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Marbella Vice Tuesday, 18 June 2024

Marbella Vice

Crítica de televisión ·

Casi veinte años después de ‘Los Hombres de Paco’, Silva está perfecto como abogado que se mueve con la misma seguridad en una discoteca entre narcotraficantes que en una comisaría


Oskar Belategui

Oskar Belategui

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Miércoles, 19 de junio 2024, 00:35

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Qué bien ha madurado Hugo Silva. Si en ‘Un amor’ de Isabel Coixet borda a un cretino y falso ‘aliade’, como hay tantos a nuestro alrededor, en ‘Marbella’ sustenta todo el peso de una serie que sin su presencia perdería gran parte de interés. Casi veinte años después de ‘Los Hombres de Paco’, Silva está perfecto como abogado que se mueve con la misma seguridad en una discoteca entre narcotraficantes que en una comisaría. Un ‘consiglieri’ sin escrúpulos que asume mancharse para llevar un tren de vida que incluye casoplón y hasta un Rolls Royce que no le dura demasiado tiempo.

La serie de Movistar Plus basada en la investigación de Nacho Carretero y Arturo Lezcano sobre el crimen organizado en la Costa del Sol gana enteros cuando no se pone trascendente. El personaje de Silva rompe la cuarta pared y nos habla directamente mirando a cámara, como si fuera un gángster de Scorsese. No es una ‘boutade’, sino que funciona dramáticamente: el narrador de esta historia nos hace cómplices de sus pensamientos y adelanta acontecimientos.

’Corrupción en Miami’ nos sumergió hace ya cuarenta años en el glamour del narcotráfico y de una ciudad hedonista y sin ley. Marbella no sale muy bien parada en la serie, aunque quienes conocen la crónica de sucesos del antiguo hogar de Jesús Gil y Gil dicen que se queda corta. Algunos de los capos de la droga resultan tan ‘cools’ que devienen caricaturescos. Y a veces resulta difícil seguir una trama inundada de traiciones, infiltrados y vericuetos legales. Lo mejor, insisto, es cuando ‘Marbella’ se pone gamberra y un Hugo Silva comodísimo en la piel de un profesional buenísimo en lo suyo, amoral, canalla, majete, con complejo de mal padre, que luce un Patek Philippe pero jamás se pondría un chándal de 10.000 euros como sus clientes.

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