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¿Quiénes fueron los hombres y mujeres monumento? La reconquista del arte robado por los nazis Sunday, 12 February 2023


"¿Qué es el poder? ¡Es la impotencia!", decía Charles de Gaulle poco antes de su final bajo un pueblo francés alzado contra su régimen autoritario. Pero al comienzo, ¿qué es el poder? En la conferencia inaugural del Collège de France, Foucault lo denominó como "el orden del discurso", a través del cual cada sociedad se esfuerza por producir y controlar las creencias colectivas y las representaciones del mundo. Es ese afán de orden, aseguró el filósofo, lo que funda la idea de soberanía: señalar y sentenciar lo que es bueno, lo que es bello y lo que es verdadero. Lo que debe ser cada cosa.

En la actualidad, recibimos casi a diario noticias sobre la destrucción y el saqueo de obras de arte y objetos del patrimonio cultural de importancia local, regional, nacional e internacional, en particular procedentes de Oriente Medio, pero también de muchos otros lugares del mundo que viven sumidos en el conflicto. Los delitos contra los bienes culturales, sin embargo, no son un fenómeno nuevo, sino una táctica empleada durante milenios en todos los continentes y contra muchos grupos culturales diferentes: el futuro de la humanidad parpadea entre el significado robado desde la Antigüedad.

Foto: Llegada a Theresienstadt, de autoría desconocida, creado entre 1942 y 1944. (Wikimedia)
Freizeitgestaltung: la comunidad artística que se formó en un campo de concentración nazi

Esta historia, no obstante, no es tan lejana, aunque requiere de su respectivo contexto para situarse en el momento en el que sucedió, y aquel momento sigue siendo ahora mismo. Estamos en 2023 pero también a mediados de la década de los años cuarenta del siglo pasado, y de no ser por un grupo de mujeres y hombres conocidos como The monuments men and women o Los hombres y mujeres monumentos, tal vez hoy no habláramos del nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, la Saliera de Benvenuto Cellini, La dama del armiño de Leonardo da Vinci o La Virgen y el Niño de Miguel Ángel entre otras muchas obras de arte de todos los tiempos que, en algún momento de este, se convirtieron en objetivo del poder. En este caso, no para su creación, sino para destruirlo.

Miembros de la MFAA fotografiados mientras recuperan pinturas robadas. (Wikipedia)
Miembros de la MFAA fotografiados mientras recuperan pinturas robadas. (Wikipedia)

Una "revolución cultural"

Unas semanas después de que Adolf Hitler se convirtiera en canciller de Alemania, en enero de 1933, el jefe que el dictador había elegido para lo que denominaron la Liga de Combate por la Cultura Alemana pronunció un discurso explicando las teorías culturales del nuevo régimen: "Es un error pensar que la revolución nacional es solo política y económica. Es, sobre todo, cultural".

Obras de arte escondidas en la sala del castillo de Montegugoni. (Wikipedia)
Obras de arte escondidas en la sala del castillo de Montegugoni. (Wikipedia)

Como recuerda la profesora de Historia del Arte Rhonda Reymond, aquellas palabras eran la estela misma de la perturbación de Napoleón en el patrimonio cultural de los países que invadió medio mundo dos siglos antes de que el nazismo destruyera Alemania y gran parte de Europa con excusas siempre similares: ordenar el discurso. Las formas del francés habían sentado un precedente en la teoría como ejemplo para saquear y controlar las artes visuales como parte de estrategias para la construcción de imperios.

Formada en 1929, el objetivo de la Liga de Combate nazi era "iluminar a la raza alemana sobre las conexiones entre raza, arte y conocimiento" y "defender los valores culturales alemanes en medio de la decadencia cultural contemporánea". Así, los hombres del ministerio de cultura del Tercer Reich comenzaron castigando al arte moderno, incluyendo el expresionismo alemán (Der Blaue Reiter y Die Brücke), la nueva objetividad (Neue Sachlichkeit), el futurismo, el cubismo, el dadaísmo y otros movimientos clave.

