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Nueve expertos te explican cómo la guerra ha cambiado el mundo (y hacia dónde vamos) Friday, 24 February 2023


La guerra en Ucrania ha dejado una huella indeleble en el mundo que, un año más tarde del inicio de la invasión, ya podemos apreciar con claridad, pero que se hará todavía más evidente con el paso de los años. La política y economía globales, los flujos de energía, la arquitectura de seguridad europea, el gasto militar, los aparatos de desinformación y el combate contra ellos… prácticamente no existe un ámbito que no se haya visto afectado por el mayor evento geopolítico en lo que llevamos de siglo.

Para ayudar a visualizar mejor esa impronta, El Confidencial ha contactado a nueve expertos en diferentes sectores del ámbito internacional para que arrojen luz sobre cómo ha cambiado el mundo a lo largo de este año y aquello que todavía está por venir, pero que todavía no podemos discernir del todo. En conjunto, estas entrevistas abren una ventana hacia un nuevo panorama global para el que no existe una marcha atrás.

Otro mundo

José Ignacio Torreblanca, director de la oficina de Madrid del European Council on Foreign Relations (ECFR), señala dos cambios tectónicos en la geopolítica que se han producido a raíz de la guerra. El primero es el retorno de la mirada de Estados Unidos a Europa, la cual había apartado para centrarse en su principal objetivo desde hace ya más de una década: contener a China. El segunda, que la Unión Europea se ha visto obligada a dejar de arrastrar sus pies en materia de seguridad y pasar de la retórica a la acción.

Foto: Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad. (EFE/Stephanie Lecocq)
El ‘momento Borrell’: la crisis ucraniana hace a la UE aprender "el lenguaje del poder"

“El Alto Representante de la Unión Europea dijo al principio de su mandato que ‘Europa tenía que aprender a hablar el lenguaje del poder’. Enviar armas a Rusia, imponer sanciones masivas y dejar de comprar su petróleo y gas es exactamente eso”, apunta Torreblanca. “EEUU se queda en Europa, pero no en una Europa inane y desmilitarizada en permanente conflicto consigo misma y con dudas existenciales, sino en una Europa robusta con una política de seguridad y defensa compatible con la OTAN”, agrega.

De cara al futuro, Torreblanca prevé una aceleración de las tendencias que ya llevaban tiempo tomando forma en la arena internacional, como la fragmentación de la globalización, el desacoplamiento de mercados por razones geopolíticas y la instrumentalización de los intercambios económicos con fines políticos. La mayor incógnita, asegura, será el rol que jugará el llamado Sur Global, que no ha mostrado ningún interés en participar en una rivalidad entre los bloques occidental y sino-ruso. “El nuevo ‘no alineamiento’ no ha terminado de nacer”, sentencia.

Uno de los efectos más inmediatos y perceptibles a escala global de la invasión rusa de Ucrania ha sido el incremento del gasto militar. Guillermo Pulido, editor de la revista Ejércitos, indica que este fenómeno ha sido especialmente drástico en Europa, pero también ha llegado tan lejos como a Japón, cuya vecindad con China resulta ahora más alarmante que nunca.

Hacia dónde dirigir ese presupuesto será uno de los grandes debates de los próximos años, dado que la guerra en Ucrania supone uno de los mayores casos de estudio sobre la efectividad de determinados armamentos. “Una de las enseñanzas que podrían extraerse de esta guerra es la predominancia de drones de baja gama, no de drones complejísimos y combinados con municiones inteligentes de disparo de largo alcance, combate de artillería, guiados y cosas por el estilo”, dice Pulido, quien valora que todavía es temprano para ver qué lecciones aprenderá cada país de la invasión rusa.

El experto considera que los drones jugarán un papel cada vez mayor en los conflictos. “La guerra estará dominada por los vehículos no tripulados, drones o robots de combate terrestres y aéreos. Y predominarán también las municiones de precisión de larga distancia, que cada vez son más baratas”, vaticina.

