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Netflix revive la bronca más vieja de internet: por qué nadie quiere pagar el aumento del tráfico Monday, 27 February 2023

El Mobile World Congress, que arranca hoy en Barcelona, ha dejado de ser el gran escaparate de antaño para los fabricantes de smartphones. De los pesos pesados del mercado, solo Xiaomi ha montado un gran evento y lo ha hecho para relanzar un móvil de 1.000 euros que lleva semanas ya a la venta en China. Parece que Samsung, Huawei y otros como Oppo han entendido que no hay mucha más cera en la vela y prefieren guardarse sus golpes de efecto para sus propios eventos. Con este panorama, el protagonismo de este cónclave tecnológico recae en los operadores. Ya llevaron la voz cantante el pasado año, cuando Orange y MásMóvil no habían anunciado sus planes para fusionarse y todo el gremio estaba especulando con los candidatos a dicha unión para crear un nuevo supercampeón patrio de las telecomunicaciones.

Este año, los teleoperadores vuelven a estar en el foco por una reivindicación histórica. ¿Quién paga la factura de internet? ¿Las empresas que construyen, explotan directamente las redes y se encargan de la fontanería? ¿O también tienen que apoquinar los grandes gigantes de internet, desde Netflix hasta Google pasando por Amazon, que hacen uso de estas autopistas para hacer correr sus contenidos y sus negocios multimillonarios? No es un debate nuevo. Esta es probablemente la bronca más vieja de internet. La puso César Alierta, exmandamás de Telefónica, hace casi dos décadas sobre la mesa y la abanderó durante todo su mandato.

"El ‘streaming’ de vídeos, los juegos y las redes sociales representan más del 70% de todo el tráfico que circula por las redes"

El MWC de Barcelona fue incluso la pista de despegue para Firefox OS, un proyecto junto a la Fundación Mozilla para crear un sistema operativo que compitiera con iOS y Android. José María Álvarez-Pallete, sucesor de Alierta en lo más alto de la compañía, tomó el testigo de esta lucha. "El streaming de vídeos, los juegos y las redes sociales originados por unas pocas plataformas de contenido digital representan más del 70% de todo el tráfico que circula por las redes", aseguraba en una carta dirigida recientemente a las instituciones europeas y firmada junto a los CEO de Vodafone, Orange y Deutsche Telekom.

"Las plataformas digitales se están beneficiando de los modelos comerciales de hiperescalado a bajo coste, mientras que los operadores de red asumen las inversiones necesarias en conectividad. Al mismo tiempo, nuestros mercados minoristas están en constante declive en términos de rentabilidad", añadía el escrito. Es bastante probable que en la intervención que dará como presidente de la GSMA, el órgano rector del MWC, vuelva a poner palabras similares a la gran demanda de las telecos de los últimos años.

Su deseo, algo más cerca

Pero en esta ocasión hay algo nuevo. Este deseo está más cerca que nunca de hacerse realidad. Y lo está por el cambio de parecer en el señor de las instituciones europeas. En una década, se ha pasado de rechazar una iniciativa similar y de proclamar que estas empresas tenían que ponerse las pilas para seguir siendo competitivas ante los nuevos tiempos a abrir la puerta a que las grandes tecnológicas tengan que pagar parte de la factura de las redes. Algo que se ha hecho a través de una consulta exploratoria que anunció a finales de la pasada semana el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton.

Aunque el francés habló de "un debate que no se podía esquivar" y evitó referirse a empresas o industrias concretas, todos los ojos se dirigieron rápidamente a las grandes tecnológicas. Un informe de Sandvine afirma que el 60% del ancho de banda mundial está ocupado por Netflix, Microsoft, Google, Meta, Apple y Amazon. Seis empresas, todas ellas estadounidenses.

Breton ha insistido en esta idea en su intervención en la jornada inaugural del MWC. "La conectividad, como el agua o la electricidad se ha convertido en un bien imprescindible para todos hogares y empresas", ha dicho el comisario. "Estamos en un momento decisivo para nuestra conectividad ha rematado". El político ha recordado el reto al que se enfrenta la infraestructura con la llegada de nuevas tecnologías y ha puesto en valor los esfuerzos de los operadores para dejar de ser meros proveedores de internet y convertirse en proveedores de "software innovador".

Thierry Breton. Foto: Reuters.

