamente por dos familias, la de los foráneos y la familia de Los Rodríguez. Al principio todo iba bien, pero las disputas comenzaron por el reparto de los derechos sobre el monte comunal. Unos ingredientes que conforman los elementos perfectos para hacer una buena película como ‘As Bestas’, de Rodrigo Sorogoyen, que hoy prentende alzarse como la gran favorita de los Premios Goya.

La familia de los Rodríguez, formada por cuatro hermanos y sus padres, era la única que en ese momento gobernaba y disfrutaba económicamente del monte comunal, un pinar de casi 500 hectáreas con muchos recursos madereros que rentabilizar. Manuel, Jovita y sus dos hijos, Juan Carlos y Julio Rodríguez, acogieron inicialmente muy bien a Martin y Margo, tanto que al principio les invitaban a comer a su casa. La chispa que encendió la mecha fue la reclamación de los foráneos a beneficiarse de los derechos de los montes vecinales.

Desde entonces, tal y como sucede en la película de Sorogoyen, los Rodríguez elevaron la tensión y les hacen la vida imposible a los holandeses: envenenan las cosechas, les amenazan y les increpan con asiduidad. Martin Verfondern se proveyó de una cámara de vídeo para grabar esta situación, algo que él mismo llegó a calificar como “terrorismo rural”.

Fotograma ‘As Bestas’.
Fotograma ‘As Bestas’.

Martin lo documentaba todo para después denunciarlo en los medios y en los juzgados. Llegó a instalar cámaras en los alrededores de su casa para guardar en su memoría gráfica los intentos de robos, sabotajes y demás amenazas. Verfondern temía por su vida, ya antes de su desaparición en 2010, durante un viaje a Holanda, quiso hacerse un seguro de vida, que finalmente no contrató. Sin embargo, todo sus esfuerzos no sirvieron, ya que el 19 de enero de 2010 Martin no volvió a casa. Su mujer, que estaba en Holanda visitando a su familia, no supo nada hasta días después, gracias a la denuncia de dos extranjeros que realizaban una estancia ecológica en Petín, municipio al que pertenece Santoalla.

La búsqueda fue incansable por tierra, mar y aire, pero todas ellas fallidas. No hubo forma de encontrar a Martin hasta que por fortuna, aunque cuatro años después, el 18 de junio de 2014, un helicóptero de la Guardia Civil durante tareas de prevención de incendios divisó desde el aire un coche abandonado en un pinar. Era el Chevrolet Blazer de color verde de Martin Verfondern, días después lograron dar con sus restos.

Tras el hallazgo de su cuerpo, la Guardia Civil continuó investigando para dar con el o los asesinos de Martin. Así, una pareja de agentes acudieron a la aldea vestidos de paisanos para tratar de esclarecer la ruta que recorrieron los autores del crimen hasta conducir el cuerpo del holandés al lugar donde fue encontrado, en A Veiga, Ourense, unos 15 km de Santoalla. En esta visita, el hijo menor de los Rodríguez, Juan Carlos se ofreció a servirles de guía por un paraje que conocía como la palma de su mano. Juan Carlos, quien nunca había sido un sospechoso para la Guardia Civil, padece una discapacidad psíquica del 65%, con la mente, según su propia abogada, de un “niño de 7 años” y confesó con naturalidad el crimen que había cometido: “El holandés llegó, venía como un tolo (loco), pero yo cogí la escopeta. Hice bum, bum… me escondí y que me busquen”.

Según la sentencia, el 19 de enero de 2010, Juan Carlos, se topó con Martin Verfondern, que se encontraba en su coche tras haber realizado unas compras, y le disparó causándole la muerte inmediata. Julio Rodríguez, el otro hermano que vivía con su familia en Santoalla se encargó de esconder el cadáver. Condujo el Chevrolet verde de Martin hasta A Veiga, sacó el cuerpo del coche y lo prendió fuego. Juan Carlos cumple una condena por homicidio de 10 años y su hermano Julio no podrá acercarse ni a Margo ni a Santoalla durante 11 años y 5 meses.

Margo Pool, de 69 años, vive feliz en

En la actualidad Santoalla sigue siendo la misma aldea pequeña y recóndita donde forjaron sus ilusiones Martin y Margo. La única diferencia es que ahora ya no conviven dos familias, sino una la de Margo Pool y sus animales. La holandesa asegura que para ella Santoalla, el lugar donde ha dado sepultura a su marido, sigue siendo “el paraíso” y allí quiere quedarse.

La película de Sorogoyen para Margo refleja con acierto lo que sucedió, salvando las distancias porque se trata de una película. ‘As Bestas’ es una de las favoritas de la 37 edición de los Premios Goya. Hoy descubriremos si esta historia basada en un crimen que conmocionó Galicia es la gran triunfadora.

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