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Será uno de los países más importantes del futuro pero es un misterio: por qué es tan difícil entender Nigeria Saturday, 25 February 2023


Nigeria es el país más magnánimo de África. Tiene más de 200 millones de habitantes y en Lagos viven más de 20 millones, aunque nadie sepa cuántos con exactitud porque hace diecisiete años que no hacen un censo. Es la economía más grande del África subsahariana y depende del petróleo, pero la corrupción y la falta de control del gobierno de su población está a la orden del día. Vamos a intentar explicar a través de unas elecciones cuáles son los retos a los que se enfrenta Nigeria.

Foto: Los tres fueron derivados a hospitales por deshidratación. (Reuters/Salvamento Marítimo)
Odisea y milagro desde Nigeria a Canarias: viajan 11 días en la pala del timón de un buque

No hay efectivo

A las 8 de la mañana el calor aprieta ya en Lagos entre pitidos agudos de motos y graves de camiones. La humedad de más del 70% hace que la ropa se pegue a la piel aunque el sol no asoma en todo el día.

Salir a buscar dinero es una odisea. Un señor con una taqiyah –el casquete musulmán–, ofrece cambio de nairas por tras cerrar la cortina al entrar a un cubículo de chapa que recuerda a los fotomatones. 1 euro son 760 nairas en el mercado negro.

En la calle Adeniran Ogunsanya hay media docena de bancos, pero en ninguno hay dinero. En el FMCB una docena de personas permanece fuera. Enfrente, el banco Zenith tiene cerradas las vallas, con medio centenar en la puerta. Unos metros más adelante está el Access Bank, donde un centenar de personas se agolpa ante las puertas de entrada, unas cápsulas circulares y unipersonales rodeadas por dos hombres armados.

"Todo el mundo cree que es debido a las elecciones porque suele haber compra de votos y no querían que hubiera efectivo disponible"

Samuel Ogezi es el número 78 en la cola. "Estamos preocupados. Todo el mundo cree que es debido a las elecciones porque suele haber compra de votos y no querían que hubiera efectivo disponible", dice este joven de 27 años que trabaja en una sucursal de Flour Mills of Nigeria, una empresa nigeriana de alimentación. "Mi propia jefa espera que parte de lo que saque hoy lo deje allí", añade.

En diciembre, el Banco Central y el gobierno anunciaron que cambiarían los billetes de naira de 200, 500 y 1.000 nairas, los más populares del país y que al cambio oficial son 40 céntimos, 1 euro y 2 euros. Las autoridades dijeron que a partir del 31 de enero no se podrían utilizar más las antiguas, pero llegó el día y no había suficientes en circulación. Tras retrasar la decisión una semana, el Tribunal Supremo anuló la ley, pero el Banco Central ha desafiado la decisión y reafirma que sólo son válidos los nuevos billetes, a excepción del de 200 antiguo, que sí se puede ser.

Ante la escasez, el gobierno ha limitado la retirada de dinero a 20.000 nairas por persona al día, unos 40 euros. Aún así, esa cantidad es un lujo. "El lunes conseguí 10.000 y hoy me han dicho que el límite es 5.000", afirma Ogezi. "Estoy convencido de que después de las elecciones todo se estabilizará y volverá a la normalidad". Mientras, sigue esperando y le caen gotas de sudor. Van por el número 52 y lleva ya más de dos horas en camisa, chaleco y rebequita a más de treinta grados.

La brecha en Nigeria es enorme y va de norte a sur y de este a suroeste y explica el país

Esta decisión política habla mucho de los males de Nigeria ¿Qué hacer para frenar la corrupción electoral? Cambiar los billetes y no imprimir suficientes de los nuevos. El país se sitúa en el puesto 150 de 180 en el índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional y en las elecciones de 2019, un 24% de los hombres y un 19% de las mujeres reportaron haber sido ofrecidos dinero para comprar su voto.

