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La fortaleza nazi inexpugnable... excepto si eras rico, blanco y poderoso Saturday, 18 February 2023


Conseguir los documentos, la ropa de paisano y la cuerda. Eso como mínimo. Y rezar para que saliera la jugada. "Era imposible salir por el tejado del castillo sin suficiente cuerda y probablemente era preferible jugar como Komandant del campo que como prisionero".

Discuto con Ben Macintyre algunas de las mejores estrategias para conseguir armar una fuga en el endiablado juego de mesa Colditz. Un tablero mítico, como lo era también la serie de BBC de 1972 que TVE estrenó en 1986. Es decir, que la vimos con la misma edad. "El juego estaba genialmente planteado porque es verdad que plasmaba la planificación y la audacia necesaria para poder montar un plan de fuga". Doy fe, se necesitaban muchos turnos para pensarse siquiera salir. "Yo era además fan de la serie, claro, pero con el tiempo descubrí que no dejaba de ser una propaganda británica de la posguerra".

Foto: Adolf Hitler visita la fábrica de BMW. (Wikipedia)
El mito de la eficiencia nazi es cierto: la escuela de negocios más prestigiosa la fundó un ex-SS

Lo sabe bien Ben Macintyre que acaba de publicar Los prisioneros de Colditz. Supervivencia y fuga de la más inexpugnable fortaleza nazi (Crítica) aborda lo que pasó realmente en esta prisión durante la II Guerra Mundial. En la serie todos los protagonistas eran oficiales británicos con perfecto bigote y educación exquisita menos un americano que era tonto, pero lo cierto es que los ingleses eran minoría frente a la suma de polacos, franceses, holandeses… Además había una superpoblación de oficiales británicos de clase media alta que trasladaron el clasismo de las islas hasta la misma fortaleza nazi: esos perfectos caballeros ingleses que se vienen a la cabeza cuando piensas también en La gran evasión, la película que inmortalizó la fuga de Stalag Luft III.

Portada de ‘Los prisioneros de Colditz’, el nuevo libro de Ben Macintyre.
Portada de ‘Los prisioneros de Colditz’, el nuevo libro de Ben Macintyre.

La cuestión del juego no es baladí porque en la serie y las películas que se rodaron sobre el tema la fuga no deja de aparecer nunca como un gigantesco reto, una especie de entretenimiento lejos del frente que funcionaba como una gran sustitución de la lucha en el frente para unos oficiales que habían salido de la guerra muy pronto. Alguna batalla tenían que ganar, además de ocupar su mente en unas prisiones que tampoco eran un hotel de cinco estrellas. "Un aspecto serio sobre el juego es que fue inventado por Pat Reid, que es el gran creador del mito sobre Colditz. De hecho él sólo estuvo un año y medio porque consiguió escaparse muy pronto y es el responsable de la idea de que la vida en Colditz era una especie de juego, que todo era divertido y que nunca había momentos de tedio, sino todo excitante, el juego de mesa es muy divertido pero no es moralmente complejo".

¿Qué es lo que faltaba? La división en clases sociales -que tampoco abordaba la serie ni la película-, la homosexualidad que se dio dentro de los muros, las enfermedades mentales o el racismo… Entre los muros del castillo había un sólo preso no blanco, Birendra Nath Mazumdar, indio, al que los oficiales británicos habían prohibido fugarse, y que al final consiguió ser uno de los escasos 15 que lograron escapar.

Imagen del mítico juego de mesa Colditz.
Imagen del mítico juego de mesa Colditz.

Bienvenidos a Colditz, tal y como se titulaba el primer episodio de la serie, pero al de verdad, al que ha investigado minuciosamente Ben Macintyre.

PREGUNTA. Lo primero que llama la atención es que hace falta explicar que, en realidad, no había mucho motivo para escaparse ya que en una prisión como Colditz, aunque fuera de máxima seguridad, se respetaban las normas, los alemanes les trataban bien…

RESPUESTA. Sí, esta prisión y otros campos no estaban gestionados por las SS así que no respondían a esa brutalidad que tenemos en la cabeza de los campos de concentración porque respondían a las reglas de la Convención de Ginebra de 1929, aunque no todos los campos de prisioneros de guerra fueron iguales a la hora de adherirse a estas normas. Pero debido a que Colditz era precisamente un campo para la élite, les trataban muchísimo mejor y las autoridades alemanas de la Wehrmacht se cuidaron muy mucho en este caso de no inclumplirlas, de hecho se cabreaban mucho cuando les acusaban de no hacerlo. La mayoría de los guardias solían ser soldados mayores de la I Guerra Mundial que solían tener respeto por los oficiales, sin embargo esto cambia: al principio de la guerra es así pero cuando llega al final aumentan los peligros y podían disparar a los que intentaban salir.

