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Putin contra Prigozhin: la pugna entre Wagner y los militares llega a las cárceles Monday, 27 February 2023


Es de noche, y los presos permanecen alineados en el patio de la prisión. Subido a una plataforma, la imponente figura de Yevgeni Prigozhin. Como ellos, él sabe lo que es la cárcel. Se pasó entre rejas casi toda la década de los años ochenta bajo cargos de robo y proxenetismo, antes de prosperar como vendedor de perritos calientes y después empresario de catering, para acabar convertido en el chef de Putin, además de su hombre de confianza para ciertas operaciones en el extranjero. Prigozhin habla con voz firme, con autoridad. Sabe que los presos no tienen más remedio que escucharle, pero también conoce lo que estos esperan oír.

"Soy un representante de una compañía militar privada llamada PMC Wagner. Probablemente hayáis oído hablar de ella en los medios. Durante casi diez años hemos luchado en diferentes países", afirma Prigozhin. Los nombra, pero un pitido censor nos impide saber de cuáles se trata. "Y ahora tenemos que luchar en Ucrania. Tengo autorización de [nuevo pitido] para llevarme a cualquier prisionero de cualquier colonia condenado por cualquier tipo de pena y a cualquier período de encarcelamiento, naturalmente solo bajo vuestro propio deseo. Las condiciones para que funcione son las siguientes: lucháis durante medio año, y en medio año recibís una amnistía", prosigue. Luego vienen los detalles de la propuesta. Un salario de 100.000 rublos al mes más las primas de combate, una compensación de cinco millones de rublos si se muere en el frente, y lo que él llama las "realidades". Entre el 15 y el 20% morirán en combate, y un 20% resultarán heridos. "De cada cien, unos 10 o 15 volverán a casa en ataúdes de zinc", explica.

Foto: Funeral de un miembro de Grupo Wagner en San Petersburgo, el 24 de diciembre de 2022. (Reuters/Igor Russak)
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La escena descrita aparece en un vídeo recién difundido por los canales de Telegram vinculados a Prigozhin. Su publicación muestra que, pese a que había anunciado oficialmente lo contrario, el reclutamiento de Wagner en las prisiones rusas no ha acabado. Y esto prueba que el enfrentamiento entre Prigozhin y los jerarcas del Ministerio de Defensa no solo continúa, sino que se ha trasladado a las cárceles.

Sabemos de este conflicto no solo por la acumulación de incidentes, sino por la boca de sus propios protagonistas. Muchos analistas han interpretado el reemplazo del general Serguéi Surovikin por el jefe del Estado Mayor ruso Valeri Gerasimov al frente de las operaciones en Ucrania como un espaldarazo a este último y a su principal aliado, el ministro de Defensa Serguéi Shoigu, frente a un Prigozhin cada vez más fuera de control. "Según varias fuentes de Moscú, Putin confía en poder debilitar a Prigozhin, quien ha tenido tensiones con el Estado Mayor del ejército. Sin embargo, el efecto podría ser el contrario, y más gente vería a Prigozhin como la figura con más probabilidades de suceder a Putin", escribió recientemente el periodista ruso Mikhail Zygar, autor del libro Todos los hombres del Kremlin, en The New York Times.

"La posición del bloque político [del Kremlin] es la de no dejarle entrar en política. Están un poco asustados de él y le ven como una persona inconveniente", afirma Serguéi Markov, un ex asesor del Gobierno ruso, que todavía mantiene buenas conexiones con aquel. El mensaje, según declaró Markov a la agencia Reuters, es "que se le darán recursos militares, pero que no se meta en política por ahora".

Boicot a Wagner

"El estado ruso postsoviético siempre ha tenido dos facetas: el elemento criminal que representa Prigozhin, y la burocracia militar y de inteligencia. El que Wagner se convierta en una herramienta cada vez más importante de la política exterior rusa realmente va de la creciente importancia que ese elemento criminal tiene en activar las palancas del estado", señala Chris Elliott, investigador del King’s College de Londres, en un artículo de la publicación The Intercept sobre este grupo.

Pero según denuncia Prigozhin, la otra facción no estaría cumpliendo con su parte del trato. El empresario compartió este lunes un audio de siete minutos en su cuenta de Telegram en el que se lamenta de que el ejército no le está proporcionando al Grupo Wagner la munición que necesita en el frente, pese a que ya no existen problemas de producción en este sentido. En otro mensaje, el mismo canal afirma que Wagner se enfrenta a restricciones a la hora de poner anuncios de reclutamiento en la televisión rusa, mientras que en un último audio publicado este martes las quejas llegan a su apogeo. Prigozhin asegura que "hay un trabajo directo para destruir a Wagner", al que ya no se le entregan ni siquiera palas para cavar trincheras, y culpa de ello a "los generales alrededor del liderazgo", quienes asegura que "serán encarcelados la justicia militar" por estos actos traicioneros.

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Prigozhin comprende perfectamente que este boicot implica que, sin efectivos suficientes, Wagner será incapaz de colgarse las medallas ante hipotéticas nuevas victorias en el frente, que se atribuirán las fuerzas armadas regulares. En el implacable contexto ruso, caer en semejante irrelevancia puede llegar a implicar la desaparición física. En consecuencia, el empresario ha decidido luchar. Y para ello, el primer movimiento pasa directamente por las cárceles, incluso si eso significa desafiar la prohibición de las autoridades rusas.

