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Una historia de la II Guerra Mundial con música de Rosalía: de Ucrania a bares de Madrid Saturday, 25 February 2023

En un bar del centro de Madrid, Nikka nos cuenta un secreto. No es su verdadero nombre, el cual prefiere mantener en el anonimato para no hacerle sombra al que ha escogido como artista. Tampoco es que ha decidido no volver a vivir en Kiev, su ciudad natal, aunque se acabe la guerra. Es un secreto del que ella está orgullosa, pero que no cuenta a todo el mundo. Porque muchos no lo entenderán y se reirán.

La historia de Nikka tiene, a primera vista, una banda sonora con un toque nostálgico, una canción que podría haberse compuesto en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Podría ser Lili Marlene, de Marlene Dietrich, la actriz que huyó de la Alemania nazi después de rodar su última escena de la película El ángel azul. "Desde la habitación silenciosa/ De la razón de la tierra/ Se levanta como en un sueño tu boca amorosa", cantaba la alemana antes de abandonar su país por la guerra.

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Cuando Nikka abandonó el suyo por la misma razón, no cantó una oda al amor, pero sí lo hizo delante de miles de personas el 21 de febrero de 2022. Tres días antes de que Vladímir Putin iniciara su invasión en Ucrania, la cantante salió en el programa de La Voz. Los cuatro jueces, de espaldas durante la actuación, pulsan un botón para darse la vuelta si deciden que esa voz entra en el concurso. En el caso de Nikka, los cuatro se dieron la vuelta. "Sentía que despegaba mi carrera musical, era la favorita. Fue increíble", recuerda.

Un año después, Nikka está sentada en la barra de un bar lejos de su Kiev natal dos horas antes de cantar en La Peligrosa, un restaurante de El Retiro donde actúa tres noches a la semana. Con blazer y short de lentejuelas, se prepara para lo que ahora es el centro de su carrera. Podría fundirse todo a negro, que sonase Dwa Serduzka, la canción de la película polaca de Cold War de Pawel Pawlikowski. Pero tampoco es esta la banda sonora de esta historia. Ni la ucraniana va vestida de negro.

Nikka grabando el vídeo de la canción ‘Gatúbela’. (A. B.)
Nikka grabando el vídeo de la canción ‘Gatúbela’. (A. B.)

Si tuviera que ir de luto, lo haría por la vida que ha perdido en Ucrania. "Era una vida muy cómoda. Cantaba en eventos, lanzaba mis propias canciones y estaba estudiando para ser presentadora. Tenía muchos planes para crecer". Unas semanas después del discurso de Putin que daba inicio a la invasión, Nikka viajó a Madrid para quedarse con una amiga. Nunca pensó que se quedaría más de dos semanas, mucho menos que iba a cumplir el primer aniversario de la guerra viviendo en España.

La ucraniana habla con un español fluido sobre sus inicios en la capital. Empezó con clases de español cuatro horas al día, cinco veces por semana. Un novio español durante unos meses le ayudó a tener más fluidez. Recuerda con dificultad cómo fueron esos inicios en los que empezó cantando en el restaurante Inclán Brutal. "Normalmente, los cantantes llegan con una lista muy larga de canciones, pero yo no tenía ninguna. En mi primera semana en España me estudié las primeras ocho canciones para poder empezar".

Como todos los inicios en un país nuevo, fueron un poco frenéticos. Nikka contactó con varias personas para encontrar un trabajo, pero reconoce que no sabía por dónde empezar. "Estaba muy activa y al final conseguí un trabajo, pero no sé cómo lo hice, no lo recuerdo, estaba en estado de shock".

Nikka editando una de sus canciones en Madrid. (A. B.)
Nikka editando una de sus canciones en Madrid. (A. B.)

Cantar en un restaurante no era lo que Nikka realmente quería. Venía de estar muy cerca de la fama en Ucrania aunque nunca podrá saber si hubiera llegado a conseguirlo si la invasión no hubiera empezado. A pesar de todo, disfruta de sus actuaciones y de actuar de manera tan íntima y cercana con la gente. Aunque no olvida que es la antesala de algo que, asegura, será mucho más grande. Si le preguntas si es feliz, te responde que sí, lo es en Madrid. Automáticamente, aclara que no puede serlo completamente porque necesita crecer. "Nunca puedo estar quieta". Ni su participación en el musical Malinche Musical, de Nacho Cano, ha podido relajar sus expectativas. "Me canso rápido cuando llego a cierto nivel. Siempre quiero más. A veces eso no es bueno, siempre tengo prisa para hacerlo todo y no paro de pensar".

Sus pensamientos, a veces, la matan. No se puede relajar y los momentos en los que consigue no pensar son un regalo. Procura ampliarlos con meditación ("es complicado") y con paseos en el parque del Retiro. Tiene hasta un lugar especial en el que se sienta a (intentar) relajarse. Todos los días, escribe en su "diario de gratitud", una libreta que utiliza para dar las gracias por la gente que ha conocido, por las oportunidades que se la han brindado y por poder tener la oportunidad de intentar conseguir su sueño. Como el de casi toda cantante, ese sueño se caracteriza por encontrar la fama o reconocimiento dentro del difícil sector musical.

