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Si Turquía está mal, imagina Siria: "Tenemos que rescatarlos sin medios, con las manos" Thursday, 09 February 2023


Las escenas que deja el terremoto que ha azotado Turquía, todavía tres días después, son dantescas. Más de 9.000 muertos. La comunidad internacional se ha volcado y varias decenas de países han ofrecido al Gobierno de Ankara batallones de rescate y aviones de ayuda para intentar paliar parte del dolor. Los medios de comunicación recogen historias de salvamentos y la desgracia. Sin embargo, en la otra zona más afectada por el seísmo, el norte de Siria, la situación es también dramática, pero sin cámaras, sin ayuda internacional, y con el añadido de 12 años de guerra y un Estado completamente inexistente.

“La situación ahora mismo es absolutamente catastrófica. Es muy, muy mala. Los edificios están completamente destruidos, te puedo dar una cifra de muertos y heridos que en unas horas puede doblarse… Y más de 72 horas después, seguimos sacando gente de los escombros”, explica por teléfono Oubadah Alwan, de la organización de Defensa Civil Siria, más popularmente conocidos como los cascos blancos.

La última cifra de fallecidos en el seísmo ofrecida por esta organización es de 1.280 muertos en las zonas del noroeste de Siria, de las más afectadas por el terremoto y controladas por las facciones de la oposición siria. En las zonas controladas por el Gobierno de Bashar al Asad, se han contabilizado al menos 1.262 víctimas mortales. Más de 12.000 en total.

Tras 12 años de guerra y bombardeos continuados que han arrasado ciudades enteras (antes del terremoto, se estimaba que el 70% de los edificios de Alepo estaba destruido), los cascos blancos cuentan con experiencia rescatando a personas de los escombros. Sin embargo, “la escala de la situación actual es completamente distinta”, asegura Alwan.

La destrucción que deja el seísmo y las réplicas posteriores ha afectado a centenares de edificios en distintas ciudades, todos ya con infraestructuras muy debilitadas por la guerra y la falta de mantenimiento, además de superpoblados por la afluencia de millones de refugiados provenientes del resto del país. Una tormenta más que perfecta para que la catástrofe se exprese en todo su esplendor.

Por los 12 años de guerra y aislamiento desde la zona controlada por el Gobierno en Siria, "no hay medios, algo tan básico como el combustible diésel, que nos ayuda con el equipamiento necesario para cavar y levantar escombros para rescatar a nuestros hermanos que siguen atrapados… Muchas veces lo tenemos que hacer con las manos", relata Oubadah. No ha llegado ningún otro equipo de rescate internacional.

Hay historias de rescates: dos niñas pequeñas atrapadas entre los escombros, las hermanas Mariam e Ilaaf, que prometen “ser amigas para siempre” si las sacan de la enorme pinza de hormigón en la que se convirtió su dormitorio tras el terremoto; una bebé recién nacida, rescatada cubierta de polvo del edificio que mató a su madre, padre y cuatro hermanos; una familia entera que milagrosamente consiguió sobrevivir… Pero entonces, ¿qué?

“No hay sitio donde ir, ni donde llevar a los heridos. Los edificios han sido destruidos, y estamos en medio de un muy duro invierno”, lamenta el Casco Blanco. Tras 12 años de guerra, los pocos hospitales que no han sufrido bombardeos están ahora sobrepasados, sin espacio ni medicinas para tratar a los heridos. Y los que han logrado salir incólumes de sus casas destruidas no tienen tampoco dónde ir. Las temperaturas en la zona caen a los bajo cero por la noche.

Foto: La Brigada de Rescate Topos Tlatelolco. (Cedida)
Un rescatista te explica por qué salvar a víctimas de un terremoto es más difícil de lo que crees

Y no hay alivio a la vista. El Gobierno sirio de Bashar Al Asad ha pedido a las Naciones Unidas que toda la ayuda humanitaria entregada a Siria pase por manos del Gobierno central, lo que ha sido leído como una forma de potenciar su narrativa de soberanía sobre una zona controlada por las facciones opositoras como un nuevo medio de presión. El terremoto y su destrucción es, también, una oportunidad para pedir que muchas de las sanciones que pesan sobre el régimen sirio sean levantadas.

Hasta antes del seísmo, el Gobierno de Al Asad solo permitía el acceso de ayuda humanitaria de la ONU por un único paso fronterizo, y la mayoría de la ayuda —de la que ya dependían más de cuatro millones de personas— entraba por las rutas desde Turquía, cuyo Gobierno mantiene lazos con los grupos rebeldes.

Sin embargo, la destrucción masiva de las infraestructuras del sur de Turquía impiden que ahora se pueda acceder con convoyes de ayuda humanitaria a las zonas sirias. “Las carreteras están destruidas, algunas son inaccesibles. Hay problemas logísticos que tienen que resolverse, no tenemos una imagen clara de cuándo podrá reanudarse”, ha asegurado el portavoz de la agencia encargada de asuntos humanitarios (OCHA), Madevi Sun-Suon.

Las autoridades responsables del paso fronterizo de Bab al Hawa, que une la provincia siria de Idlib con Turquía, han asegurado que todavía no ha entrado ayuda humanitaria a la región desde el seísmo del pasado lunes. "En el tercer día desde el destructivo terremoto que golpeó zonas del sur de Turquía y del norte de Siria, desde la dirección del paso fronterizo de Bab al Hawa afirmamos que hasta la fecha de esta publicación no ha llegado a las zonas liberadas del noroeste de Siria ninguna ayuda de ninguna entidad", alertaron en un comunicado.

Estamos sobrepasados, esto es demasiado grande para una organización [como los cascos blancos] para lidiar con ello”, cierra Oubadah.

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