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El día que acabé en una sauna con el ‘traidor ucraniano’ que trabaja para la Inteligencia de Volodímir Zelenski Wednesday, 08 February 2023


La guerra no es un buen lugar para malentendidos. Sobre todo, si estás en la primera línea y las botellas de alcohol casero han empezado a menguar. Tampoco ayuda que el oficial de Inteligencia no parezca conforme con nuestra identidad e interrumpa la cena por segunda vez, mientras el resto de soldados bajan los chupitos y dejan de reír.

Era el último trámite antes de regresar a zona segura y volver a tener internet. La última parada de un día trabajando con artilleros y tanquistas en las inmediaciones de Marinka (región de Donetsk), aunque ahora, bajo cero, en la calle oscura de un pueblo sin nombre del frente ucraniano, el único pensamiento es que algo no va bien. Y nadie sabe que estamos aquí.

—Quiere que le sigáis a ese edificio. Dentro hay una sauna —explica el traductor.

—¿Con las botas y el abrigo? —dudo—. Estamos bien con el resto.

Quiere hablar con vosotros —insiste él con gesto serio.

Vadym, fumando en un momento de pausa de la entrevista. (Fermín Torrano)
Vadym, fumando en un momento de pausa de la entrevista. (Fermín Torrano)

Vadym sabe que el miedo tiende a vencer a la razón. Una máxima que aplicaba en sus peleas de artes marciales mixtas (MMA), noqueando a sus rivales. La misma de la que se aprovechó cuando, todavía con las medallas deportivas al cuello, buscó un sobresueldo provocando altercados y reventando manifestaciones a las órdenes de corruptos con intereses políticos.

Hoy, su mirada retadora luce más apagada, pero a oscuras, con un cigarro en la boca y de uniforme, sigue siendo amenazante. Sin embargo, no parece darse cuenta del efecto que genera una invitación que en realidad no se puede declinar. Tampoco —dirá después—, fue consciente de cómo le marcaría la vida la agresión que le hizo famoso en 2013 y le valió el apelativo de traidor a Ucrania.

Pero de aquello hace ya 10 años y dice haber cambiado…

Solo quiero contaros mi historia. Estoy preparado.

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El chico de los recados, el campeón pobre

Vadym abre la puerta de la sauna antes de agachar la cabeza y mirar al suelo. El calor y el aire cargado golpean nuestros rostros.

Era una mañana despejada de mayo de 2013 y un grupo de partidos de la oposición protestaba en Kiev contra la administración de Viktor Yanukóvich. Era el final de dos meses de protestas que pretendían deponer al mandatario títere del Kremlin y levantar (ese era el lema, Rise up, Ukraine!) el país. Sin embargo, el partido del presidente tenía una sorpresa.

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Habían autorizado una manifestación contra "el fascismo" en la misma plaza, y contaban con varias decenas de jóvenes matones en chándal con ganas de bronca para provocar a los asistentes. El enfrentamiento estaba asegurado.

Aquella era una práctica habitual en Ucrania para reventar desde dentro manifestaciones pacíficas. Eran otros tiempos. Los smartphones eran todavía un lujo en un país que tan solo un año después habría vivido ya una revolución, la invasión de Crimea y el inicio de la guerra en el Donbás.

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Pero aquel día las cámaras grabaron la agresión de Vadym Titushko a la periodista Olha Snitsarchuk, presentadora del Canal 5, y a su marido, Vladyslav Sodel. El nombre y rostro del campeón de Ucrania y Europa de MMA se publicaron en todos los medios, dejando un legado inesperado: el término titushki.

Desde entonces, a los mercenarios que apoyaban por dinero el Gobierno prorruso y a los provocadores que creaban altercados en las calles contra otros grupos, se les etiquetó con el diminutivo del apellido de este joven de la región de Kiev. La historia traspasó fronteras y el impacto fue que tal que el diccionario de Myslovo, encargado de elegir la palabra del año en Ucrania, añadió la expresión a su lista de 2013 junto a otras como Twitter, hashtag o Maidán.

Una década después, todavía es común escuchar el término en las conversaciones de un pueblo centrado en la guerra que ha olvidado el rostro de aquel protagonista, pero no sus actos. Tan olvidado está que muchos soldados no imaginan que el tipo calificado de traidor y siervo de Moscú es ahora un uniformado ucraniano desplegado en el Donbás trabajando en una de las ramas más complejas del Ejército en el frente, la Inteligencia.

¿Al Ejército en busca de redención?

Han pasado seis minutos y hace falta abrir la puerta para ventilar. Somos cinco en una habitación de seis metros. Las botas, el abrigo, la camiseta térmica y el gorro tampoco ayudan a mitigar el calor de la sauna. El precario edificio de madera ha sido forrado de algún material aislante plateado para mantener el calor y la humedad dentro. Titushko piensa cada frase y tartamudea regalando respuestas nerviosas. Al encuentro le sobra ropa y le faltan muchas palabras.

