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Estibaliz Urresola: "Necesitamos diálogo y reflexión sobre la infancia trans" Friday, 24 February 2023


Cuando en 2018 Estibaliz Urresola (Llodio, Álava, 1984) empezó a preparar su primera película, nunca imaginó que un día como hoy, 22 de febrero de 2023, estaría caminando la alfombra roja de un festival como la Berlinale y compitiendo por el Oso de Oro. Un año después de que Alcarrás, de Carla Simón, se llevase el premio gordo de Berlín, Urresola enseña por primera vez sus 20.000 especies de abejas, un drama delicado y honesto en el que la directora y guionista analiza el impacto de una infancia trans en una familia.

Rodada en el País Vasco, en un entorno muy similar al pueblo del que procede Urresola, la película es un retrato íntimo y tremendamente emocionante de Lucía (Sofía), una niña trans que durante un verano descubre y decide su identidad mientras se acerca a la pubertad. Llamada a ser una de las películas del año, Urresola por fin ve cómo cinco años de esfuerzo se traducen en esta puesta de largo a ojos de todo el mundo en el segundo festival más importante del cine.

Una selección que, para el equipo, ha supuesto “una locura”. “Yo siempre pensé en mi fuero interno, cuando veía que la película la iba terminando y ya tenía cuerpo, que podríamos colarnos en la sección de Generation de Berlín, pero jamás pensé que entraríamos directamente a competición”, reconoce. Más allá del sello de calidad que otorga la Berlinale, para la directora supone un puente para que 20.000 especies de abejas llegue al mayor número de gente posible.

“Me gustaría que provocase diálogo y reflexión sobre la cuestión de la infancia trans. Ojalá sea una herramienta para que el público pueda entrar en esta realidad que yo he tenido el privilegio de conocer gracias a todas estas familias que me han abierto las puertas. Hay mucho desconocimiento a la hora de juzgar sus vidas, porque no creo que nadie elija el camino más difícil por voluntad propia. Estas personas van a tener que transitar muchas complejidades más que cualquier otro adolescente. Han escogido un camino de lucha que no creo que nadie elija por capricho”.

Estibaliz Urresola, directora de ‘20.000 especies de abejas’. (Laia Lluch)
Estibaliz Urresola, directora de ‘20.000 especies de abejas’. (Laia Lluch)

El camino de 20.000 especies de abejas comienza en el País Vasco en 2018. “Hubo un suceso que me impresionó mucho”, explica. “Fue el caso de EKAIK, un niño trans que decidió quitarse la vida y dejó una carta escrita que se publicó en los medios y que era muy emocionante. Esta carta fue el detonante de la película. En ella invitaba a imaginar una sociedad en la que niños y niñas como él tenían espacio, porque en 2018 no estaban tan presentes en nuestro imaginario las infancias trans. Quise agarrarme a esa carta para intentar hacer una película que fuera en esa dirección, más allá de contar su historia o tratar un final así de trágico. Quería presentar una historia en la que una niña como Coco fuera aceptada y tuviera su espacio en la familia, que es la primera instancia para que estos niños y niñas puedan seguir desarrollándose en un clima de aceptación como cualquier otro niño, sin estar constantemente atravesados por la cuestión de la identidad. Que puedan desarrollarse en el juego y que puedan proyectarse en lo que quieran ser de mayores como un niño o niña más. Para eso es fundamental que la familia los abrace”.

Un fotograma de la película ‘20.000 especies de abejas’, de Estibaliz Urresola.
Un fotograma de la película ‘20.000 especies de abejas’, de Estibaliz Urresola.

Protagonizada por Sofía Otero, una niña de ocho años, y Patricia López Arnaiz, en un papel que la reconfirma como una de las mejores actrices del cine independiente español, para Urresola era imprescindible que 20.000 especies de abejas no fuese una película exclusivamente sobre la identidad trans. “Con quienes he hablado en las entrevistas ha sido con los padres y madres de los niños, que era con quien yo podía compartir una experiencia vital y una identificación. La familia es, además, un tema que se repite en todos mis trabajos. Desde el principio he querido mostrar cómo esa colmena familiar se transforma y hacer un retrato de cada uno de los personajes. Al igual que los panales son entornos mayoritariamente femeninos, salvo el zángano, también me permitía retratar a esas mujeres de diferentes generaciones y cómo cada una ha vivido la condición de ser mujer, sea eso lo que sea”.