La gran herramienta política

En la gran inauguración de la Casa del Arte Alemán, en 1937, Hitler lanzó su gran amenaza para lo que aquí nos concierne: "De ahora en adelante, lideraremos una guerra implacable de purificación, una guerra implacable de exterminio, contra los últimos elementos que han desplazado a nuestro arte". No obstante, su estrategia había comenzado mucho antes con obras de otras épocas, de otros siglos, de otros movimientos y otros lugares. Las artes, en general, fueron pronto un componente clave y una herramienta política de la maquinaria de propaganda nazi.

Hitler en la inauguración de la Haus der Kunst (Casa del Arte Alemán) en Múnich. (Wikipedia)
Hitler en la inauguración de la Haus der Kunst (Casa del Arte Alemán) en Múnich. (Wikipedia)

Ya desde comienzos de la década de 1930, Hitler comenzó a saquear una amplia gama de colecciones que formaban parte de algún modo del legado de los pueblos y grupos sociales que querían destruir. Con ese objetivo, arrasaron bibliotecas, museos, galerías de arte e incluso casas particulares, seleccionando lo que consideraban para su propio archivo en su nueva institución museística, el Fuhrermuseum, que el dictador estaba estableciendo en su ciudad natal de Linz, en Austria. Mientras tanto, lo que no seleccionaban caía al fondo de la tierra, literalmente.

A partir de 1933, como explican desde The Collector, el saqueo de propiedades judías fue uno de los primeros pasos clave para la posibilidad del Holocausto. "Los nazis también saquearon los países ocupados, a veces con incautaciones directas y, a veces, con el pretexto de proteger el arte a través de unidades Kunstschutz. Además de oro, plata, y monedas, se sustrajeron elementos culturales de gran importancia, entre ellos pinturas, cerámicas, libros y tesoros religiosos". La mayoría de las veces, el saqueo se ha quedado con el saqueador. Antes del siglo XX, de hecho, no existió una base legal para exigir la devolución de nada robado entre regímenes.

Así comenzó el Holocausto

El 26 de abril de aquel año, detalla la historiadora Natalia Flores en su artículo El botín de guerra: Arte robado en la Segunda Guerra Mundial, las propiedades judías debían registrarse ante el gobierno. "Luego, el encarcelamiento sistemático de judíos en campos de concentración dio a las autoridades alemanas rienda suelta para robar esto y lo otro a su propia voluntad. Esto inició la ‘arianización’ de la propiedad, como denominaron al proceso de expulsar a los judíos de sus negocios y hogares".

Un soldado se lava las manos en un palacio donde se guardan obras de arte. (Wikipedia)
Un soldado se lava las manos en un palacio donde se guardan obras de arte. (Wikipedia)

Alemania institucionalizó el robo de obras de arte, artefactos religiosos y libros para concentrar la riqueza a través de leyes que pretendían documentar sistemáticamente la propiedad, pero también de identificar a las familias judías, facilitando su persecución. "Se vendieron muchas obras de arte de menor importancia para generar ganancias que financiaron la maquinaria de guerra de Alemania y los campos de concentración. Esto preparó el escenario para el genocidio a gran escala de la población judía", señala Flores.

Entre los muchos artículos que fueron robados bajo el régimen nazi se encontraban documentos raros, bibliotecas enteras llenas de libros, obras de arte de valor incalculable, rollos de la Torá, campanas de iglesias y otros artefactos inmensamente valiosos. Además, cabe recordar que unas semanas después de que Hitler hubiera sido nombrado canciller, la policía entró a la Bauhaus, que desde finales de 1932 se había instalado en Berlín a cargo de su tercer y último director, el arquitecto Mies van der Rohe. La policía arrestó a 32 estudiantes y Mies se vio obligado a disolver la escuela en el mes de abril.