P. ¿Existía entonces una especie de obligación de hacer algo en la guerra, intentar escapar como forma de luchar contra el Tercer Reich o fue una cuestión de diversión dentro de ese encierro? Algo que por otra parte es lo que mostraba la popular serie…

R. Para mí la serie sigue siendo el programa de televisión que más he disfrutado en toda mi vida y en ese sentido tienes razón. La verdad es que existe un punto de diversión porque acaba siendo un juego de alguna forma y, hasta cierto punto, creo que eso es verdad, que sí que había un espíritu en Colditz de vamos a ganar la guerra de una forma diferente. Muchos de los primeros prisioneros eran soldados profesionales que habían sido capturados al principio de la guerra y a menudo sentían que habían fallado a su deber de luchar, de forma que para algunos se convirtió en algo obsesivo: escaparse y continuar con la batalla, unirse de nuevo a sus unidades y continuar con la guerra. No había una obligación específica pero sí una cierta presión respecto al sentido militar. La serie, que está rodada en blanco y negro, lo es en más de un sentido… Retrata Colditz como una fábula moral, están los buenos y los malos los ganadores y perdedores, todo están comprometidos con un proyecto común de cavar un túnel y salir de ahí con un sentido muy patriótico. No deja de ser propaganda de posguerra, un poco como la sensación de que para honrar a estos prisioneros que no pudieron participar en la guerra también hicieron su parte allá donde estuvieron su rol en la victoria.

P. En el libro la cantidad de planes de fuga deja la sensación de que muchos eran en sí mismos una forma de escapismo, de salir de los muros de Colditz aunque fuera mental y no de forma real… Está por ejemplo la increíble historia del planeador, que es alucinante…

R. Es exactamente así. Tanto en español como en inglés escapismo tiene una acepción diferente que no es la de escapar, la de fugarse de un espacio físico, sino la de cualquier actividad que pudiera hacer olvidar y trasladarse de esa realidad desagradable que era estar presos en Colditz. Efectivamente dentro de los muros había una gran biblioteca, se montaron muchas obras de teatro y por supuesto estaban los propios planes de fuga que sí, en algunos casos funcionaron más que como método de fuga real como una forma de escapismo: el planeador no iba a volar nunca probablemente, pero involucró a mucha gente en su construcción, en la forma de diseñarlo, en el modo de obtener los diferentes materiales, de esconderlo de los guardias, de buscar el punto más alto y tratar de lanzarse desde allí... Muchos cálculos, trabajo y ocupación para la mente. Fue un esfuerzo colectivo inmenso que permitió que mucha gente se coordinase y aunase sus esfuerzos y era muy imaginativo, el vuelo era un vuelo de fantasía, más allá de los muros de Colditz, y eso cobra más fuerza en la segunda parte de la guerra porque a medida que se va a haciendo más difícil escapar y la respuesta de los alemanes es más dura a los intentos de fuga, muchos de los prisioneros se refugiaron en ese pequeño mundo imaginario en el cual poder salir
de alguna forma llenando sus horas con otras posibilidades de fuga.

El escritor británico Ben Macintyre, experto en la I y la II Guerra Mundial.
El escritor británico Ben Macintyre, experto en la I y la II Guerra Mundial.

P. Lo que más sorprende es un aspecto desconocido de estas historias como la de La gran evasión de Stalag Luft y es que había un rígido sistema entre los oficiales británicos, clasismo y racismo ¿Se podía fugar todo el que quisiera?

R. No, estaba reservado a los oficiales realmente. Sí, ese fue uno de los descubrimientos más notables que hice sobre lo relativo a Colditz, de lo que no sabía nada antes de empezar el libro. Había una profunda división social entre los oficiales, la mayoría de clase media alta -que había ido a los colegios más elitistas, y allí dentro de una fortaleza nazi seguían teniendo sirvientes que les cuidaban- y soldados rasos que también estaban presos en Colditz y que no tenían ninguno de los derechos ni los privilegios que sí tenían los oficiales -allí dentro cocinaban, limpiaban, les sacaban brillo a las botas…- y no les permitían en cambio formar parte de algún plan de fuga. Esto es realmente extraordinario, yo me quedé alucinado cuando lo descubrí: había una clase obrera y una clase dirigente que vivían vidas completamente separadas, así que una serie de individuos, por el hecho de ser de una clase más baja no tenían las mismas oportunidades ni siquiera de escapar.