Esta vez será más difícil, aunque le cueste a la gente pasar unos días tirando de sus ahorros. "Muchos de los políticos tienen dinero robado guardado y querían utilizarlo. Ahora tienen miedo de cambiarlo en el Banco Central porque les preguntarán de dónde sacan ese dinero. Por eso se quejan tanto. Yo soy un hombre pobre, no tengo ese dinero pero me gusta la decisión del gobierno", dice Egoh Raphael, vecino de Lagos.

Aún así, gente como Egoh y Ogezi son unos privilegiados. Viven en una ciudad de más de veinte millones de habitantes y tienen una cuenta bancaria. El 55% de los nigerianos no tiene una cuenta y el país está entre los siete del mundo con menor inclusión financiera, según el Banco Mundial. La brecha en Nigeria es enorme y va de norte a sur y de este a suroeste y explica el país.

Falta de control

"El principal problema de este país es la inseguridad", asegura Oguchukwu Okekeolisa. Lo dice reclinado en una silla de su casa en Lagos mientras coge a su hija en brazos, en una posición privilegiada. Aún así, los nigerianos se han acostumbrado a vivir con miedo ante el incremento de secuestros que se ha convertido en una industria. Entre julio de 2021 y agosto de 2022 más de 3.420 personas fueron secuestradas a lo largo del país y se pagaron más de un millón de dólares en rescates. La peor parte se la llevan en dos zonas sin las cuales no se entiende Nigeria: el sureste y el norte.

En el sureste están las reservas petrolíferas en el Delta del Níger, fuente de riqueza. Nigeria vive del petróleo: en 2021 supuso el 76% de sus exportaciones y supone más de la mitad de sus ingresos en las arcas públicas. Nigeria tiene capacidad para producir hasta 2 millones de barriles al día pero en septiembre de 2022 llegó a bajar hasta la mitad por el incremento en los robos. Por aquel entonces Angola ya le había superado como el principal productor del continente por su baja prioridad. En octubre, la petrolera nacional descubrió que durante diez años habían estado robando petróleo sin enterarse tras construir una tubería de cuatro kilómetros y empalmarla a la principal.

Los pastores musulmanes de la etnia fulani y los agricultores cristianos llevan desde principios de siglo enfrentados

En el norte de Nigeria, especialmente en la cuenca del Lago Chad, se encuentran operando los yihadistas de Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental. Desde que el primer grupo comenzara a operar en 2009 han asesinado a 35.000 personas y la situación se ha recrudecido en los últimos años ante la falta de un Estado que no llega para poder ofrecer sus servicios a la población.

A ello se suma también otro foco de conflicto que habla de la división religiosa del país, con una mitad norte mayoritariamente musulmana y una mitad sur cristiana. Los pastores musulmanes de la etnia fulani y los agricultores cristianos llevan desde principios de siglo enfrentados en un conflicto armado que se ha cobrado ya la vida de 15.000 personas y no tiene visos de tener fin ya que el conflicto nace por una simple razón: la tierra. Al no disponer de tierras suficientes en el norte, los pastores bajan a las tierras fértiles y sus reses se comen los cultivos de los agricultores. En los últimos cuatro años, más de 15 millones de personas se han sumado a esta zona, dos terceras partes del crecimiento poblacional de Nigeria, con el Estado de Borno registrando por sí solo dos millones de bebés en tres años. La juventud del continente y la presión demográfica es también uno de los retos en política.

Un aperturismo político

En Lagos los carteles repiten casi siempre el mismo partido y cara: Bola Tinubu. A sus 70 años, es uno de los favoritos a suceder a Muhamadi Buhari, que deja el poder tras dos mandatos al no poder presentarse por ley a las elecciones de este sábado 25 de febrero. Ambos son del APC, el partido en el gobierno. El partido manda en el suroeste y su candidato a la presidencia se considera el padrino de Lagos tras ser el gobernador de la región durante ocho años hasta 2007. Ahora, busca la presidencia.

