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Muerte al crítico: "Eres un asqueroso y un desgraciado. Ah, y un culo gordo” Tuesday, 14 February 2023


Una mala crítica fue el detonante de uno de los sucesos que más han impactado en el mundo cultural estos días. El director de danza alemán, Marco Goecke, no dudó en restregarle caca de su perro Gustav que llevaba en la bolsita a la crítica Wiebke Hüster por la reseña negativa que esta había hecho de su último espectáculo. La periodista le denunció, pero, además, el centro del que era el máximo responsable, la Ópera de Hannover, enseguida rescindió su contrato.

Esta salida de tono escatológica de Goecke resulta llamativa, pero no es la primera que se da en esa peculiar relación que se establece entre creadores y críticos. Es un mundo en el que habitan el narcisismo -de unos y otros- , los egos, las inseguridades, los miedos... Y que salte la chispa no es un hecho aislado. Aquí van algunos ejemplos de artistas que han intentado acabar con sus críticos (algunos literalmente).

Escritores y sus venganzas

Richard Brittain le puso mucha ilusión al escribir el libro The Worlds Rose, una especie de cuento de hadas moderno que autopublicó en 2014. Por eso, no se lo tomó muy bien cuando una adolescente británica de 18 años osó hacer una crítica negativa del libro en internet. “Como lectora, me he aburrido mucho y me siento muy decepcionada por este libro. Como escritora (aunque sea aficionada), me horroriza que alguien piense que este libro vale la pena. Prosa pretenciosa y un personaje principal al que ya odio”.

Brittain, que entonces tenía 28 años, no paró hasta localizar el lugar donde trabajaba la chica, un supermercado en la pequeña localidad escocesa de Glenrothers. Recorrió los 600 kilómetros que le separaban de allí, entró en el establecimiento, cogió una botella de vino y, cuando localizó a la chica en la sección de cereales, fue directo a ella y la golpeó con ella en la cabeza. Le cayeron 30 meses de cárcel.

Tampoco se puede decir que la escritora estadounidense Alice Hoffman lleve muy bien las malas reseñas. Cuando Roberta Silamn publicó en el Boston Globe una mala crítica de una de sus novelas, The story Sisters, revelando además a su entender partes cruciales de la trama, montó en cólera. “Roberta Silman del Boston Globe es una idiota”, tuiteó. “Ahora cualquier idiota puede ser crítico”. Pero, no contenta con eso, Hoffman colgó en Twitter el número de teléfono de Silman y su correo electrónico, animando a sus lectores a “decirle lo que pensáis de sus sarcásticas críticas!”.

"Hoffman colgó en Twitter el número de teléfono de Silman y su correo animando a sus lectores a “decirle lo que pensáis de sus sarcásticas críticas!"

Y qué decir del escritor y filósofo suizo Alain de Botton. La pésima reseña que su libro Los placeres y penas del trabajo recibió por parte de Caleb Crain en el New York Times le dolió tanto que no pudo contenerse: entró en el blog de Caleb Crain y soltó toda la bilis que tenía dentro. “Te odiaré hasta el día de mi muerte, no te deseo más que cosas malas en cada movimiento que hagas en tu carrera”.

La crítica y escritora Alice Hoffman no mostró piedad ante el libro El periodista deportivo, de Richard Ford. Su reseña en el New York Times fue bastante demoledora. La venganza de Ford no se hizo esperar: se fue al patio trasero de su casa con un libro de Hoffman, disparó varias veces contra el volumen y luego le mandó por correo a la autora los trocitos a los que había quedado reducido. “La gente le da mucha importancia a haber disparado a un libro, pero no es como haberle disparado a ella”, llegó a decir después.

Es lo que sí hizo Marcel Proust cuando Jean Lorrain escribió una crítica negativa de Los placeres y los días. Al autor de En busca del tiempo perdido le sentó tan mal que le retó a duelo. Y ahí fueron los dos hombres a pegarse tiros. Afortunadamente para los dos lo hicieron tan mal que ninguna bala impactó en ningún cuerpo. Y lo dejaron por imposible.

El escritor estadounidense Richard Ford (EFE)
El escritor estadounidense Richard Ford (EFE)

Rick Moody es el peor escritor de su generación”, decía la crítica que Dale Peck dedicó en 2002 al autor en el New Republic a propósito de su libro El velo negro. Moody no encajó bien el derechazo y cuando se encontró a Peck en una fiesta benéfica le tiró una tarta a la cara.