Luego, arriba del todo, existía un grupo de aristócratas, el grupo de los preminentes, que eran nobles directamente, y que Hitler malentendió en el sentido de que pensó que esas personas, por ser duques o sobrinos del rey, eran poderosas, pero no era así, en Inglaterra eran ricos pero nada más. Lo que sí me parece increíble es que los británicos llevaran hasta Colditz su sistema de clases; probablemente Inglaterra sea el país más clasista del mundo, están obsesionados con eso.

El castillo alemán de Colditz.
El castillo alemán de Colditz.

P. Tu libro derriba realmente muchos mitos sobre esa historia que ha vendido Inglaterra sobre los oficiales y su comportamiento durante la guerra. ¿Había división entre los prisioneros?

R. La historia de Colditz después de la guerra para los británicos fue la de honrar a los que allí estuvieron presos, pero también la de propagar un mito sobre la forma en la que se comportaron durante el conflicto bélico, y había ciertos elementos que no podían ser introducidos en la historia. De los 72 libros que fueron escritos antes que el mío ninguno, absolutamente ninguno, menciona la homosexualidad, era un tabú máximo, incluso aunque todo el mundo en la prisión supiera por supuesto que pasó. La idea de que pudieras encerrar a 700 hombres durante cinco años sin ninguna mujer y no se produjeran algunos de estos episodios es ridícula, pero no se podía hablar del tema. Lo mismo pasa con el racismo. Uno de los aspectos más conmovedores de toda esa experiencia es la historia del soldado indio: el único prisionero no blanco de todo el castillo, que consiguió escapar, y que fue extraordinaria porque consiguió salir a pesar del hecho de que los oficiales británicos le prohibieron expresamente hacerlo. Y su historia jamás se había contado, han hecho falta 70 años para que fuera así y se debe sencillamente a que ese soldado, Birendra Nath Mazumdar, era del color equivocado para salir de allí. En la posguerra inglesa y americana, europea si me apuras, no se quería oír una historia que no tuviera nada que ver con soldados blancos. Eso destruye otra de las leyendas de Colditz, la de que todos eran iguales, que eran un grupo de camaradas ayudándose los unos a los otros para conseguir salir de allí. Era una comunidad muy unida, pero sólo en algunos aspectos, porque también se encontraba profundamente dividida respecto a la política. Por ejemplo entre comunistas y fascistas.

P. ¿Cuál fue el mejor plan de fuga de Colditz en tu opinión?

R. El que a mí me parece más interesante es el primero, el de Airey Neave, que además es una gran figura en la historia británica del siglo XX, porque después de fugarse de Colditz fue asesinado en un atentado terrorista por nacionalistas irlandeses —no del IRA— en 1979, cuando podía haberse convertido en un gran político en Gran Bretaña, Su primer intento fue un auténtico desastre porque confeccionó su propio uniforme y éste era completamente inútil, de color verde fosforito, y cuando le iluminaron los focos pareció una especie de gnomo o elfo… Pero no se rindió: volvió a la prisión, donde se pasó meses creando un uniforme que diera el pego. Y no sólo daba el pego sino que lo clavó, tanro que él y un oficial holandés salieron caminando por la misma puerta principal, mientras los alemanes les saludaban. Sólo por lo excitante que supone ese plan, y también por la suerte, me parece la fuga mejor y más perfecta, la que lo define todo. Se hizo muy conocida después de la guerra, en parte porque el propio Airey Neave se lo contó absolutamente a todo el mundo y lo repitió constantemente en prensa, libros, etc. También me encanta la historia del aristócrata francés oficial de caballería que, simplemente, saltó por encima de la alambrada y después corrió, después robó una bicicleta y consiguió llegar hasta Suiza. Lo que más me gusta de su historia es que él estaba muy orgulloso de su ropa y de sus trajes, que eran muy buenos, y que tuvo que dejar atrás en su fuga. Pero dejó un mensaje en el que pedía por favpor que se los enviaran a Francia… ¡Y el comandante de Colditz lo hizo!.

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