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Spielberg recibe el Oso de Honor en Berlín : "Quiero hacer una serie sobre Napoleón basada en un guión de Kubrick" Friday, 24 February 2023


El cielo blanquecino y triste de Berlín ha recibido hoy a la estrella más grande que ha pasado por la alfombra roja de la 73 edición de la Berlinale: Steven Spielberg, el hombre que inventó el modelo de los taquillazos que ahora dominan las carteleras de todo el mundo -Tiburón (1975) cambió el modelo de películas que Hollywood quería exportar al mundo- recoge este martes el Oso de Oro de Honor a toda su carrera. Es difícil que existan dos puntos más alejados que un festival como el de Berlín y el despacho de Steven Spielberg en Amblin -su productora, que recibe el nombre de uno de sus primeros cortos-: el primero exporta un cine de arte y ensayo, muy atento a las nuevas tendencias y formatos -su director artístico proviene de Locarno-, mientras que Spielberg, al que la prensa bautizó como el Midas del celuloide, representa un cine que se ha convertido en memoria colectiva para muchas generaciones -desde los setenta hasta ahora- de cualquier lugar del mundo -desde la Australia aborigen hasta el pueblo más recóndito de Cuenca-. En la rueda de prensa que ha ofrecido, periodistas de todo el mundo se han apresurado en hacerle saber el impacto que la factoría Spielberg ha tenido en ellos: "Cuando era pequeño y vivía en Berlín Este mis padres fueron a ver E.T., y yo les seguí hasta el cine en pijama", ha contado uno de ellos; "yo soy refugiado y también crecí con sus películas", ha compartido un redactor africano. Desde Indiana Jones: en busca del arca perdida (1981) hasta Parque Jurásico (1995) o Salvar al soldado Ryan (1998), no ha habido un pegamento cultural planetario como Spielberg.

Un director que no se ha prodigado demasiado en su carrera por los grandes festivales. Nunca hasta ahora había recibido un premio en Berlín, -mientras que en Cannes sólo compitió por la Palma de Oro en una ocasión, en 1974, con Loca evasión, una de sus primeras películas para el cine-, y lo hace a pocas semanas de que la Academia de Hollywood abra las votaciones para los Oscars del próximo 12 de marzo. Porque una de las grandes favoritas de este año, con permiso de la alemana Sin novedad en el frente, que suena cada vez con más fuerza, es Los Fabelman, la película más personal -por autobiográfica-, del director estadounidense. "Aunque suene a tópico, mis películas son como mis hijos y no tengo ninguna favorita. Sí te puedo decir que Tiburón es la película que más esfuerzo físico me ha costado y que, hasta ahora, La lista de Schindler (1993) había sido la más agotadora emocionalmente. Hasta que he rodado Los Fabelman: revivir muchas de las escenas de mi infancia para el rodaje fue traumático", ha confesado a la prensa.

Spielberg quiere el Oscar para la película de su vida y lo quiere ya, sobre todo para una historia tan importante para él, pero con la que no ha conseguido atraer a los espectadores hasta las salas de cine: de los 40 millones de dólares que costó hacerla, la taquilla mundial sólo lo ha devuelto 30, lo que ha debido de ser muy doloroso para el cineasta. Por eso, el proselitismo en las últimas semanas de carrera a los Oscar puede ser determinante e inclinar la balanza, sobre todo cuando el reconocimiento viene de la vieja Europa y de uno de los festivales más antiguos y prestigiosos. Ningún paso es producto de la casualidad y menos en el caso de Spielberg. "Perdí a mi padre hace tres años y a mi madre hace seis, lo que me empujó a un ánimo de recordar mucho el pasado. Los premios, como este, también te obligan a reflexionar sobre tu propia historia, sobre tu propio pasado. Recibir el premio de manos de uno de los festivales más augustos de la historia es, realmente, un honor", ha agradecido.

Los Fabelman es para Spielberg ese 8 y 1/2 propio que para un director supone la constatación de ser más que un epígrafe en los manuales de cine, la culminación de una filmografía que ha reincidido en temas como la familia, el amor al cine o el fin de la inocencia, pero que por primera vez cuenta al descubierto -sólo disfrazando a los personajes detrás de un falso apellido- la historia de los Spielberg, una familia de clase media descendiente de judíos ucranianos que llegaron a Cincinnati nada más nacer el siglo XX. En su autobiografía, el protagonista de Los Fabelman, Sammy, representa la visión Spielberg tiene de sí mismo y de su propia infancia: es un chico tímido y solitario con una relación compleja con su herencia judía -el antisemitismo estaba todavía muy instalado en la sociedad estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial- y con una adolescencia marcada por el divorcio de sus padres y sus primeros contactos con el cine, como director amateur. La filmografía de Spielberg es un regreso perpetuo a los valores de esa América de Eisenhower en la que se crió: la familia, la verdad, el honor, la patria, la libertad.

Spielberg llega al Berlinale Palast. (Efe)
Spielberg llega al Berlinale Palast. (Efe)

Spielberg siempre había querido rodar la historia de su familia. "Pero no encontraba el tiempo. El momento en el que se hacen las cosas raramente responde a una decisión consciente. No es una cosa fácil de entender", ha explicado. "Estábamos en medio de la pandemia, tiempo en el que nadie podía ir a ningún sitio, y yo estaba en casa con mis hijos y mis nietos y con tiempo para coger aire y respirar profundo. Normalmente no tengo tiempo -en mis películas siempre está presente la lucha entre el arte y la vida familiar-, pero con la pandemia tuve tiempo para reflexionar sobre el pasado y, aunque todas mis películas son personales, hasta ahora no había hecho una tan específicamente ligada a mis vivencias personales. Durante la pandemia empecé a pensar en la muerte, en envejecer y en que necesitaba conseguir el valor para contar nuestra historia".