Nikka antes de actuar en un restaurante. (A. B.)
Nikka antes de actuar en un restaurante. (A. B.)

Nikka cree que tiene algo especial que marca la diferencia. Quizá no es una voz única e incomparable, sino su energía. Se considera una persona muy espiritual y dice que cuando ella canta, mucha gente se queda mirándola fijamente. Siente que tiene ese "no sé qué" que es tan difícil de encontrar. Es esa energía la que lleva a creer que algún día conseguirá estar encima de un escenario y que la gente pagará por ir a verla cantar. Sueña, además, con ser escuchada y en utilizar esos conciertos para contar su historia y dar esperanza a otras personas que quieran cumplir su sueño. Más que mocatriz, tira por coachcante.

En su paso por La Voz España, esa energía no funcionó. Nikka no quiere dar muchos detalles de su actuación en el programa hace medio año, pero reconoce que "la experiencia no fue buena". Ninguno de los cuatro jueces se dio la vuelta esa vez, aunque luego no pararon de alabar a la cantante. "Me decían que lo hice todo perfecto, que no sabe por qué se dieron la vuelta, que no lo entendían, no sabían qué pasó. Yo sé qué pasó. Política pasó". No quiere dar más detalles.

Toda su atención está centrada sus proyectos musicales, en las canciones que compone y las que versiona con un toque de folk ucraniano. "Quiero crear un estilo que no existe. Puedo hacer rock o pop pero ahora quiero modernizar el folk ucraniano, hacer canciones con esos coros y melodías". Cuando compone una canción, ella misma graba la voz, la edita, graba el vídeo y lo produce. Nikka es un proyecto musical creado y formado por una sola persona: Nikka.

Detalle de un anillo de Nikka antes de una de sus actuaciones. (A. B.)
Detalle de un anillo de Nikka antes de una de sus actuaciones. (A. B.)

El sueño e inspiración de la cantante también tiene un nombre propio. El de Rosalía. Al igual que la catalana ha mezclado el flamenco y estilos urban, la ucraniana quiere hacer lo mismo con su música folklórica. Cuando dice que quiere llegar tan lejos como lo ha hecho una de las artistas más reconocidas en la actualidad, es consciente de que puede sonar exagerado. "Lo sé, pero cuando una persona empieza, está abajo. Alguien se pudo reír de Rosalía sobre sus expectativas de futuro cuando empezó", explica. Después de haber visto el documental La Rosalía, una frase se le quedó marcada: "Ella dijo, cuando todavía no era famosa, que sentía que la estaban preparando para algo. Así me siento yo".

Por ahora, Nikka sigue cantando versiones que han compuesto cantantes famosos en el restaurante cerca del Retiro. Sale a comer con los amigos que ha hecho aquí, un círculo pequeño pero suficiente. Y no quiere hablar mucho de la vida que ha dejado atrás. Su familia sigue en Kiev, donde está durante temporadas sin luz, internet o calefacción. Su abuela tuvo un derrame cerebral, pero ahora está mejor. Ha dejado de leer noticias de la guerra, por hartazgo, por cansancio. No sabe cómo acabará la guerra, pero tiene claro que Ucrania no podrá ganar esta guerra si ayuda.

Nikka en su lugar favorita del parque de El Retiro. (A. B.)
Nikka en su lugar favorita del parque de El Retiro. (A. B.)

Este tampoco es su secreto. Lo desvela a mitad de la entrevista, en ese bar del centro de Madrid, casi sin darse cuenta. "Yo no soy tonta, no le cuento a nadie lo que quiero hacer y hasta dónde voy a llegar. Porque una persona que no siente esto que siento yo, no lo va a entender. No va a entender las ambiciones que tengo ni por qué no puedo disfrutar de las cosas pequeñas porque siempre quiero algo más. No le puedo decir a nadie que quiero que vengan 10.000 personas a verme cantar".

La banda sonora de esta historia forma parte del sueño de la cantante ucraniana. "Estaba loca por casarte/ Hacértelo rico yo/ Ojalá pueda’ quedarte/ Porque aquí me quedo yo". La letra no es suya, es la de la canción Gatúbela, de Karol G y Maldy. La ucraniana ha hecho su propia versión con un toque de folklore de su país y ha editado un país que ha subido a redes sociales para darle difusión. Las utiliza para darse a conocer, aunque espera que algún día no necesite estar tan pendiente de conseguir seguidores. Que lleguen a ella de forma natural, por conocerla. "A veces me fuerzo a subir algunas cosas porque todavía no tengo vida de influencer. A veces me gustaría ser famosa y no preocuparme por eso".


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