Are You New User

Tres décadas de impulso creativo Monday, 20 February 2023

Fundación Botín ·

Cuando se cumplen 30 años de la puesta en marcha de las Becas de Arte, diez artistas destacados rememoran lo que supuso para ellos esa ayuda


Desde su creación en el año 1993, las Becas de Arte de la Fundación Botín han tenido como misión contribuir a la formación de artistas, así como apoyar el desarrollo y producción de sus propios proyectos personales y de investigación, vinculados siempre a la creación artística y no a estudios teóricos. Unas becas únicas, de ámbito internacional y sin límite de edad, por las que ya han pasado más de 200 creadores de 24 nacionalidades. Diez de esos artistas, con unas trayectorias más que destacadas en salas de exposiciones y galerías de todo el mundo, rememoran para El Diario Montañés lo que supuso para ellos recibir esas ayudas tan «importantes» y «únicas», según repiten cada uno de ellos, desde sus estudios donde siguen trabajando con un amplío programa expositivo fijado ya para los próximos meses.

Más allá de la cuantía económica, que en la última convocatoria recién presentada alcanza los 23.000 euros para cada artista seleccionado así como la presentación de los trabajos en la exposición colectiva anual ‘Itinerarios’, los antiguos becarios destacan el «empujón», «espaldarazo» e «impulso» que en su momento supuso entrar en esa nomina de galardonados tanto por el prestigio que cuenta en los ambientes artísticos internacionales como por la libertad que se les brinda para que desarrollen sus ideas y sus proyectos sin ningún tipo de control o condicionante por parte de la Fundación Botín. En muchos casos, esa ayuda les permitió iniciar sus primeros trabajos y en otros dar un giro a sus trayectorias para investigar con nuevas herramientas y lenguajes creativos, según señalan.

Hay otros dos aspectos que también destacan: la camaradería que se logra entre las diferentes generaciones de becarios, artistas de diferentes procedencias y estilos, que en algunos casos pasa más allá de compartir sala expositiva, y sobre todo, el orgullo de ser seleccionados por creadores de gran reputación. Un jurado externo compuesto por artistas, muchos de los cuales recibieron una de estas becas en ediciones anteriores, comisarios y profesionales –que varía cada año– y que estudia las candidaturas y asesora a la Fundación Botín para lograr los objetivos de la convocatoria.

A lo largo de estos años, han sido jurado de estas becas reconocidos nombres del panorama artístico internacional como Chus Martínez, directora del Institute of Arte del FHNW Academy of Arte and Design de Basilea; Manuel Segade, director del Centro de Arte Dos De Mayo; Soledad Gutiérrez, chief curator TBA21; el comisario independiente Agustín Pérez Rubio o Stefanie Hessler, directora del Swiss Institute en New York, entre otros.

Nueva convocatoria

La Fundación Botín ya ha hecho pública la nueva convocatoria de becas, que en esta XXX edición, se otorgarán a seis artistas internacionales, siendo una de ellas para menores de 30 años, españoles o residentes en España. Pero además, según recuerdan, una vez finalizado el periodo de disfrute de la beca, realizará un seguimiento de su trabajo. Así que, los creadores que quieran emular a artistas como Erick Beltran, Sandra Gamarra, Asier Mendizabal Pedro Neves Marqués o Katinka Bock, –beneficiarios de estas becas– tienen hasta el 12 de mayo para presentar la solicitud.

