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Deja de hacer tantas fotos en tus viajes: la importancia de la memoria ecoica Friday, 17 February 2023


Cuando colocamos a nuestro cuerpo y nuestra mente en un lugar desconocido, los sentidos se disparan, de ahí que posteriormente guardemos en la memoria los recuerdos de una forma tan intensa y digamos aquello de "parece que fue un sueño". Recorrer un bosque, salir a las vistas de un pedregoso acantilado o dormirnos con el murmullo de una ciudad en la que nunca hemos estado son experiencias que rebasan la experiencia por su novedad. Sentimos el cuerpo "raro". Seguramente hayas tenido que coger un avión más de una vez sin haber dormido nada la noche anterior y, para aprovechar el tiempo, has pasado el día siguiente despierto descubriendo cosas nuevas. Entonces, te preguntarías cómo es posible aguantar tanto tiempo despierto, y esto se debe precisamente a esa emoción presente en cada viaje.

Ahora bien, cuando rememoramos nuestra última aventura, lo más común es que revisemos las fotos para recordarla. De hecho, en las guías turísticas y los posados de Instagram, la imagen tiene supremacía sobre todo lo demás. "Cosas que hay que ver en (agregue aquí su destino favorito)", son los encabezados que aparecen en las webs de viajes, como si toda nuestra experiencia se resumiera en lo que pasa por nuestros ojos. A decir verdad, los monumentos y las calles importantes se ven, pero el sentido que de verdad nos sumerge de lleno en esa otra realidad a cientos de kilómetros no es la vista, sino el oído.

El sonido nos brinda la información suficiente como para hacer la experiencia mucho más inmersiva

En un sentido filosófico, el sonido es lo que confiere sustancia a lo real, lo que hace que los objetos pesen, lo que convierte animado a lo inanimado. Piensa, por ejemplo, en que tu teléfono móvil se cae; si no hiciera ruido, no podríamos valorar al instante si ha estado a punto de romperse o ha sido un pequeño golpe inofensivo para su cubierta. Luego, evidentemente, palparíamos el estado de la pantalla y haríamos un escrutinio visual para ver si tiene una raja, pero la primera sensación que nos da la máxima información posible en una milésima de segundo es la que nos entra por los oídos.

La memoria ecoica

Aplicado a los viajes, el sonido de una ciudad extranjera o de un bosque en una latitud muy distinta a la nuestra, nos brinda la información suficiente como para hacer la experiencia mucho más inmersiva: el lenguaje hablado de unos lugareños que no entendemos, el sonido de unos pájaros que no son de la especie de nuestro espacio geográfico cotidiano o las sirenas de una ciudad en plena ebullición matutina. Todo ello hace que estemos inmersos en el paisaje, desarrollando inconscientemente una memoria auditiva que nos transporta directamente a esos lugares desconocidos.

Aunque el sonido queda registrado en nuestra mente al igual que las imágenes, nos parece que recordamos mucho mejor lo que vemos

James Giordano, catedrático de neurobiología del Centro Médico de la Universidad de Georgetown, en Washington DC., llama a esta curiosa capacidad cerebral como "memoria ecoica", la cual consiste en el recuerdo inconsciente de toda la información acústica que hemos recibido y almacenado en nuestro cerebro a través de los oídos. Sucede como cuando te acuestas una noche después de haber pasado mucho rato con una o dos personas. Si te concentras demasiado o incluso cuando estás a punto de quedarte dormido, puedes oír un débil eco de sus voces, ya que el cerebro se acostumbra y habitúa tanto a un mismo tono y timbre de voz que, de manera inconsciente, emerge sin avisar.

Foto: Foto: iStock
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"Piensa en el cerebro como una máquina de espacio y tiempo", asegura Giordano en un reciente artículo de la BBC que explora este superpoder. "La mente nos permite transportarnos literalmente hacia atrás y hacia delante en el tiempo. La memoria ecoica es lo que exactamente su nombre indica: un eco de algo que ocurrió". Lo malo, apunta el académico, es que a pesar de que el sonido queda registrado al igual que las imágenes, nos parece que recordamos mucho mejor lo que vemos y tocamos que lo que oímos.

Un estudio de la Universidad de Iowa reunió a un grupo de estudiantes en dos experimentos para que esuccharan sonidos, miraran imágenes y sostuvieran objetos en sus manos. En el primero, se les pidió que recordaran si varios estímulos eran iguales o diferentes tras un período de tiempo determinado. En el sentido, se les pidió que recordaran lo que habían oído, visto y tocado al cabo de una hora, un día y una semana. En ambos experimentos, los recuerdos sonoros de los alumnos eran mucho peores que sus recuerdos táctiles o visuales, y cuánto más tiempo transcurría, más se perjudicaban.

El placer de recordar el sonido

Así, las conclusiones del estudio dejaron patente que si hacemos una foto de algo durante nuestros viajes y grabamos el sonido de ese mismo instante, nos acordaremos mejor cuando volvamos a ver la imagen de ese momento concreto que cuando escuchamos lo que se oía dentro de ella. Esto, a pesar de demostrar que poseemos poca capacidad de memoria ecoica, se vuelve especialmente interesante cuando intentamos recordar ese punto de nuestro viaje, ya que entonces se vuelve más fresco, como si lo reviviéramos otra vez. Unas voces que se oyen a lo lejos o las nuestras propias, lo que dijimos en ese momento determinado, de repente es como si todo ello nos transportara de inmediato al recuerdo de una manera muy lúcida y tuviéramos que volver a recrearlo.

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Al igual que cuando de pronto hueles un aroma que creías olvidado pero que quedó registrado en la memoria y te lleva a un momento del pasado muy concreto o a una persona a la que ya no volviste a ver, el sonido también puede remover experiencias antiguas de una manera muy evocadora y emotiva. Así lo reconoce Giordano, quien razona que "nuestras vivencias de ciertos escenarios suelen estar vinculados a otros aspectos y dimensiones de la experiencia". No solo emerge el recuerdo de ese instante al ver las fotos, que nos lleva a pensar directamente "yo estuve allí". El sonido, en este sentnido, tiene un poder más sensitivo y emocional, ya que no nos transporta de una manera tan fiel a ese recuerdo como la imagen, pero sí de un modo más sensitivo y emotivo.

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