Martin Amis optó por ser escueto pero contundente cuando Tibor Fisher hizo una reseña no muy positiva de su libro’ El perro callejero’ en el Telegraph. “Tibor Fischer es un asqueroso y un desgraciado. Ah, sí: y un culo gordo”, contraatacó.

Mal rollito en el cine

Al director alemán Uwe Böll le llamaron de todo por las adaptaciones al cine que hizo de varios videojuegos a principios de siglo. De hecho, lo más bonito fue que era “el peor director de cine del siglo XXI”. Antes de las redes sociales, los foros de Internet ya se encargaron bien de destrozar al alemán. Y este les refutó. Pero no con palabras, sino directamente a puñetazos. Para ello organizó un combate de boxeo en Estepona en septiembre de 2006 para enfrentarse a varios críticos de sus películas, entre ellos el español Carlos Palencia, quien se subió al ring con una camiseta en la que comparaba a Böll con Ed Wood. Pero mientras el español se tomó la historia a coña, el alemán iba muy en serio, según las crónicas que cubrieron el singular evento que, además, contó con Juan Manuel de Prada como maestro de ceremonias. El resultado fue el esperado. Böll tumbó a Palencia a las primeras de cambio con varios golpes, y al terminar señaló: “Espero que a Carlos le gusten más mis próximas películas”. El método fue bastante expedito.

Uwe Böll organizó un combate de boxeo en Estepona en septiembre de 2006 para enfrentarse a varios críticos de sus películas. Y ganó

Desde aquello, Böll siguió haciendo un cine que no logró mejores críticas y hasta ganó un Razzie en tres ocasiones (los Oscar a las peores películas). Ha perdido cientos de millones de euros con cada proyecto. Pero ahí sigue.

Otro duelo clásico desde las primeras películas de Pedro Almodóvar es el que el director mantiene con el crítico Carlos Boyero. Este no ha escatimado en destrozar prácticamente cada una de las cintas de Almodóvar, aunque el punto culminante llegó en 2009 con Los abrazos rotos. Boyero escribió que le parecía “pésima” con interpretaciones lamentables. Además, señaló que verla una segunda vez le parecería un ejercicio de masoquismo. El director no aguantó más y le contestó en su blog señalando que su periodismo era pura “basura”.

El crítico Carlos Boyero tiene una enemistad con Pedro Almodóvar desde hace décadas por las críticas (EFE)
El crítico Carlos Boyero tiene una enemistad con Pedro Almodóvar desde hace décadas por las críticas (EFE)

“A mí me importa un comino si Boyero es o no masoquista, si tiene un testículo o cuatro, o la marca de crema hidratante que utiliza. Ya que le pagan para que informe de las películas que compiten en el festival, el hecho de no ser masoquista no debería eximirle de esta obligación. El texto que esbozó en su periódico se le puede calificar de cualquier cosa excepto de crítica cinematográfica. Un hombre que emplea el 75 por ciento del espacio para despotricar sobre mi persona y alrededor del 25 por ciento para despachar la película diciendo cosas como que la interpretación de los actores es ‘inane y lamentable’ sin mostrar un solo ejemplo que nos ayude a entenderle… es una no-crítica”, escribió Almodóvar. Por supuesto, a día de hoy la enemistad entre Boyero y Almodóvar persiste.

La impulsividad en las redes sociales juega malas pasadas como bien sabe Santiago Segura. El crítico Javier Ocaña escribió una crítica muy negativa de Padre no hay más que uno 3 -por otra parte, una de las cintas más taquilleras del año- y el director no dudó en responderle en Twitter con un “Javier, ¿eres feliz? ¿Necesitas algo?”. Ocaña volvió a contestar manifestando que “tan feliz como pueda serlo un padre de familia con estupendos amigos que ejercita su trabajo con honestidad desde hace 25 años”.

La polvareda que se levantó fue tremenda con muchos tuiteros acusando a Segura de reacción exagerada, lo que obligó a una disculpa del cineasta: “Disculpa, total, si el comentario te ofendió. Me pareció que si, y oportuno borrarlo si lo consideraste molesto, Javier. Hubiese preferido una dinámica de diálogo tuitero, pero no creo que te interese lo más mínimo. Respetos al maximo y lamento haberte importunado”.

Las reacciones, sobrerreacciones y turbas en tiempos de twitter.

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