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’Manodrome’: una fábrica de incels y hombres resentidos y frustrados Tuesday, 21 February 2023


"Logra escaparte de la ginecoesfera. No hay más Dios que tú. Tú creaste el fuego y ahora tienes que recuperarlo. Tú encontraste el sol y ahora tienes que recuperarlo. Tienes que recuperar lo que es tuyo". Estamos en el salón de una casa de madera, bonita y acogedora. Alrededor de un chico más bien joven, vestido con ropa deportiva y con el pelo teñido de naranja, un grupo de hombres bastante heterogéneo -los hay caucásicos y afroamericanos, los hay sesentones y casi adolescentes- se abrazan y repiten un mantra que funciona como una inyección de virilidad.

Todos ellos son hombres heridos a los que la vida les ha puesto en alguna ocasión al borde del precipicio: paro, divorcio, custodia. El enemigo común: la mujer como Pandora, como fuente de todos los males. Como en una asociación de Alcohólicos Anónimos, ellos cuentan el tiempo que llevan limpios -pero en vez de abstemios, abstinentes sexuales-. Hombres que necesitan recuperar el respeto que sienten que la sociedad les ha arrebatado, que las mujeres les han arrebatado, que los gays les han arrebatado. Atravesados por la ansiedad y por la falta de autoestima, el único espacio seguro es el manodrome.

El manodrome es esa nueva familia, compuesta por sus nuevos hermanos y por una figura paterna, la del líder, que aporta la seguridad y la paz que sus almas necesitan. Una fraternidad en la que pueden hablar de sus miedos sin ser juzgados, en la que pueden canalizar la rabia interior que les hizo descarrilar sus vidas. En la que pueden recuperar la hombría que las mujeres las robaron. Esto es Manodrome, la última película del director y guionista sudafricano John Trengrove, que compite por el Oso de Oro en la 73 edición de la Berlinale. Protagonizada por el oscarizado Adrien Brody (El pianista, 2002) y el oscarizable Jesse Eisenberg (La red social, 2010), Manodrome es probablemente la película más comercial de la sección oficial, la que puede convertirse en una de las películas indies -indie de presupuesto medio-alto- del año.

Adrien Brody en el papel de gurú de la fraternidad.
Adrien Brody en el papel de gurú de la fraternidad.

Trengrove cuenta la historia de un tipo normal, un tipo cualquiera, frustrado con una vida insatisfactoria en la que se siente atrapado y emasculado. Ese tipo es Ralphie (Eisenberg), un treintañero que espera su primer hijo con su novia Sal (Odessa Young, una de las protagonistas de la muy fresca y muy recomendable Nación Salvaje). Viven juntos en el piso que la madre de Ralphie le dejó en herencia. Gracias a ello pueden sobrevivir a pesar que que Ralphie ha perdido su trabajo. El poco dinero que ganan al mes viene del trabajo como cajera de Sal y de los clientes que consigue Ralphie como conductor en una aplicación colaborativa. El precio de los pañales y ropa para el bebé y las facturas de las consultas ginecológicas han puesto su exigua economía doméstica al límite. Los problemas impiden que Ralphie se empalme y ya no hay deseo sexual, sino distancia y rutina.

La única válvula de escape para Ralphie son las horas de gimnasio y musculación; pero allí también se siente humillado por los cuerpos voluminosos y definidos de un grupo de afroamericanos homosexuales. Ralphie se siente pequeño, se siente inútil, poco hombre. Hasta que su camello de anabolizantes le presenta a los miembros del manodrome.

La entrada en la fraternidad provoca que Ralphie desate unos sentimientos incontrolables.
La entrada en la fraternidad provoca que Ralphie desate unos sentimientos incontrolables.

Manodrome analiza en clave de thriller con tintes de comedia la herencia de las masculinidades tóxicas que acaban confluyendo en hombres perdidos e iracundos que se sienten víctimas de una sociedad que los desprecia y los acorrala. La repetición de patrones y roles de género que los hacen (y nos hacen) infelices y agrandan la falta de entendimiento entre géneros. La canalización de una frustración que se convierte en ira y que puede acabar estallando violentamente. Es una mirada pop sobre el fenómeno incel, ese grupo de jóvenes y no tan jóvenes que basa su filosofía en la misoginia -en diferentes grados- y en la que se fomenta un discurso disfrazado de autoayuda, pero que al final retroalimenta las posturas más radicales.

Gracias a la fraternidad, Ralphie empieza a conectar con sus emociones reprimidas. Pero rápidamente abrirá una compuerta difícil de cerrar que lo lanzará a una espiral irrefrenable. Jesse Eisenberg vuelve a demostrar que es uno de los actores más interesantes del cine indie estadounidense -todo lo indie que puede ser una película producida por Riley Keough, nieta de Elvis Presley-, y que Adrien Brody es un actor injustamente infrautilizado que parece que, después de unos años perdido en proyectos delirantes de dudosa calidad -aunque siempre rescatado por Wes Anderson-, regresa, por fin, a primera división.

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