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El creciente problema para la ciencia y la humanidad al que nadie presta atención Friday, 24 February 2023

La decisión más importante de nuestra civilización tecnológica está entre elegir entre beneficios comerciales y la preservación de la naturaleza. Hice mi elección hace mucho tiempo después de haberme criado en una granja. Me encanta la naturaleza tal como es. A pesar de lo que creen los físicos matemáticos, la verdad no siempre es bella y es mejor no tapar los defectos de la realidad natural con maquillaje artificial.

Un nuevo y gigantesco satélite de comunicaciones que brilla más fuerte que la mayoría de las estrellas en el cielo nocturno, comenzó a interferir con las observaciones astronómicas.

Todas las mañanas, al amanecer, corro en compañía de pájaros, conejos, patos y pavos salvajes y, a veces, un manto nevado espectacular, como ocurrió hoy. Para mantener mi mente enfocada en el mundo natural no uso redes sociales. Como científico, deseo aprender de la evidencia sobre la naturaleza y no de opiniones procesadas. En pocas palabras, mi principio rector es "del campo a la mesa (intelectual)".

Desafortunadamente, no todos están en mi club. Esto es evidente por las obvias cicatrices que las empresas comerciales han dejado en la naturaleza. La Tierra en el siglo XXI no muestra la misma belleza natural que solía tener. Permítanme ilustrar mi frustración con dos ejemplos. Uno implica mirar hacia el cielo y el otro, mirar hacia nuestros océanos.

Como astrónomo, aprecio el cielo oscuro sin la contaminación de las luces de la ciudad. Con Luna nueva, las estrellas de la Vía Láctea parecen las luces de las cabinas de un gigantesco barco que navega a través del oscuro océano del espacio cósmico. A menudo me pregunto si otros pasajeros conscientes ocupan algunas de esas cabinas y miran la luz de nuestro sol con un asombro similar.

Los astrónomos construyen telescopios en lugares remotos y elevados para evitar la contaminación lumínica. Pero los intereses comerciales llevan a empresas como SpaceX a llenar el cielo nocturno con miles de luces artificiales en forma de satélites de Internet que reflejan la luz solar desde su superficie a gran altura, de manera similar a la Luna. Ahora hay más de 3.580 satélites Starlink orbitando la Tierra, y el número podría aumentar a 12.000 en los próximos años con una extensión potencial a 42.000.

Una ilustración de un satélite Starlink en órbita.

Las brillantes trazas de estos satélites en las imágenes de un telescopio contaminarán los estudios del cielo a gran escala. Por ejemplo, el próximo Large Synoptic Survey Telescope (LSST) — equipado con una cámara de 3.200 millones de píxeles en el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile — pretende registrar todo el cielo del Sur cada cuatro días a partir del próximo año. Me preocupa particularmente que la capacidad de esta investigación para identificar objetos interestelares inusuales como ’Oumuamua, se vea comprometida por las líneas que estos satélites dibujan en nuestro cielo.

Más recientemente, un nuevo y gigantesco satélite de comunicaciones que brilla más fuerte que la mayoría de las estrellas en el cielo nocturno, comenzó a interferir con las observaciones astronómicas. El BlueWalker 3 es un prototipo de antena diseñada y construida por la empresa AST SpaceMobile. Su plato en forma de espejo tiene una superficie de aproximadamente 64 metros cuadrados, lo que lo convierte en el sistema de comunicaciones comerciales más grande que se haya puesto en órbita. La compañía planea lanzar una flota de más de cien satélites similares o incluso más grandes en el futuro, para construir una red móvil mundial.

El primer satélite BlueWalker 3.
El primer satélite BlueWalker 3.

El daño que los humanos infligen a la naturaleza también se puede observar en nuestros océanos. Al menos 14 millones de toneladas de plástico terminan en el océano cada año. El plástico constituye el 80% de todos los desechos marinos que se encuentran desde las aguas superficiales hasta los sedimentos de fosas abisales. Los estudios estiman que ahora hay hasta 51 billones de piezas de plástico en los océanos del mundo, más que el número de galaxias en el volumen observable del universo. Al ritmo actual, se espera que en 2050 el plástico marino llegue a pesar más que todos los peces del océano juntos.

En un par de meses, estaré al frente de una expedición en el Océano Pacífico para recuperar fragmentos del primer meteorito interestelar identificado. Ayer, en una reunión de Zoom con el equipo de la expedición, pregunté si el plástico interferiría con nuestra misión científica, ya que es probable que nuestro trineo magnético atrape plástico además de cualquier esférula de meteorito.

Las especies marinas ingieren desechos plásticos humanos que provocan lesiones y hasta su muerte. Los productos químicos asociados con los materiales plásticos son cancerígenos y pueden causar trastornos en el desarrollo, reproductivos, neurológicos e inmunológicos tanto en humanos como en cualquier animal que consuma especie smarinas. Como argumentó la visionaria defensora del océano, patrón y artista, Emily Penn: “El problema empieza en la puerta de nuestra casa. Es natural que las soluciones también lo hagan”.

Muestra de partículas de plástico filtradas de agua marina. Estas partículas pasan a los seres humanos en el consumo de peces y marisco, causando daños físicos y cáncer. En 2050, se estima que las partículas de plástico flotando en el océano pesen más que todos los peces en el mar.
Muestra de partículas de plástico filtradas de agua marina. Estas partículas pasan a los seres humanos en el consumo de peces y marisco, causando daños físicos y cáncer. En 2050, se estima que las partículas de plástico flotando en el océano pesen más que todos los peces en el mar.

Mirar hacia nuestro cielo o hacia nuestros océanos nos ofrece el mismo mensaje. Debemos mirar hacia adentro y cambiar nuestras prioridades. El Universo nos enseña humildad, siempre que podamos verla a través de la creciente nube de satélites comerciales. Si no cambiamos de rumbo lo suficientemente pronto, nuestro planeta llegará a estar tan contaminado que tendremos que abandonar la Tierra para poder ver la naturaleza.

Correr al amanecer en el desierto helado de Marte no me atrae. Podría haberlo intentado hace unos miles de millones de años, cuando Marte tenía una atmósfera y océanos en su superficie. Pero no ahora.

Y viajar fuera del sistema solar con una nave espacial actual llevaría decenas de miles de años hasta el sistema planetario más cercano, en Proxima Centauri, y medio billón de años en un viaje a un exoplaneta habitable al otro lado de la Vía Láctea.

Nebulosa Carina por James Webb. (NASA)
Nebulosa Carina por James Webb. (NASA)

Sólo por modestia cósmica, debemos hacer un mejor trabajo para mantener limpios nuestro cielo y nuestros océanos. Éste será un humilde signo de gratitud al único planeta que dio origen a nuestra civilización tecnológica. El naturalista y filósofo Henry Thoreau — que vivía cerca de mi casa — escribió lo siguiente en su libro Walden: “Fui al bosque porque deseaba vivir deliberadamente, para enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar, y no, cuando llegué para morir, descubrir que no había vivido."

Mi esperanza es un futuro donde las únicas luces de ciudades que vemos en nuestro cielo nocturno estén en el lado nocturno de los exoplanetas y los únicos desechos tecnológicos que encontremos en nuestros océanos sean de naves extraterrestres que aparecieron como meteoros interestelares en nuestra atmósfera.


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