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«Lo mejor de Sabina me lo he llevado yo» Thursday, 09 February 2023

«Lo mejor de Sabina me lo he llevado yo»

El músico habla de su ruptura con el cantautor al que acompañó cuarenta años en los escenarios y abre la puerta a la reconciliación: «Joaquín y yo hemos sido más que hermanos. Me gustaría que, en algún momento, me eche de menos»


Lo suyo duró mucho más que dos peces de hielo en un whisky on the rocks. Lo suyo duró cuarenta años, un centenar de canciones compuestas mano a mano e inolvidables noches de gloria en las que Pancho Varona (Madrid, 1957) fue el más fiel escudero de Joaquín Sabina, el Sancho Panza del Quijote jienense, su lugarteniente ‘Panchito’, siempre a la derecha del padre en el escenario. Hasta que, el pasado 15 de noviembre, llegó el desamor en forma de tuit. Un mazazo en el que Varona anunciaba que, «contra todo pronóstico», Sabina había decidido prescindir de él en su gira. Sin duda, uno de los divorcios más traumáticos de la historia musical española, del que este «guitarrista insurgente»

-¿Es consciente de que el mundo sabinero tiene el corazón cerrado por derribo desde aquel infausto 15 por noviembre?

-(Ríe) Sí. Me han llegado muchos mensajes de cariño que hablaban de esas roturas del corazón de mucha gente, pero es que no sé mucho sobre eso. Lo único que me dijo Joaquín es que no iba a la gira y yo se lo comuniqué a la gente, pero no tengo muchos más datos.

-Se han desatado las especulaciones y hay teorías para todos los gustos. Hay quien achaca la ruptura al poderoso influjo de Leiva, al implacable veto de Jimena (la mujer de Sabina), al desencuentro entre los miembros la banda sabinera, a su nueva manager… ¿Puede aclararnos algo?

-Habladurías. Leiva no tiene nada que ver con esto. Y mi manager, tampoco. Yo todavía no sé muy bien qué ha pasado. Espero que algún día se me explique, pero todavía no sé cuál es el motivo.

-De hecho, acaba de contar que fue a su casa a intentar aclararlo y ni siquiera lo recibió. ¿Fue así?

-Sí. Estuve el año pasado intentando acercarme para visitarles y charlar con ellos, pero no pudo ser.

-¿Ellos?

-Sí. Ellos. Con Jimena, con Joaquín. Pero no quisieron. Entonces, al final, tuve que mandarles un mail porque me dijeron que les escribiera en vez de ir a hablar con ellos.

-Fuerte, ¿no?

-Depende de quién lo mire. Yo creo que es muy fuerte, pero imagino que a ellos a lo mejor les parece normal.

-¿Y usted cómo se siente, les guarda algún rencor?

-No, no, no. Yo estoy feliz y encantado con mi nueva vida. He salido casi reforzado de esa historia, porque, de repente, he recibido muchísimo cariño de la gente. No te lo puedes imaginar. He recibido un chute de energía tremendo y sigo con mis viajes, que es una de las cosas que más me gustan: acabo de volver de Nueva York, he estado en Sevilla, ahora me voy a Oviedo… Así que pienso: «Si eso es lo malo, Dios mío de mi vida, ¿cómo será lo bueno?».

-Sin embargo, ha amenazado con marcarse un Shakira…

-(Ríe) Ah, no. Eso fue una broma que mucha gente entendió como lo que era, algo gracioso, y se rieron mucho. Solamente dos o tres dijeron: «Hala, qué rencoroso, qué malo es». Es que algunos tienen muy flojo el sentido del humor. Yo solo intentaba quitarle hierro al asunto con la mejor intención.

-Dígame al menos que podemos esperar una reconciliación y volver a verlos juntos sobre un escenario.

-Eso tampoco depende de mí. ¿Qué quieres que te diga?, ¿que a mí me gustaría? Por supuesto. Yo sigo teniendo mucho amor por ese repertorio, por esos cuarenta años de mi vida, por Joaquín... A mí me gustaría que eso pasara, pero no depende de mí.

-Hay quien piensa que los conciertos del de Úbeda ya no serán lo mismo. ¿Y usted?

-Yo solo espero que alguien me eche un poquito de menos. Incluso el mismo Joaquín, que en algún momento me eche de menos, se acuerde de mí... Es que ha habido muchísimo cariño. Hemos sido más que hermanos durante muchos años. A veces, yo he sido su hermano pequeño y, otras veces, su hermano mayor. Por eso se me hace raro no saber qué ha pasado, porque las razones que me dieron fueron vaguísimas. Pero bueno: hay cosas hermosas que vienen, conciertos, giras, vida preciosas que vivir.

-De hecho, sostiene que vive una segunda juventud y me que tiene mucho que hacer.

-Totalmente. Es más: estoy aprovechando esta segunda juventud para dar el gran último empujón a mis conciertos, para viajar muchísimo. Y, ya cuando no pueda viajar tanto, me plantearé volver otra vez al estudio de grabación, volver a componer. Lo tengo todo bastante bien planeado si la suerte y la forma me acompañan.

-Después de estas cuatro décadas, si mira atrás, ¿se arrepiente de algo?

-Me arrepiento de no haber compuesto más canciones en estos últimos años. Podía haberlo hecho, pero me volví perezoso justamente por viajar. Y de haber dejado un poco de lado la producción musical. A mí el estudio nunca me llamó mucho la atención, pero se me daba bien.

-Hablando de producción, los discos de Joaquín con Fito Páez y Alejo Stivel motivaron los pocos desencuentros que tuvieron en toda su carrera. ¿Hubo celos por su parte?

-Lo que pasó fue que Joaquín quiso hacer un disco con Alejo y yo me puse celoso en un primer momento, pero luego lo entendí y no pasó nada.

-Ustedes llevaban años diciéndole que grabase con su voz aguardentosa, sin mucho retoque, en vano… hasta que llegó Stivel.

-Sí. Antonio (García de Diego) y yo se lo decíamos y no nos hacía mucho caso. Y, de repente, llegó Alejo y sí que lo hizo. Pero son cosas que pasan. Y con Fito, igual. Pasados los años, lo ves todo con otro punto de vista. Piensas: «No pasa nada. Es algo normal. Está todo bien». De todas formas, yo siempre pienso que la mejor parte de Sabina me la he llevado yo. El disco de Fito no está mal, el de ‘La orquesta del Titanic’ con Serrat y Javier Limón no está mal… pero yo me he llevado lo mejor: ‘Esta boca es mía’, ‘Yo, mí, me, contigo’, ‘Mentiras piadosas’, ‘Física y química’, ‘El hombre del traje gris’, ‘Dímelo en la calle’… Lo mejor.

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