"Es un momento crítico para dar un paso atrás y reflexionar sobre cómo esta revolución de conectividad afectará nuestras necesidades de infraestructura, nuestras inversiones, nuestros marcos regulatorios", ha puntualizado Breton, que ha dicho que la consulta de Bruselas sobre este asunto no "es una elección binaria entre grandes telecos y grandes tecnológicas". Ha abogado por encontrar un modelo de financiación que respete principios consagrados por Europa como la neutralidad de red pero que pueda sostener "las enormes inversiones" necesarias para lograr cosas como la conectividad Gigabit en toda la UE para 2030. "No se trata de si un interés creado debe prevalecer sobre otro.Se trata de dar el gran salto de conectividad que tenemos por delante".

De esta forma, el comisario del Mercado de Interio ha respondido a las declaraciones de la CCIA, una especie de patronal que tiene entre sus socios a muchas de estas multinacionales. Este lobby, con sedes en EEUU y Bruselas, no dudó en atacar hace días a las telecos por promover un impuesto al uso de la red y acusó a Bruselas de ser tendenciosa e incluir sesgos en la encuesta. "Es solo vino añejo en botellas nuevas", aseguraron representantes de esta organización en referencia a que se estaban presentando los mismos argumentos que hace años. Además, aseguraron que la lupa tendría que estar puesta en el exceso de trámites burocráticos o en "la falta de capacidad de ingeniería civil" de la que se adolece en Europa.

"Hay que pensar que en los últimos años hemos pasado de un tráfico de internet dominado por el texto, como quien dice, a un tráfico de internet dominado por Netflix y otros proveedores de video", afirman fuentes del sector consultadas por este periódico tras el anuncio de Breton, que también intervendrá en el Mobile World Congress. "La pandemia supuso un punto de inflexión", añaden. El covid fue una especie de canario en la mina. Obligó a cientos de millones de personas a refugiarse en sus casas en marzo de 2020. El teletrabajo y el ocio digital se dispararon. Las redes de Telefónica, Vodafone y Orange, según datos de la CNMC, tuvieron picos de aumento de tráfico del 50% a partir de ese momento. Sin embargo, sus ingresos solo crecieron un 1,8%, a pesar de haber vivido el mayor periodo de demanda de su historia. ¿El motivo? Por una parte, las inversiones que tuvieron que hacer para adecuar la infraestructura a las necesidades del momento. Por ejemplo, Vodafone reconoció en público que se había tenido que gastar 220 millones en equipos y mantenimiento durante los tres meses que duró el confinamiento en España.

Pero el motivo principal es la naturaleza que ha adquirido el mercado de las telecomunicaciones en la Unión Europea. Mientras en China o en Estados Unidos la inmensa mayoría de la tarta se la reparten entre tres o cuatro grandes jugadores, en este lado del mundo se ha creado una suerte de enjambre de teleoperadoras, con más de 200 compañías dedicadas.

Un escenario propiciado desde Bruselas con el fin de generar un mercado hipercompetitivo que beneficiase a los consumidores, que tendrían multitud de opciones y precios bajos para contratar fibra y móvil. Es de sobra conocido que el sector lleva años instalado en una guerra low cost. Un informe de Moody’s publicado en abril de 2020 ya alertaba que la generalización de tarifas planas iba a ser una losa para que las empresas europeas sacaron rédito al boom de la banda ancha que se estaba produciendo.

Todo esto se ha traducido en el ingreso promedio por usuario (conocido por el acrónimo ARPU) de la mayoría de operadoras europeas. Es cierto que se encuentran por delante de regiones en vías de desarrollo como Oriente Medio o América Latina, pero el grueso de telecos se posiciona por detrás de lo que consiguen las empresas norteamericanas o de los países asiáticos más maduros.

¿Un problema que se agrava?

El problema es que todo esto no es una situación pasajera. Sobre la mesa ya hay tecnologías como la inteligencia artificial generativa, el metaverso o los videojuegos en la nube que lo único que van a hacer es multiplicar la presión sobre las infraestructuras. Según la consultora Axon, para que Europa consiga desbloquear todo el potencial del 5G harán falta, al menos, 150.000 millones de euros adicionales de inversión, que se suman a los 500.000 millones que los proveedores de internet han invertido en los últimos años. Frontier ha estimado que el tráfico impulsado por internet podría generar costos de hasta 40.000 millones de euros por año para las empresas de telecomunicaciones de la UE.

Y esta cantidad podría multiplicarse hasta suponer 28.000 millones adicionales si el ritmo de crecimiento de tráfico es el previsto. "Si se quieren cumplir objetivos de despliegue del 5G o gigabit tiene que haber cambios. Si quieres mantener ese escenario hiperfragmentado en el mercado para mantener el control de precios, tienes que hacer otros cambios", afirman otras voces del sector, que no dudan en poner el dedo en la llaga asegurando que la UE, en conjunto, está ya rezagada frente a otras regiones. El porcentaje de clientes que tienen conexiones mayores a 100 Mbps es 20 puntos porcentuales inferior al de EEUU y 44 puntos al de Corea del Sur. "Lo de la fusión de Orange y MásMóvil responde a esto también. Si no se produce la concentración, muy pocos pueden alcanzar una escala de ingresos y beneficios que permita acometer todas estas inversiones. En España la situación es todavía peor y se corre el riesgo, después de liderar el despliegue del 3G y del 4G, de quedarnos descolgados".