En el terreno económico, Tobias Gehrke, líder de la Iniciativa Geoeconómica de ECFR, recuerda que 2022 fue el año en el que nos adentramos en un terreno desconocido desde la Segunda Guerra Mundial, ya que ninguna economía cercana al tamaño de Rusia había estado sujeta, desde entonces, a un régimen de sanciones como el hoy vigente. Y aunque estos castigos económicos no han llevado al colapso de las arcas rusas, como se vaticinaba originalmente, si han cambiado el tejido económico mundial.

Foto: Tren con cisternas llenas de crudo ruso. (EFE/Maxim Shipenkov)
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Más allá del shock inicial, una de las principales consecuencias ha sido la aceleración de la transición verde en las naciones occidentales. “Esta transición no solo verá la disminución de la influencia de Rusia como actor energético, sino que ya está reorganizando significativamente el mapa geopolítico y geoeconómico mundial a medida que surgen nuevas asociaciones y cadenas de suministro de energía y materias primas”, declara el analista.

Otra Europa

En el escenario que corresponde a la Unión Europea, Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, coincide con Torreblanca al considerar que el efecto que la guerra ha tenido la guerra sobre la política exterior europea puede leerse en sentido positivo. “Esto, por la unidad que ha suscitado y la voluntad de tomarse en serio la invocación, articulada por el Alto Representante ya en 2019, de hablar el lenguaje del poder y esgrimir la fuerza con el resto de los actores mundiales”, plantea a este periódico.

Pero las noticias no son exactamente buenas para una Unión Europea cuyos valores fundacionales son diametralmente opuestos a la competencia de grandes poderes que domina cada vez más el escenario internacional. “La guerra ha venido a confirmar que el enfoque postwestfaliano, multilateral y comercial en el que Bruselas se sentía más cómoda ha quedado desplazado por un mundo más agresivo y hostil a los valores y a las fortalezas de la UE”, resume el experto.

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Molina apunta que una de las posibles consecuencias en el horizonte que todavía no podemos ver con nitidez pueden ser el declive funcional de las instancias de gobernanza multilateral, ya sea la ONU o el G20. Y en el ámbito comercial y del suministro energético, “se confirma la revisión de las cadenas de valor global, cuya eficiencia se supedita ahora cada vez más a razones de seguridad que aconsejan la relocalización industrial (“reshoring”) o, al menos una producción cercana (“nearshoring”) o en lugares confiables (“friendshoring”)”, concluye.

La guerra en Ucrania se ha traducido, para la UE, en una guerra energética que dominó los titulares del continente durante la mayor parte del 2022. Gonzalo Escribano, también investigador principal de Elcano, opina que no es para menos. “La UE ha perdido su principal suministrador de carbón, petróleo, gas, minerales de transición y combustible nuclear”, recuerda. “Eso la ha obligado a diversificar geográficamente y por fuentes de forma acelerada con nuevos suministradores de hidrocarburos, pero también desplegando más renovables”, agrega.

En un futuro, Escribano vaticina que los flujos de energía hacia la UE ampliarán el giro hacia la autonomía estratégica, uno “que cada vez tendrá un mayor componente industrial de sostenibilidad y de seguridad de las cadenas de valor y deberá evitar tensiones proteccionistas”.

Foto: Un empleado trabaja en una fábrica de Hangzhou, en China. (Reuters)
‘Friendshoring’: el palabro que te demuestra que el fin de la globalización era un farol

Karel Lannoo, director del Centro Europeo de Estudios Políticos y Sociales de la UE (CEPS), ofrece un diagnóstico muy crítico de la respuesta de los Veintisiete a la invasión. “Europa ha demostrado al mundo que ha estado ciega ante las continuas malversaciones de Rusia en todo su tejido económico, e incluso en su sistema político; Europa se ha retrasado en su apoyo militar a Ucrania y su ayuda financiera se ve empequeñecida por Estados Unidos; Europa no era consciente de la dependencia energética de Rusia, o ingenua, ni estaba preparada para el arma energética de Putin a pesar de las repetidas advertencias”, sentencia el experto, quien espera que 2022 haya sido un parteaguas para la integración europeo y que marque el inicio de una nueva era para la UE.