Un problema añadido para él es que los últimos intentos de reclutamiento en las cárceles han obtenido resultados muy pobres, según reporta Meduza, un medio independiente ruso ahora en el exilio. "La primera vez vinieron a principios de octubre y reclutaron a más de 300 personas el día 23 de esa fecha. La segunda vez vinieron a finales de diciembre, y también el 6 de enero, pero solo se llevaron a 20 personas", explica un preso citado por esta publicación. En las prisiones ha corrido el rumor de que el porcentaje de bajas entre los convictos reclutados por Wagner es altísimo, puestos entre la espada y la pared por una dinámica en la que tienen que elegir entre salir a una muerte casi segura o enfrentarse a una ejecución ejemplarizante a manos de los mercenarios. Además, no hay constancia de que los familiares de estos fallecidos hayan recibido las compensaciones prometidas.

Tumbas de soldados de Wagner en la región de Krasnodar, el 22 de enero. (Reuters)
Tumbas de soldados de Wagner en la región de Krasnodar, el 22 de enero. (Reuters)

A esto se le suma que el propio Ministerio de Defensa ha iniciado su propio proceso de reclutamiento en prisión. Según la organización activista local Rusia Entre Rejas, estos presos están siendo puestos en los llamados batallones penales o shtrafbats, unidades con una larga tradición en el Ejército ruso. De acuerdo con Olga Romanova, fundadora de esta ONG de defensa de los derechos de los presos, el Ministerio de Defensa promete a estos reclutas que nadie será ejecutado sin juicio, en marcado contraste con las prácticas de Wagner, y que no se reclutará a nadie menor de 21 años. "El Ministerio de Defensa ha logrado promover enmiendas a las leyes en otoño, para que sea posible poner en el ejército a convictos con un pasado criminal. Antes esto no se podría hacer. Ahora, desde el punto de vista legal, no importa si una persona tiene un expediente criminal, si está en la calle o en prisión. Mientras, Prigozhin no ha conseguido legitimarse: la actividad mercenaria está todavía prohibida en Rusia", indica Romanova en una entrevista.

En los márgenes de la ley

Prigozhin es muy consciente de la dificultad que esta prohibición supone. En el vídeo citado al principio del artículo, afirma durante su arenga a los presos: "Hemos estado fuera de la ley durante muchos años. Hay una ley contra las compañías mercenarias, porque en varios países han derrocado gobiernos y librado guerras a favor de otros soberanos. Así que con el tiempo, como trabajamos con tanques, helicópteros, aviación y esas cosas, se ha desarrollado un cierto código que difiere de las leyes de la Federación Rusa, bajo el que vivimos en tiempos de guerra". En los últimos meses, Prigozhin trató de introducir sus propias enmiendas legales en esta regulación a través de varios diputados de la región de Bashkiria en la Duma, pero la medida no fue aprobada.

"Prigozhin les ha estado diciendo a los presos desde principios de otoño ‘alistaos en la compañía militar privada Wagner, saldremos, [o de lo contrario] el Ministerio de Defensa vendrá a por vosotros’. Les ha dicho que tienen mejores condiciones, es todo voluntario, pero que ellos se los llevarán por la fuerza", ha señalado Romanova, quien sin embargo indica que esto no es cierto, y que hasta la fecha el Ejército ruso solo ha reclutado voluntarios. "El Ministerio de Defensa deja claro: no somos una CMP, no tenemos ejecuciones extrajudiciales. Esto es importante para los presos, porque estas ejecuciones asustan a todo el mundo", indica.

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Y, mientras tanto, el uso de prisioneros en el frente está empezando a generar nuevas complicaciones en la propia Rusia, a medida que los primeros de estos reclutas van cumpliendo sus seis meses de servicio y regresan a su país como hombres libres, sin importar la gravedad de sus crímenes anteriores. En los últimos meses se han reportado múltiples incidentes violentos protagonizados por veteranos a su regreso de Ucrania, en muchos casos con síndrome de estrés postraumático, a los que ahora se suman los presos.

"Estas son personas psicológicamente rotas que están regresando sin un sentido de lo que es correcto, y una creencia de que han matado para defender la Patria. Esta gente puede ser muy peligrosa", afirma Yana Gelmel, una abogada de presos rusos, en un artículo de The New York Times donde se aborda este problema. "A menudo son las personas a las que más años de condena les quedan las que están dispuestas a meterse en Wagner. Y eso significa, por lo general, que es la gente que ha cometido los peores crímenes", señala un activista ruso de los derechos de los presos citado por el diario The Guardian.

Esto está generando malestar en muchas de las comunidades de las que proceden estos convictos. En un caso en la provincia de San Petersburgo, la población local firmó una petición que posteriormente envió a la prensa. En ella, según información de Romanova, acusaban al preso retornado de "haber aterrorizado a toda la localidad en el pasado", por lo que había sido encarcelado muchas veces. "Según todos los testimonios, es totalmente incontrolable y tiene problemas mentales serios. Los residentes temen por sus vidas", explica esta activista, que menciona también otro caso, el de un hombre que mató a su abuela a martillazos, y que ahora regresará a su barrio. "Por supuesto que los vecinos están asustados de personas como él", dice Romanova.

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Pero esta supuesta liberación tiene truco, según denuncia la organización Rusia Entre Rejas. A estos presos se les obliga a firmar un nuevo contrato con Wagner, o de lo contrario no se les pone en libertad. "Se les ha dado a todos teléfonos de un solo uso. Es un teléfono con un solo contacto, y no puede usarse de ninguna otra forma. Tras 45 días, reciben una llamada y se espera que vuelvan al frente. Solo que ahora se les promete que no estarán en la línea del frente como antes, sino en grupos de sabotaje y reconocimiento", señala Romanova. Y gane quien gane el enfrentamiento entre Wagner y el ejército regular, lo único claro es que por ahora los ocupantes de las cárceles de Rusia seguirán siendo enviados a combatir, y a morir, en las trincheras de Ucrania.

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