Al candidato de la oposición ni se le ve ni se le espera en Lagos. Tan solo en algunos barrios selectos como Festac Town, de clase media, hay una mayoría que apoya a Atiku Abubakar, el líder del PDP. Este partido tiene su fuerte en el norte, donde suelen conseguir la mayoría de sus votos. En Lagos, hay pocos barrios que soplen a su favor

El diputado Oghene Egoh tarda tres horas en poder hablar con este periódico. Él ha conseguido ser elegido dos veces por la circunscripción de Amuwo-Odofin y ahora busca seguir en el cargo. Durante toda la tarde han ido subiendo uno a uno individuos a la habitación 410 del hotel Festival Hotel Conference Center and Spa. "Es su último día y ya sabes como funciona aquí, cualquier cosa de dinero o regalos que tengas que dar tiene que ser hoy", dice Francis, una fuente cuyo nombre ha sido cambiado.

Foto: D. S.
Foto: D. S.

"Esta elección está siendo muy dura", dice una vez acabado su día el diputado Egoh. "Ha habido un fenómeno con los Obidientes que están por todos lados". Él busca ser reelegido por el PDP, pero admite que hasta miembros de su partido se han marchado con el hombre que ha revolucionado la política nigeriana: Peter Obi.

A sus 61 años, al empresario le consideran joven ante los 70 de Tinubu y 76 de Abubakar. Fue ex candidato a la vicepresidencia en las últimas elecciones con el segundo, pero en estas se fue a un partido minoritario al que ha conseguido revivir con su aura. Su popularidad le viene tras ser el gobernador del Estado de Anambra en el sureste del país. La retórica popular dice que allí dejó las arcas públicas en 2014 más llenas de lo que se las encontró ocho años antes. Aún así, se le considera un outsider por romper con el bipartidismo.

"Gane o no, es un éxito. Ha reescrito la historia política y ha cambiado el status quo. Este es un punto de referencia de cara al futuro", asegura Tope Akinyentun, politólogo de la Universidad Lagos State. "Muchos habían perdido la esperanza. La movilización es vital para cambiar el sistema y la esperanza está en que ahora los jóvenes conocen su poder como agentes de cambio", añade.

Una tradición difícil de quitar

Obi se apoya principalmente en la gran masa de población joven que domina el país. La edad media es de tan solo 18 años. El 40% de los 93,5 millones de votantes son jóvenes de hasta 34 años, el grupo más numeroso. Su voto es vital pero en las últimas elecciones la mayoría se quedaron en casa. En 2019, tan solo hubo una participación del 35%, la cuarta más baja en África y la novena en el mundo.

La desafección viene por un sistema excluyente, argumenta el politólogo. Obi ofrece una alternativa, pero aún así será muy difícil cambiar el sistema: "No se tarda un mes en cambiar todo. La frustración por la falta de efectivo puede ir en su favor, ahora, el hecho de que sea igbo puede dificultar, se quiera o no", añade.

Sea quien sea quien sea el próximo presidente, sobre él pesarán acusaciones de corrupción

La religión y la etnia son dos factores que ayudan a comprender Nigeria y su política. En política, tradicionalmente cada ticket electoral lo forman uno de cada religión. El único que se ha atrevido a desafiarlo es Tinubu, que ha elegido un acompañante musulmán del norte siendo él también musulmán del sur. El candidato del APC tiene su bastión entre la población Yoruba, la mayoría del país, mientras que Abubakar es de Hausa, la segunda más grande y mayoría en el norte. A Obi le puede ir en contra el formar parte de la tercera etnia más grande, la igbo, y ser cristiano alejado de la religión musulmana.

Sea quien sea quien sea el próximo presidente, sobre él pesarán acusaciones de corrupción. A Tinubu le acusó en 1990 Estados Unidos de tráfico de drogas y acabó aceptando pagar casi medio millón para limpiar su nombre; a Abubakar el país le acusó de tener 40 millones de dólares de manera sospechosa. Obi, que viene a cambiar la política, ha salido en los Papeles de Pandora por tener hasta 14 empresas a nombre de sus familiares directos en paraísos fiscales como las islas vírgenes. Todos lo niegan. En eso también se puede entender un país como Nigeria.

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