Lannoo teme que el aumento de la inflación y la rápida subida de las tasas de interés en la eurozona puedan generar tensiones similares a las que se vieron por última vez durante la crisis de la deuda soberana. Sin embargo, existe una diferencia notable frente a la situación de 15 años atrás. “La principal punta de lanza de la crítica a la alta inflación, Alemania, no tiene motivos para iniciar el debate, debilitada como está por su amistad con Rusia, su dependencia del gas y su falta de pensamiento estratégico”, comenta.

Otra Ucrania y otra Rusia

Y si el mundo y el continente se adentra en un terreno desconocido, qué decir de los dos protagonistas de esta guerra. En el caso de Rusia, el país ha redoblado sus esfuerzos en ganar la batalla del relato más allá de Occidente. Yevhen Fedchenko, cofundador de StopFake.org, una organización de factchecking centrada en combatir la desinformación rusa, describe cómo a lo largo del último año la propaganda procedente del Kremlin ha ido añadiendo más mensajes relacionados con la guerra que justifican la invasión para las audiencias del resto del mundo. “Rusia sigue reteniendo principalmente la atención entre las audiencias del Sur Global”, apunta el experto.

Fedchenko describe cómo el ecosistema de la desinformación rusa no se ha visto muy afectado por las sanciones u otras decisiones políticas y sigue contando con una enorme capacidad para intervenir a escala global. “Para hacer frente a este problema, las sanciones deberían aplicarse de forma más amplia, sancionando a más organizaciones e incluyendo no solo a los principales responsables de este sistema, sino también a los propagandistas de nivel medio y bajo”, sentencia.

De vuelta al terreno, Rusia ha ocasionado enormes pérdidas a Kiev que van más allá de los objetivos militares. Roman Nitsovych, director de investigación de Dixi Group, uno de los think tanks de referencia del sector energético en Ucrania, destaca que Moscú cada vez ha apuntado más sus armas contra la infraestructura crítica ucraniana, causando daños devastadores al sistema energético. “Nuestra infraestructura energética ha sufrido daños que ningún sistema en Europa ha experimentado desde la Segunda Guerra Mundial”, alerta a El Confidencial.

Nitsovych revela que desde el 10 de octubre de 2022 hasta finales de enero de 2023, Rusia disparó unos 700 misiles y drones kamikaze contra instalaciones energéticas en Ucrania. No hay una sola central de cogeneración, de carbón o hidroeléctrica que haya evitado los ataques. Según el experto, es necesario restaurar más de 400 instalaciones de infraestructura crítica.

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Además de los problemas que ya están ocasionando para garantizar el suministro eléctrico del país, estos daños resonarán en los años venideros. “El terror energético de Rusia profundizó la caída del PIB real de Ucrania en 2022 y es la razón principal del deterioro del pronóstico de crecimiento del PIB en 2023. La recuperación de los sistemas energéticos determinará en gran medida qué tan rápida será la reconstrucción general de Ucrania”, declara Nitsovych.

Por último, Jasmijn Slootjes, analista sénior en el Migration Policy Institute, rescata un poco de optimismo en un año lleno de desgracia al hablar de la respuesta europea a la crisis de desplazados ucranianos, el mayor movimiento de refugiados en Europa en casi un siglo. “En un campo altamente politizado como es el de la migración, la unanimidad entre los Estados miembros de la UE (a la hora de acoger a los ucranianos) fue un logro increíble y puede ayudar a fomentar la confianza mutua y la colaboración en los próximos años”, opina.

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