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Si todavía no has entendido quién es Putin, este hombre te lo explica con un cómic Sunday, 12 February 2023


Pintar a Vladímir Putin como un villano de cómic no parece complicado. El presidente ruso, antes de serlo, fue un espía de la KGB. Hemos visto fotografías de él sin camiseta, marcando músculo y memes que casi han pasado a la historia, como el de Putin montando un oso. Andrew S. Weiss ha cogido todas estas imágenes que tenemos de él y las ha convertido en un cómic sobre la infancia, adolescencia y llegada al poder del mandatario. En Zar Accidental: vidas y mentiras de Vladímir Putin, el caricaturista Brian Box Brown ha ilustrado las palabras de Weiss sobre sus conocimientos del presidente ruso. Coincidió con él en varias ocasiones, cuando trabajaba en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en el Departamento de Estado de EEUU y en la Casa Blanca.

En el prólogo del libro, Weiss subraya una de sus principales motivaciones para escribir este libro sobre Putin después de la invasión a Ucrania: hacernos ver que esa imagen del presidente poderoso y sin piedad que monta un oso dista mucho de la realidad. La última frase de su prólogo es una declaración de intenciones. "Si queremos lidiar de manera efectiva con Putin, tenemos que hacerlo mejor. Tenemos que entender sus motivaciones, así como la carga histórica que ayudaron a darles forma. Tenemos que ver las partes de un hombre que es en muchos sentidos común, aunque los problemas que ha provocado son extraordinarios. Y por eso he escrito este libro".

Foto: Yevgeni Prigozhin, el ‘chef de Putin’, asiste al presidente Vladímir Putin, en noviembre de 2011. (Reuters/Misha Japaridze)
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PREGUNTA. En su libro y en las entrevistas anteriores que ha dado insiste en la visión distorsionada que tenemos de Putin. ¿Por qué fue esta una de sus principales motivaciones para escribir el cómic?

RESPUESTA. La imagen de Putin es muy sensacionalista y se ha convertido en una figura que va más allá de su vida y logros. Como si fuera un villano de una película de Marvel. Pero no representa quién yo considero que es en realidad. Nos hemos convertido en víctimas de la exageración, del sensacionalismo, y no tenemos autoconciencia sobre cómo nos metimos en los problemas actuales que tenemos con él. No se trata simplemente de que fuera un agente de la KGB que odiaba a Estados Unidos desde que era un bebé. Ha sido una conducta que ha se ha repetido en distintas épocas.

La otra cosa que me motivó para escribir el libro fue que si nos enfocamos demasiado en Putin, perdemos el panorama general de lo que hace a Rusia ser Rusia, un país muy difícil de tratar en Europa y en el escenario mundial. Y no ha sido solo por Putin. Estas son dinámicas históricas más importantes a largo plazo en las que mucha gente no piensa inmediatamente cuando se pregunta: ¿por qué odio tanto a Putin o por qué odio tanto lo que está haciendo en Ucrania?

P. ¿Cómo describiría la personalidad de Vladímir Putin?

R. El libro que empieza con una escena de Putin cuando era joven. Pierde los estribos y se pelea en un metro; eso interrumpe su carrera inicial en la KGB porque es visto como un exaltado, alguien que no puede controlar sus emociones y que se mete en problemas porque es demasiado emocional. Luego hemos visto eso a lo largo de su vida, un lado de él que es muy impulsivo y no siempre piensa en las consecuencias. Ucrania es el mejor ejemplo. Yo pude ser testigo cuando trabajé en la Casa Blanca y vimos de cerca lo emocional que puede ser, algo muy diferente a la imagen que el Gobierno ruso quiere que creamos, ese Putin estratega. Es cierto que es muy astuto, táctico y muy bueno improvisando y jugando con las debilidades de las personas. Eso no podemos olvidarlo, pero cometemos un error si suponemos que ha pensado en las implicaciones estratégicas de lo que está haciendo. A menudo hace cosas que tienen sentido a muy corto plazo, pero que a largo plazo son potencialmente muy malas para Rusia y potencialmente muy malas para nosotros. Y tenemos una tendencia a pensar que él piensa de la misma manera que nosotros y ve los costos y los beneficios de la misma manera que nosotros, y ese no es el caso.

Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)
Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)

P. ¿Cómo fue la carrera del presidente ruso como espía de la KGB?

R. En este punto hay dos cosas importantes a tener en cuenta. La primera es que Putin no fue una persona exitosa en la KGB. Su carrera no fue bien. Fue un mediocre y tuvo una carrera regular. Cuando ya estaba dentro de la KGB lo mandaron a Alemania Oriental en parte porque tenía fama de impulsivo por capítulos como la pelea en el metro. Su carrera se descarriló por eso, aunque luego lo vendan con el glamour de la KGB, estilo James Bond, para que parezca un hombre más misterioso de lo que realmente es. Cuando Putin ere pequeño le gustaba mucho la cultura pop de la Unión Soviética, sobre todo en las películas y programas de televisión sobre espías de la KGB. Cuando fue elegido por primera vez para convertirse en presidente de Rusia, los expertos en imagen del Kremlin intentaron que se viera y vistiera como uno de esos héroes de la cultura pop soviética de los años 60 y 70. Fue muy incómodo porque Putin no se parece nada a actores como George Clooney y tenían que disfrazarlo en fotos y apariciones en los medios como si fuera una estrella de cine. Fue muy chapucero.

