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Una historia compartida de (y con) Julia Navarro Tuesday, 28 February 2023


Conocí a Julia Navarro, en los felices 80-90, en los pasillos del Congreso de los Diputados. Era, por entonces, una reconocida periodista, de las que escribían sobre "política" como se decía por entonces. Pero su inquietud por conocer las razones (o, a veces, sinrazones) jurídicas de las cosas, le acercaba a los que, como yo, ejercíamos como Letrados de las Cortes, habitualmente mediando un café con varios compañeros.

Me perdí (circunstancias de la vida) su bautismo como novelista con La Hermandad de la Sábana Santa (2004), aunque me hice pronto con ella y la devoré como he hecho con las siete novelas que la han seguido durante estos casi veinte fructíferos años. Con todas he disfrutado, aunque confieso que mis favoritas, además de la que le dio a conocer, son Dime quien soy (2010), Dispara que ya estoy muerto (2013) y Tú no matarás (2018). Incluso con Dime quien soy tengo una muy personal vivencia que nunca terminaré de agradecer a Julia y a José Manuel Lorenzo.

Foto: Julia Navarro en un café de Alejandría. (Juan Manuel Fernández)
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De pocos, de muy pocos escritores españoles puede decirse que cuenten con millones de lectores, que sumen éxito tras éxito, que hayan tenido este grado de acogida en una veintena de idiomas. Julia, escritora, atesora ese poder invisible, y al alcance de muy pocos elegidos, que llamamos imaginación y, aún menos, los que la trasladan a palabras. Con un lenguaje natural, de elegante sencillez, pero hondísimo en sentimiento y emociones, Julia Navarro nos atrae en la tele de araña de las historias que construye. Si nos convierte en adictos quiere decir que sus novelas son adictivas.

Le he confesado muchas veces mi admiración, incluso la inconfesable envidia, por más que la adjetive de sana. Y vuelvo a hacerlo al leer su último libro, que acaba de ver la luz como siempre en Plaza y Janés. Una historia compartida, es su título, y qué gran título -breve pero intenso- para describir su contenido. Con esta obra deja aparcada la novela que la ha catapultado al Olimpo de los fabuladores, y lo hace para rendir un debido homenaje a un elenco de mujeres -en torno a doscientas- que han protagonizado la historia, muchas de las cuales lo han hecho en silencio y más frecuentemente injustamente ocultadas, marginadas y siempre infravaloradas.

Creo intuir que Julia Navarro cumple una deuda que sentía debía plasmar con su conciencia feminista

Algunas entre el mito y la realidad, como Helena de Troya, Casandra o Circe, otras como la reina Nefertiti, a filósofas como Simone de Beauvoir y Hannah Arendt, santas como Teresa de Jesús o Juana Inés de la Cruz, poetas como Rosalía de Castro, Gabriela Mistral o Marina Tsvetáieva, clásicas de la prosa como Jane Austen, las hermanas Bronté, Agatha Christie, Concha Espina o Emilia Pardo Bazán, también la recordada Clara Campoamor, María Lejárraga (la "negra" de Gregorio Martínez Sierra), María Goyri que formó un ejemplar "equipo" con Menéndez Pidal y, en fin, grandes nombres de la literatura contemporánea desde Carmen Laforet a Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, las Marguerite (Youcenar y Duras), Doris Lessing, Pearl S. Buck o la imprescindible Virginia Woolf y muchísimas más.

Creo intuir que Julia Navarro -que demuestra su versatilidad con este originalísimo libro- cumple una deuda que sentía debía plasmar con su conciencia feminista: poner su pluma al servicio de la reivindicación del lugar -negado durante siglos, durante casi todos los siglos- de la mujer en la construcción de la historia, de las ciencias y de las artes, aunque con particular énfasis en la literatura que es la materia en la que es maestra además de ávida lectora.

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño.
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Pero Julia Navarro evita la interpretación fracturadora, de contraposición tan en boga en determinadas concepciones extremas por más de políticamente correctas con las que se invisten, y es que Julia es contraria a cualquier imposición y reacia a pretendidos adoctrinamientos. El subtítulo de Una historia compartida es muy clarificador: Con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos. Las historias que cuentan esas mujeres no pueden ser narradas con la exclusión de ellos, pues "desde el principio de los tiempos las vidas de hombres y mujeres han estado entrelazadas y no se explican las unas sin las otras, es decir, con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos o con la ignorancia de ellos. Por eso, este libro no es solo una historia de ellas, sino la de todos, pero contada no a través de la supremacía masculina sino desde un lugar común".

La escritora Julia Navarro, firma ejemplares de su libro, en la Feria del Libro. (EFE/Javier Lizón)
La escritora Julia Navarro, firma ejemplares de su libro, en la Feria del Libro. (EFE/Javier Lizón)

Recuerda Julia la genial frase de Ana María Matute (“Ser vieja no está tan mal porque la gente te perdona todo") y se le aplica en estos términos: "Nunca hasta ahora me he sentido más libre a la hora de decir en voz alta lo que pienso. Debemos permitirnos el lujo de hablar sin temor". La voz de Julia es, en efecto, libre, independiente, sin ataduras, sin complejos; ni deudas con los convencionalismos. Es alérgica a las etiquetas y encasillamientos, de las que "huye como de la peste". Estamos, quizás, ante su obra más personal, ante "un viaje a través de sus inquietudes y lecturas". Una historia compartida es el libro en el que Julia Navarro vierte más elementos de su habitación propia como Virginia Wolf, de su propia vida -con y por Fermín, aunque también, a veces, o enfrente de Fermín.

Este libro no es solo una historia de ellas, sino la de todos, pero contada desde un lugar común"

Escribió, allá por los primeros años del siglo XVII, John Donne que "ningún hombre es una isla, ni se basta a sí mismo; todo hombre es un parte del continente, una parte del océano". Por supuesto, la afirmación es inexacta salvo que se entienda de forma neutra. Ningún hombre y ninguna mujer son autosuficientes ni se bastan por y consigo mismos. Son, conjuntamente, partes del océano, habitualmente "con" aunque, en no pocos momentos, también "sin".

* Enrique Arnaldo Alcubilla, magistrado del Tribunal Constitucional

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