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Einstein, a su madre moribunda: "Soy un genio. Por cierto, me han dicho que no te encuentras bien" Sunday, 12 February 2023


Citar a Einstein es complicado. Principalmente, porque no dijo, ni por asomo, gran parte de las cosas que se le atribuyen: "Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes"; "Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana" (que se basa en el recuerdo de una conversación del psicoanalista Frederick S. Perls, que la atribuye a un ‘famoso astrónomo’, cosa que Einstein no era, para luego cambiarla múltiples veces durante los siguientes 30 años, atribuyéndola a Einstein, aunque otras fuentes se la atribuyen a la escritora estadounidense Rita Mae Brown) o su "No entiendes realmente algo a no ser que puedas explicárselo a tu abuela", que es una variación de una cita del autor de ciencia ficción Kurt Vonnegut.

Tal vez, aquellos que han popularizado estas falsas citas se aprovechen de la reputación del científico alemán en nuestro imaginario colectivo para dotarlas del impacto que esperan de ellas, como puedo hacer yo con la siguiente imagen:

Elaboración propia (no muy creativa o complicada, la verdad).
Elaboración propia (no muy creativa o complicada, la verdad).

Por suerte, el físico sí que mantuvo con cientos de personas (probablemente miles, no las hemos contado) correspondencia que, por suerte, perdura hasta el día de hoy. No es de extrañar dada la asistencia, por ejemplo, de Einstein a cuatro de los once Congresos de Solvay que tuvieron lugar entre 1911 (con un jovencísimo Einstein que tenía tan solo 32 años y ya había elaborado la teoría del efecto fotoeléctrico -por la que se llevó el Nobel en 1921- y la de la relatividad especial) y 1958 (tres años después de su muerte).

La penúltima conferencia de Solvay a la que asistió, por suerte, nos dio una cita, esta vez verdadera: "Usted cree en un Dios que juega a los dados", le espetó Einstein al físico danés Niels Bohr (uno de los principales físicos que contribuyeron a la comprensión del átomo) cuando este defendía la relación de indeterminación de Heisemberg (también conocido como el principio de incertidumbre, básico en mecánica cuántica, que afirma que podemos conocer la posición de una partícula o su momento, pero no ambas a la vez), a lo que Bohr contestó, hastiado por la coletilla de los dados: "Einstein, deje de decirle a Dios lo que debe hacer con sus dados".

Precesión de la órbita de Mercurio, prueba de de que Newton no tenía del todo razón. (Rainer Zenz).
Precesión de la órbita de Mercurio, prueba de de que Newton no tenía del todo razón. (Rainer Zenz).

Además, Einstein, como prácticamente el resto de humanos no analfabetos de la época que vivían alejados de sus padres, mantenía, una (escasa) correspondencia con su madre, Pauline Koch (a pesar de que ambos residían en esa época en Berlín, pero el científico no era muy ‘familiar’). Es por esto que llama especialmente la atención una carta (que en la actualidad se encuentra expuesta en la Academia de las Ciencias y las Humanidades de Israel) que le escribió en 1919 Einstein a su madre enferma (que finalmente murió menos de un año después): "Hoy tengo noticias felices. Lorentz me ha telegrafiado para contarme que la expedición británica (realizada por Sir Arthur Eddington durante el eclipse solar del 29 de mayo de 1919) ha confirmado la desviación de la luz producida por el Sol". Como posdata, tras firmarla, el físico alemán añade: "Lamento mucho, por cierto, haber escuchado que no te encuentras bien".

Foto: Imagen de las hojas (Reuters/Antony Paone)
La histórica venta de un manuscrito con cálculos de Einstein por 11 millones de euros

A pesar de la marcada falta de preocupación que Einstein muestra con su madre, cierto es que lo que le cuenta es uno de los grandes hitos de la física moderna: la teoría de la relatividad general (que no es la de E=mc2, sino la de la curvatura del espacio-tiempo) propuesta 4 años antes, en 1915 por Albert Einstein. La mencionada expedición aprovechó el eclipse solar para confirmar dos cosas: la predicción de la precesión del perihelio de Mercurio (un cambio en la mecánica orbital del planeta que no concuerda con la ley de la gravitación universal propuesta por Isaac Newton en 1687). Simplificando mucho (muchísimo) el experimento, comprobaron que el punto más cercano al Sol de Mercurio (el perihelio) va rotando con cada órbita, lo que se conoce como precesión, lo que confirmaba la relatividad general. Además, se observó el desvío de la luz de las estrellas durante el eclipse, viendo que ‘cambiaban’ de lugar cuando se aproximaban al sol.

Esta confirmación de la teoría de la relatividad general llegó a la prensa generalista de todo el mundo (pues ‘desmentía’ el modelo clásico), con lo que Einstein, claro está, consideró que esto era más importante que su madre enferma. Las cosas que hacemos por la ciencia...

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