Por otro lado, también me enfoco en que los servicios de inteligencia soviéticos y ahora rusos tienen un largo historial de fracasos vergonzosos y tienen fama de descuidados. Dejan sus huellas dactilares en todo el mundo aunque son efectivos en otros sentidos. Un ejemplo claro es el espionaje en Cataluña. No fue una misión muy astuta que digamos, y eso mismo lo repitieron en la injerencia en las elecciones presidenciales de EEUU de 2016. A veces nos olvidamos de estas cosas porque nos seduce el glamour y el misterio.

P. ¿Cómo influye lo que Putin aprendió en la KGB en su trayectoria como presidente de Rusia?

R. Putin ha tenido mucho éxito utilizando las herramientas encubiertas del Gobierno ruso para desequilibrar a países como Estados Unidos. Ha aprendido a actuar para pillar a la gente por sorpresa. La operación en Crimea en 2014 fue un buen ejemplo de cómo movimientos muy audaces y dramáticos pueden poner a un país entre las cuerdas que de un día para el otro tiene que adaptarse a la realidad que ha creado Rusia. En otras ocasiones estos impulsos han provocado situaciones de incompetencia, como cuando se derribó el avión de pasajeros MH17 mientras sobrevolaba Ucrania. El Kremlin pensó que era un avión militar ucraniano y mató a 300 personas.

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Hemos visto cosas como esta más veces, aunque en ocasiones les ha funcionado, como en la intervención en Siria. Pero también estamos viendo la repetición de la estrategia rusa en Siria en términos de bombardeos a civiles inocentes y objetivos no militares. Todos los días, en Ucrania, la gente experimenta lo que los sirios han tenido que afrontar: Rusia atacando hospitales y escuelas y un intento deliberado por crear miseria para la población y quebrantar la voluntad política de los líderes ucranianos. Todo esto no significa que tengamos un espía dirigiendo la operación militar. Significa que tenemos a alguien dirigiendo una operación militar que no tiene el mismo código moral bajo el que operamos.

P. ¿Visualiza un futuro próximo sin Vladímir Putin como presidente de Rusia?

R. Eso sería maravilloso, si de repente abandonara Ucrania y devolviera todo el territorio que capturó en 2014. Pero no lo veo realista y creo que nuestra política tiene que girar en torno a la posibilidad de que Putin piensa que puede sobrevivirnos. Él apuesta a que Rusia tiene más paciencia y más capacidad de resiliencia que nuestras sociedades y políticos. Por desgracia, no está tan equivocado en eso. Hemos visto que, en Rusia, el valor de la vida humana es diferente al de los países occidentales. Está dispuesto a hacer cosas y correr riesgos que ningún líder occidental haría. Escribir tuits contra él o insultarle no es suficiente. Esto, por desgracia, es una guerra. El punto focal de cualquier guerra es imponer dolor al otro lado, y de eso se trata.

Hay un cliché cierto sobre Rusia, que se basa en que nunca es tan fuerte o tan débil como parece. Tenemos un problema realmente serio ahora que estamos en este estado permanente de hostilidad con Rusia, porque Putin, por ahora, no se irá a ninguna parte. Podemos esperar que se meta en tantos problemas que mañana haya una revolución popular en Rusia pero algo así es muy poco probable que suceda. Debemos ser realistas sobre lo decidido que está Putin para continuar en el poder. Él no se avergüenza. No tiene elecciones. No le preocupa que la élite se levante contra él. No se preocupa por la economía rusa. No le preocupa renunciar a los beneficios de la globalización que disfrutó Rusia durante 30 años. Se trata de sobrevivir y se trata de mantener a sus adversarios alejados y a raya.

Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)
Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)

P. Si Putin continúa en el poder, ¿veremos un colapso de Rusia?

R: El país es volátil e impredecible, así que es posible que me equivoque. Putin podría irse mañana o quedarse muchos años más. Pero la realidad es que veremos a una Rusia menos rica, más aislada, más atrasada tecnológicamente y más hostil hacia el mundo exterior. Pero eso no significa que Rusia colapsará y no significa que se volverá tan débil como lo fue en la década de 1990. Algunas personas están generando expectativas de que Rusia se derrumbará como resultado de esta guerra. Creo que esas expectativas son probablemente poco realistas y la gente no está pensando en las fuentes de resiliencia y la autosuficiencia del sistema ruso. El país ha pasado por grandes catástrofes y todavía se las arregla para levantarse cada mañana y seguir adelante.

P. ¿Cuál su parte favorita del libro?

R. La descripción de las tres secciones del cerebro de Putin. Una de ellas es la KGB y las cosas que ha aprendido, esa forma de ser espía en parte conspiranoica. Otra son las experiencias de vida, las cosas que ha aprendido en su vida y todos los complejos que le han acompañado. Y el último hemisferio de su cerebro es el mundo real: toda la información que tiene para entender el mundo. El problema de tratar con Putin es que va y viene entre estas tres secciones de su cerebro cuando hablas con él y nunca sabes en cuál está confiando realmente. Va y viene constantemente.

Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)
Imagen de ‘Zar Accidental’. (Cedida)

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