Recuperar el legado robado

En respuesta a la gran represión de aquel sistema perverso que empezaba a nacer, en 1943, el entonces presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt dio luz verde al juez de la Corte Suprema del país norteamericano, Owen Roberts, para organizar una gran operación de protección y rescate. Primero la apodaron Comisión Roberts, pero pronto se convirtió en la MFAA (Monuments, Fine Arts and Archives Program). Para darle forma abrieron inscripciones a todo aquel que, con ciertos conocimientos en arte, se presentara candidato a formar parte. Llegaron curadores de museos, historiadores del arte, bibliotecarios, arquitectos y artistas de las naciones aliadas… así hasta 345 miembros de al menos 13 países diferentes de todo el mundo. Sabían que la tarea que llevarían a cabo no sería fácil: había que localizar, recuperar y restituir todos aquellos tesoros culturales saqueados. Con el añadido de proteger también lo que hasta entonces estaba intacto de no ser víctima de nuevos saqueos.

El régimen nazi llevaba años coordinando la transferencia a comerciantes afines de objetos de arte entre los países que había asaltado

El régimen nazi llevaba años coordinando la transferencia a comerciantes afines de objetos de arte entre los países que durante la guerra había asaltado y controlado. El arte sustraído era trasladado, por lo general, fuera de su país de procedencia a través de un sistema de ferrocarriles a las instalaciones de almacenamiento o escondites. Aquí, cada colección era marcada o codificada con una letra y un número. Por ejemplo, la Colección Rothschild, robada a la familia Rothschild, fue codificada como "R1400".

Algunos hombres del grupo, recuperando arte robado del castillo de Neuschwanstein. (Wikipedia)
Algunos hombres del grupo, recuperando arte robado del castillo de Neuschwanstein. (Wikipedia)

Los Hombres y Mujeres Monumentos debían encontrar aquellos escondites, que a menudo eran de muy difícil acceso y, por supuesto, nada fácil de localizar. Sin embargo, consiguieron llegar a muchos de ellos con un presupuesto reducido para proteger y cuidar las obras de arte mientras las llevaban en secreto a sus lugares de origen. En total, pudieron localizar y recuperar más de 5 millones de obras de arte y otros elementos de gran importancia cultural, devolviéndolos a sus archivos y colecciones originales.

Aún queda mucho trabajo

No obstante, la misión a veces (muchas veces) se complicaba: "Unos 25 miembros incluso cruzaron la línea del frente de guerra para rastrear las ubicaciones de los objetos saqueados. Algunos incluso murieron mientras intentaban proteger los tesoros que esperaban rescatar", dicen desde The Collector.

Con el final del régimen nazi, de la misma forma que tras la derrota de Napoleón, los resquicios de su imperio francés se vieron obligados a devolver los "trofeos" culturales que se habían llevado durante su breve conquista de Europa, incluidos los caballos tallados de San Marcos en Venecia y la Venus de los Medici, al final de la Primera Guerra Mundial, el tercer Reich se vio obligado también a devolver los artículos que había tomado, e incluso algunos que había comprado legalmente. Pero las consecuencias de toda guerra, más aún de las de tal envergadura, no se recomponen tan rápido.

Los agentes de la MFAA Edith Standen y Joe Kelleher con algunos de los objetos recuperados. (Wikipedia)
Los agentes de la MFAA Edith Standen y Joe Kelleher con algunos de los objetos recuperados. (Wikipedia)

Como apunta Matthew Wills en Jstor, la idea de "bienes culturales" surgió de la Segunda Guerra Mundial, pero el régimen legal que permite la repatriación de obras de arte tomadas durante el desolador conflicto tenía un largo estatuto de limitaciones. Es por eso que todavía las cosas tomadas hace siglos por otros países tales como Inglaterra, uno de los que más arte ajeno posee en su poder, permanecen donde están. Hoy en día, la Fundación Monuments Men and Women continúa buscando los muchos cientos de miles de tesoros que los nazis robaron, algunos de los cuales son objetos invaluables con una gran importancia histórica que crece a medida que pasa el tiempo y siguen ocultos. En este sentido, desde la organización recuerdan que "los tesoros culturales de épocas pasadas no han sobrevivido por accidente. Otros antes que nosotros, incluidos los Hombres y Mujeres de Monumentos, arriesgaron sus vidas para garantizar la supervivencia de nuestro patrimonio cultural compartido para las generaciones futuras".

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