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ARCO: mucha acumulación, poca transgresión Tuesday, 21 February 2023

Coincide la mítica ARCO estos días en IFEMA (Madrid) con una Feria de Energía y Medioambiente y otra del Ocio y el Juego. Concluidas las tres, tendrá lugar una feria de la carne, denominada rumbosamente Meat Attraction. El ambiente en la puerta, por lo tanto, es de todo menos variado: gente de negocios. A IFEMA se viene a hacer negocios o a fingir que se saben hacer, ya sea traficando con megavatios, ya con pinturas al óleo. Todo retumba de profesionalidad y postureo, abundan los hombres sin corbata, el azul marengo, identificaciones colgadas del cuello, mucha juventud aspiracional y mucho management, y gente que sale o entra arrastrando maletitas con ruedas. La clave del negocio es la movilidad, y no tener ni idea de qué vendes. Uno puede ser despedido de su empresa de juegos hoy mismo, o de una galería por colgar mal el cuadro de su artista estrella, y llegar a tiempo para participar, desde su nuevo trabajo en la industria cárnica, en la Meat Attraction, “la cita con las mejores carnes del mundo”.

ARCO lleva 42 años proponiendo expresiones contemporáneas del fracaso y defunción del arte, como ha establecido, dicha defunción, Félix de Azúa en Volver la mirada (Debate). Ya no sabemos qué hacer, y por eso hacemos ARCO, dado que en el resto del mundo siguen también haciendo arte, haciendo cosas. Más que una feria, es como un bufé libre de repostería intelectual para las clases privilegiadas y, por qué no, un sitio para ligar. Ir a ARCO es ir a la pastelería de moda y, al mismo tiempo, tradicional, porque a lo mejor sales casado. ARCO, si tiene un éxito, es estar tradicionalmente de moda. Son sólo cinco días.

Varios artistas han descubierto en esta edición de ARCO que colgar la ropa es poético.


Yo fui varias veces en los años 90, porque ser joven e ir a ARCO tiene todo el sentido. El arte contemporáneo es como los libros difíciles: sólo te acercas si la energía la pones tú. Uno, de joven, se esfuerza por entender, y se esfuerza también mucho por discrepar. Arremeter contra la obra conceptual o abstracta de forma virulenta y
desacomplejada no es lo propio de la gente inculta, sino lo propio de la gente joven. Así, de primeras, no tiene uno ya fuerza para llevarse las manos a la cabeza con
las ocurrencias, transgresiones y texturas que se proponen en un par de pabellones gigantescos, en cientos de cubículos donde cada galería ha dispuesto a última hora las obras que desea vendernos. En realidad, hay cierto goce en estas citas de arte contemporáneo, en la pura acumulación de ideas y colores, de materiales y formas, al punto de que estas ferias tienen algo de parque de atracciones del objeto. No hay que pensar que todo esto es arte, ni que sus autores son vanidosos hasta lo asesinable, sino que nos encontramos en un bazar o un mercadillo, donde el objeto multiplicado siempre acabará llamando nuestra atención por los motivos menos pomposos, casi por razones personales.

Paseando sin rumbo entre las obras, uno, que no tiene ni idea, descubre que todo le suena a algo. Abundan los lienzos coloridos a la manera de Ponce de León, los
pegotes, muchos pegotes, una sucesión increíble de pegotes en la línea de Barceló o Tapies; el brilli brilli frívolo donde resuena Jeff Koons en la galería Perroti; casi el plagio descarado de las esculturas de Juan Muñoz en el espacio de David Zwirner. También varios artistas han descubierto que colgar la ropa es poético, y varias obras son ropa colgada, incluso un tendal al completo se presenta como obra política de denuncia en W-Galería, de Buenos Aires.

Brilli brilli con ecos de Jeff Koons en la Galería Perroti.
Brilli brilli con ecos de Jeff Koons en la Galería Perroti.

Con todo, hay poca política en la feria, y lo más transgresor o estomagante es ver a Pablo Picasso de cuerpo presente, obra ya algo antigua de Eugenio Merino. También hay poca tecnología, apenas un puñado de pantallas de televisión aquí o allá, y la tecnología más empleada por nuestros artistas en 2023 es, de hecho, la letra de molde, la escritura. Abundan en esta edición las frases como obra de arte, o la obra de arte con una frase dentro. “My body is in your hands”, leemos, entre otras muchas afirmaciones trascendentes, en la galería ACB, dentro de lo que parece una antena parabólica oxidada.

Y, más allá, sobre un pañuelo negro dentro de una caja, se lee: “Sophie Calle, artist without child by choice” (“Sophie Calle, artista sin hijos por elección”).
Justamente los hijos, cuando son pequeños, son los mejores críticos de arte contemporáneo, pues no tratan de entender las obras, sino de disfrutarlas. Cualquier niño
se asustaría ante el Picasso muerto, pero disfrutaría mucho de los pajaritos colgados en la galería de Patricia Ready, exactamente igual que disfruta del Museo de las Ilusiones (Madrid). ¿Eso es arte?, podemos preguntarnos, esos pajaritos. Lo dudo. Pero lo que uno no entendía hace veinte años en sus visitas a ARCO ahora resulta que no lo entiende mejor.

Pajaritos colgados en la galería Patricia Ready.
Pajaritos colgados en la galería Patricia Ready.

La idea de dedicar esta edición al mar Mediterráneo ha dado como fruto un espacio de color terroso donde parecen coincidir las peores obras de la feria, casi plenamente destruidas por el hecho mismo de tener un tema que las agrupe. Esperaba uno, sí, más transgresión, más titulares, más Franco o más muertos, y al
final lo más incorrecto de visitar ARCO es acordarse de que cuatro o cinco días después de su finalización se inaugurará la Meat Attraccion: varios miles de metros cuadrados dedicados a la carne, a trozos de carne, a animales troceados. Producto ordenado además según una sagaz tipología que puede aplicarse también a las obras de arte, pues las carnes sólo pueden ser de tres clases: “frescas”, “congeladas” y “otros”.

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