Inspirada por la filósofa Martha C. Nussbaum, Urresola plantea si realmente hay algo en el hecho de ser mujer que una las experiencias vitales de todas las mujeres por el hecho de serlo. “Nussman reflexiona sobre la idea de la vergüenza y el pudor como mecanismos históricos para controlar la subjetividad en una sociedad en la que la mujer ha estado relegada a lo íntimo y lo privado y no a espacios de acción. Me parecía interesante explorar como mujeres de distintas edades han experimentado ese pudor y esa vergüenza de forma limitante para su desarrollo. Lo que viene a hacer el personaje de Cocó es romper con esta herencia”.

¿Qué es la identidad, algo natural o fabricado? Al final somos fruto de una reproducción de patrones

La directora y guionista también quería desmitificar la idea exclusivamente rural del País Vasco, por eso decidió situar la película en un pueblo que mezcla la cualidad industrial y natural. “¿Qué es la identidad, algo natural o fabricado? Me interesaban los contrastes y las contradicciones, poner el acento en el choque de esa tradición cristiana que puede representar el personaje de la abuela frente a esa tradición más folclórica o pagana, representada por la tía, más ligada a un mundo animista. Al final somos fruto de una reproducción de patrones”. Por ejemplo, los roles derivados de la religión, un tema muy presente en la película. “El País Vasco fue el último territorio en cristianizar y será el último en descristianizarse. Me gustaba que, a lo largo de la película, la protagonista vaya haciéndose su propia síntesis de lo que le interesa y no para crear su propia fe”.

20.000 especies de abejas es una propuesta “muy complicada” para ser una ópera prima. “Tiene niños, animales, fundiciones, apicultura… Muchos campos de los que me tenía que documentar muchísimo. También un reparto muy coral”. Su miedo principal era ser capaz de mantener en el aire todas estas pelotas haciendo malabares. “Pero disfruté del rodaje muchísimo más de lo que esperaba, quizás porque iba con tanto miedo que lo preparé todo al milímetro”.

Cartel promocional de la película ‘20.000 abejas’.
Cartel promocional de la película ‘20.000 abejas’.

Una de las principales fortalezas de la película es la interpretación tan asombrosa y llena de matices de su protagonista, que era la primera vez que se ponía delante de una cámara. “Me pasó como en la peli, que desde el principio tenía delante lo que estaba siendo incapaz de ver. Sofía apareció en la primera sesión de casting. Ella era todavía muy pequeña, porque empecé a hacer los castings allá por 2020. La vi y me pareció una niña increíblemente alegre y extravertida, con una capacidad de improvisación con la que podíamos estar horas. Desde el primer momento vi tan claro que era… la niña de la piscina”.

“Le atribuí desde el principio un papel que no era el suyo y que me impidió ver que, en realidad, ella era la protagonista”, prosigue Urresola. “Seguí buscando a Cocó, vi a 500 niñas y solo al final pensé que estaba pasando algo por alto y que a Sofía no le había hecho las pruebas para ser la protagonista. Al final de todo le hice la prueba: le dije que interpretase como si se hubiese perdido su hermana pequeña en la playa. Fue tan sobrecogedor lo que hizo… La semana siguiente le hice otra prueba con todos los registros y fue como ver el cielo, porque lo daba todo: la curiosidad, el miedo, el desafío…”.

Mercados de coproducción

Inicialmente, 20.000 especies de abejas debería haberse rodado en 2021, pero debido la pandemia todo el proceso se retrasó. “Durante el covid fuimos seleccionadas en La Incubadora de la ECAM, lo que fue para mí el antes y el después del proyecto, porque se puso en el mapa para los medios y para las productoras y festivales nacionales e internacionales con los que empezábamos a ponernos en contacto. Fue una lanzadera muy importante que nos permitió acceder a los mercados de coproducción”.

Urresola por fin cumple el mayor reto profesional de su carrera. “En 2006 terminé mis estudios y estuve cinco años trabajando en el área de posproducción en la televisión. Después de esos cinco años decidí que no quería que se me pasase el tren de lo que yo siempre había querido, que era dirigir. Así que en 2011 di el volantazo y estudié en Barcelona, en ESCAC, el máster de Dirección de Cine”.

Su primer cortometraje, Adri, se estrenó en 2013. En él también toca los temas de identidad, cuerpo y género. “Luego dirigí un documental para la televisión vasca y en 2019 creé mi propia productora, desde la que produje Polvo somos, que también fue candidato al Goya, pero no pasó, y finalmente el corto Cuerdas, que estuvo nominado. Los tres proyectos han ido solapándose desde 2018, pero han florecido todos a la vez”.

Al espectador 20.000 especies de abejas le propone una reflexión sobre la percepción de la realidad y la identificación del otro a través de prejuicios aprehendidos. “Yo quiero que nos cuestionemos esos códigos y constructos que nos hacen determinar la identidad de una persona: vestuario, peinado, actitud, forma de hablar. Todo eso es una creación social que impide que veamos más allá”.

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