Estos movimientos no son nuevos en absoluto. En Corea del Sur, hace unos meses, el estreno de El Juego del Calamar saturó la red nacional. Hasta el punto que una teleco local, decidió demandar al rey del streaming ante los tribunales. Todo aquello derivó en que la Asamblea Nacional empezase a debatir una ley que obligase a los grandes proveedores de contenido de internet a pagar una tarifa por el uso de las redes. No se ha conseguido articular una solución todavía y el parlamento surcoreano sigue dividido sobre la medida, pero esto, tal y como afirmaban Pallete y sus homólogos europeos en su carta, "es un signo de cambio".

El principal problema, en el caso de que la consulta apunta a que la Comisión debe seguir explorando la vía defendida por las teleoperadoras, es cómo se articulará lo que se ha venido a denominar como "justa contribución". Las diferentes piezas del sector descartan un pago fijo y generalizado para todos los actores de internet. "La idea es pedir esa contribución a los que más ancho de banda consume. Esto no se trata de un doble cobro a los usuarios ni a cualquier empresa de pequeño tamaño", afirman.

"Esto no va de imponer una tasa fija. Lo ideal es que la normativa acabe propiciando una negociación entre las diferentes partes para lograr un acuerdo justo. Si no se llega a ese acuerdo, pues se debería articular un organismo supervisor que arbitre el desencuentro". La comparativa que hacen, salvando las distancias, es la de que Apple y Google se sientan a negociar regularmente para que el buscador siga siendo la opción predeterminada en los teléfonos de la compañía. El problema, a día de hoy, es que las tecnológicas "no se ven" obligadas a discutir nada.

Las ‘big tech’ entienden que las operadoras ya rentabilizan las redes a través de lo que cobran a sus clientes

Ponen sobre la mesa otros asuntos como la optimización del tráfico, una "medida complementaria" que puede ayudar a paliar la problemática principal. "Ya se vio en pandemia que pueden mejorarlo, como el caso de Netflix o Prime Video, sin que esto afecte a su servicio. Pero estas cosas solo van a ser un parche temporal si siguen teniendo barra libre para aumentar el tráfico sin preocuparse de la infraestructura que lo sujeta".

Los argumentos de las grandes tecnológicas son de sobra conocidos. Una de las cosas que suelen sostener es que ellos ya acometen inversiones para sostener el mejor funcionamiento de internet, como pueden ser los cables submarinos o los diferentes centros de datos que levantan en diferentes partes del mundo y afirman que hacer pagar por el uso de las redes sería algo así como obligar a BMW o Ford a pagar por las carreteras porque venden muchos coches.

Las recientes declaraciones de la CIAA también agitaban el fantasma de una subida de precios en suscripciones y bienes digitales si se materializa este mecanismo de pago. Entienden que las operadoras ya rentabilizan las redes a través de lo que cobran a sus clientes, que podrían verse obligados "a un doble pago" al encarecerse el coste de algunas plataformas. AMETIC, la patronal de la industria digital en España, ya se posicionó en contra de una posible tasa a las grandes compañías digitales, haciendo suyo el argumento de que al final esto lo pagarán los usuarios.

Estos proveedores suelen recriminar a las operadoras que sus negocios también les benefician, ya que los usuarios contratan mejores planes de internet gracias a su contenido y sus servicios. La respuesta por parte de las telecos a esta argumentación es que esos clientes llegan a un coste inasumible.

En el centro de todo este debate ya hay quien ha puesto la neutralidad de la red. Este principio, que en países como Brasil ha sido protegido por ley, sostiene que el tráfico de internet debe ser tratado independientemente del origen que tenga. Un principio, que según las big tech, quedaría vulnerado si salen adelante iniciativas como las de la UE o Corea del Sur.

La respuesta del sector a esta tesis es igualmente meridiana."Aquí no se va a bloquear el contenido de nadie". Están convencidos de que esto no tiene que ver con la neutralidad de la red y aseguran que el mayor problema que se presenta "a un internet abierto y libre" es la proliferación de gatekeepers y monopolios que dominen la industria digital, que es precisamente de lo que muchos acusan a tecnológicas como Apple, Amazon o Google.


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