Porque uno de los motores principales de Los Fabelman, según ha explicado, fue la memoria de su madre. "Si habéis visto la película, el retrato de mi madre, Leah, es bastante preciso. Era una mujer que celebraba la vida cada día. Era una persona muy impetuosa y a veces tomaba en su vida decisiones muy impetuosas. Hasta el día de su muerte, siempre me preguntaba cuándo iba a contar nuestra historia, que ella tenía mucho material que darme". Desde Encuentros en la tercera fase (1977) hasta La guerra de los mundos (2005), la cuestión del divorcio ha estado muy presente en el cine de Spielberg y muchos críticos piensan que Los Fabelman es la forma de saldar cuentas con el momento en que Leah Adler abandonó a Arnold Spielberg, provocando un tsunami en la familia.

La familia Fabelman al completo en la historia autobiográfica de Spielberg. (Universal)
La familia Fabelman al completo en la historia autobiográfica de Spielberg. (Universal)

"Si mis padres no se hubiesen separado, quizás no hubiese hecho el imperio del sol. Es algo que tiene que ver con el compromiso que un director tiene con la historia que está contando. Nunca he pensado en Los Fabelman como terapia. Pero cuando vas a terapia y tocas un tema que ha supuesto un trauma, inconscientemente, suele sacarse a través de arte, del dibujo, de la literatura. Hay dos cosas que siempre he querido hacer en la vida: un musical y contar mi propia historia. Lo primero lo he cumplido con West Side Story (2021), que es el mejor musical que se ha hecho para los escenarios. Y la realidad es que rodamos Los Fabelman antes incluso de empezar West Side Story, aunque se haya estrenado después por una cuestión de que se han solapado los proyectos".

Otra de los títulos en los que Spielberg trata la descomposición de la familia es Inteligencia Artificial (2001), un proyecto que heredó de Stanley Kubrick, del que era gran amigo y admirador. Y en la rueda de prensa Spielberg ha aprovechado para anunciar que ha reactivado uno de los proyectos inacabados del director neoyorquino. "Ahora mismo estamos trabajando en una serie de siete capítulos para HBO sobre Napoleón, basada en un guión original de Stanley Kubrick", ha desvelado ante la sorpresa del auditorio, que ha respondido con aplausos.

Además de Kubrick, Spielberg también ha hablado sobre los directores que más le han influido, en particular sobre John Ford, al que Spielberg conoció cuando empezaba su carrera como realizador de televisión, en una anécdota que cierra su última película, en la que David Lynch interpreta al director de La diligencia (1939). "Me han influido muchas películas de muchos directores de generaciones anteriores a la mía. Pero cuando tenía nueve años, creo, mis padres fueron a la película, que decían que era muy violenta, que era Centauros del desierto (1956), de John Ford. Por entonces yo vivía en Nueva Jersey y mis padre fueron a ver la película un viernes, y cuando volvieron no dejaron de hablar de ella. Así que al día siguiente, el sábado, cogí dos monedas del bote de los céntimos y fui a verla. Sólo pienso que, si mis padres me hubiesen llevado con ellos, hubieran podido explicarme una película que he tenido que ver muchas veces después para llegarla a entender".

Spielberg a su llegada a la Berlinale. (Reuters)
Spielberg a su llegada a la Berlinale. (Reuters)

"John Ford fue uno de los más grande cineastas. Siempre ha sido uno de los grandes", ha concedido. "Quizás la escena de Los Fabelman en la que aparece es una de las que ocurrieron de la maera más parecida. Ford era una fuerza de la naturaleza, con mucho genio. Durante muchos años me aterrama y me avergonzaba el encuentro que había tenido con él y lo que me dijo. Pero, un día, de repente, me di cuenta que en realidad me había dado un consejo muy útil [el de que nunca coloque la línea del horizonte en el centro de un plano]. Su consejo sobre la línea del horizonte fue un regalo que me hizo; pudo ser muy duro con sus palabras, pero, en el fondo, me estaba haciendo un regalo".

También ha hablado de la influencia que ha tenido François Truffaut -que participó como actor en Encuentros en la tercera fase (1977)- en su cine. "Hice E.T. gracias, en parte, a Truffaut. Él fue el que me dijo, con su inglés chapucero, que yo tenía un corazón de niño y que debía hacer películas con niños". De los nuevos directores jóvenes, Spielberg ha tenido palabras de admiración para los Daniels: "Me asombra lo que han hecho en Todo a la vez en todas partes", que es otra de las favoritas para arrebatarle el Oscar. No hay puntada sin hilo.

Hice E.T. gracias, en parte, a Truffaut. Él fue el que me dijo, con su inglés chapucero, que yo tenía un corazón de niño y que debía hacer películas con niños

Pero no sólo de cine de ficción ha hablado Spielberg. También ha recordado el trabajo que hace desde la Fundación Shoah, creada por él mismo en 1994 y que se dedica a reunir material documental de las víctimas del Holocausto y otros genocidios. "Cuando estaba preparando La lista de Schindler (1993) me entrevisté con muchas víctimas del Holocausto. Todas ellas me pedían que contase sus historias. Hasta que entendí que no es que quisieran que contase su historia particular en la película, sino que contase las historias de sus familias, de sus desaparecidos. Así que montamos la Fundación y empezamos a coleccionar testimonios, precisamente en Berlín. Hoy todavía sigo muy involucrado en el proyecto, pero son historiadores de todo el mundo los que están recogiendo los testimonios desde Polonia, Hungría, Alemania, a descendientes de segunda y tercera generación y nos hemos abierto a otros genocidios más allá del Holocausto. Es uno de los proyectos de mi carrera del que más orgulloso estoy".

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