"Se dijo que había personas de las altas esferas involucradas, pero yo lo desconozco. Aquella situación sigue cubierta por demasiadas sombras", sostiene. También afirma no recordar cuánto cobró por dirigir un grupo de 70 boxeadores cada vez que iban a pegarse con sus rivales, cómo se organizaban, qué objetivos tenían o quién pagó su fianza de 2.800 dólares tras su detención.

Curioso teniendo en cuenta que, según él, había sido "la falta de patrocinadores" y la escasa cuantía de las bolsas en las veladas lo que le hicieron probar esta nueva línea de trabajo. Respuestas silenciadas que podrían devolver la imagen de matón de barrio con escasos recursos que trata de vender o la de un traidor al servicio de una potencia extranjera. Esta última fue la que se propagó.

Vadym, segundo por la derecha, camino de una misión con una unidad de artillería. (Fermín Torrano)
Vadym, segundo por la derecha, camino de una misión con una unidad de artillería. (Fermín Torrano)

Según el periódico ucraniano Vibory Vibory, que investigó en 2019 la relación entre círculos de poder y el deporte de contacto en más de una decena de regiones, los titushkis recibían entre 50 y 100 euros por jornada. En las acciones más breves, los salarios oscilaban entre los 15 y 65 euros, alcanzando las cuantías más altas aquellos deportistas que compitieran internacionalmente.

"En aquel momento yo no sabía nada y prefiero no mentir. Los peleadores nos conocemos y recomendamos, pero no significa que yo defendiera ninguna de estas ideas", contesta arrinconado y sudoroso. Él deja escapar que se trata de un secreto de estado, pero cae en contradicciones y silencios que le mandan a la esquina. Parece que el pasado pesa más que las medallas.

Lo único confirmado fue su condena en septiembre de aquel mismo año. Aunque, sobre ese hombre nuevo que asegura ser para limpiar su honor, Titushko calla más delitos. Como la condena por asalto y robo en 2018 por entrar a una casa, desvalijarla, amordazar a los inquilinos y sustraer su coche. Aquella vez le acusaron de pertenecer a un grupo criminal y, según medios locales, Vadym traicionó en comisaría a otro de los detenidos.

¿Es fiable un tipo así? ¿Calla por vergüenza o por mentira? ¿Qué buscaba al proponer una entrevista en un medio español? ¿Qué gana Titushko contando su versión de la historia?

Hay un factor que tampoco menciona cuando la grabadora para, mientras enciende otro cigarrillo en la entrada de la sauna. Desde marzo y abril, se están conmutando muchas penas a cambio de servir en las Fuerzas Armadas de Ucrania.

Y en la Ucrania, que sigue apilando muertos, se ha disparado el cálculo de la vida futura cuando llegue la paz. Son momentos de limpiar la imagen e, incluso, hacer negocio. A estos últimos, el Gobierno y la Justicia parecen poner coto con sus acciones contra la corrupción. En las últimas semanas, ministros, altos cargos de regiones, la líder de la agencia tributaria de Kiev o incluso Ihor Kolomoyskyi, considerado el oligarca más poderoso del país, han visto como los cuerpos anticorrupción registraban sus viviendas o eran obligados a dimitir.

Artilleros ucranianos alrededor del fuego, tras disparar satisfactoriamente contra una posición rusa. (Fermín Torrano)
Artilleros ucranianos alrededor del fuego, tras disparar satisfactoriamente contra una posición rusa. (Fermín Torrano)

Otros, como Titushko o Nadiya Savchenko, exdiputada y veterana del Donbás acusada de planificar un asalto al Parlamento ucraniano, han pasado por debajo del radar y forman ahora parte de las Fuerzas Armadas, acumulando puntos para ser héroes de Ucrania.

En un país donde las opiniones de muchos han cambiado, es difícil saber si se trata de un cambio real o un movimiento calculado. Pero algunos personajes sacan rédito. Se ve en el rostro de Titushko, joven de 30 años incapaz de enfrentarse a un pasado que niega. "Los medios crearon una imagen negativa de mí", repite. Y nosotros insistimos en clarificar alguna información antes de seguir con la entrevista.

Pero hace calor y quiere fumar, y dice que se ha hecho tarde, que le han llamado para una misión urgente, y se sienta de nuevo en la mesa. Se ríe despreocupadamente. Una prisa extraña. Al final nos mandan a nosotros para casa. En una guerra que la muerte está tan presente, nacen hombres nuevos. No parece ser el caso de Vadym Titushko.

***

Una semana después, nos volveríamos a encontrar en una base de otra unidad militar. Sin traductor ni tiempo, apenas hizo un gesto de llamar por teléfono. Los dos sabíamos que ninguno tenía el número del otro. Sonreímos. Ambos supimos que, al menos por el momento, no habría una segunda entrevista.

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