Darío Urzay | Bilbao, 1958

«La ayuda me permitió vivir un año más en Nueva York»

Fue becario en los inicios de su carrera y además jurado en posteriores ediciones. El bilbaíno Darío Urzay, pintor y también fotógrafo, que actualmente protagoniza una exposición individual en la Galería Juan Silió en Madrid, obtuvo la beca de la Fundación Botín en el año 1997 «y esa ayuda me permitió regresar a Nueva York para concluir uno de los proyectos más importantes de mi trayectoria», recuerda. «Antes de pedirla yo ya había trabajado en Nueva York, también gracias a una serie de becas, y volví a Bilbao cuando se abrió el Guggenheim porque me encargaron una obra para la colección permanente. Pero mi idea era regresar a Estados Unidos, algo que no hubiera podido costearme si no hubiera sido por el dinero de esa ayuda, «aunque, francamente, ahora ni me acuerdo de la cuantía». Lo que sí rememora este artista es que esa cantidad le permitió vivir en la Gran Manzana durante un año, «aunque luego me quedé otro más para concluir aquella obra». No fue la única relación del artista con la Fundación pues, posteriormente, fue miembro del jurado de una de las convocatorias. «Lo más destacable de estas becas es el gran apoyo que prestan a artistas muy diversos y de distintas edades. No son sólo para los jóvenes».

Arancha Goyeneche | Santander, 1967

«Es una de las becas más deseadas por los artistas»

Arancha Goyeneche, Premio de Artes Plásticas de Cantabria, es otra de las becadas por la Fundación Botín. Fue en el año 2001. «La ayuda me sirvió para dar un giro radical en mi trayectoria hacia un obra mucho más experimental que la que venía haciendo hasta entonces», explica. Esta pintora, que el año pasado protagonizó cuatro exposiciones individuales y que en 2023 participará en otras dos fuera de Cantabria, se había presentado en varias ocasiones antes de que su proyecto fuera seleccionado. «Y fue un orgullo muy grande porque nos presentamos unos 400 de artistas de todo el mundo», dice. También recuerda que el jurado en su edición estaba compuesto por creadores de la talla Jordi Teixidor, Enrique Juncosa, Santiago Eraso y Juan Uslé. «A veces he pensado que este último, también cántabro, barrió para casa», dice. Pero lo cierto es que más allá de la cuantía económica, «que es muy importante y más en los comienzos», Arancha Goyeneche, que reside en Cantabria, afirma que posiblemente no se hubiera atrevido a experimentar con nuevas técnicas artísticas «mucho menos comerciales y por lo tanto más difícil de darles salida» sin el «espaldarazo» de esta beca que, «sin duda, es una de las más deseadas para los artistas».

Joan Morey | Mallorca, 1972

«Supone un gran crecimiento personal y profesional»

Autoproclamado como ‘diseñador de conceptos’, el creador la marca STP (Soy Tu Puta) fue becario de la Fundación Botín en el año 2019, si bien la pandemia por el covid y la imposibilidad de viajar, como al resto de los beneficiarios de esa promoción, le obligó a cambiar el paso y su proyecto inicial. No era la primera vez que presentaba su solicitud porque, tal y como explica, «se trata de una de las ayudas más especiales del estado español. Primero, porque te da una gran libertad de expresión y una considerable bolsa de producción para desarrollar tu proyecto que, además, te dejan autogestionar y eso es muy importante». Todo eso para un creador, según señala, «supone un gran crecimiento personal y profesional porque, generalmente, las becas que se nos conceden a los artistas tienen unos propósitos muy concretos». Así que, destaca, «la Fundación Botín tiene una confianza ciega en los procesos de producción y en los perfiles profesionales que selecciona, sin límite de edad o especificidad de los temas». El trabajo que desarrolló con la beca se puede ver ahora mismo en el Centro Botín, dentro de la exposición ‘Itinerarios’ donde el mes que viene (los días 11 y 12) impartirá un taller y llevar a cabo una serie de activaciones performáticas.

June Crespo | Pamplona, 1982

«Es importante porque nos ayuda a iniciar nuevos retos»

«Mi práctica artística se caracteriza por un uso experimental de la reproducción de la imagen y su explotación en el campo de las artes gráficas y la instalación escultórica» explica June Crespo en relación a su obra. Vive y trabaja en Bilbao y desde ahí recuerda que la beca de la Fundación Botín, que la concedieron en 2018, «me dio la posibilidad de abrir nuevas vías creativas en mi obra». Unas nuevas formas de trabajar con otras técnicas y materiales que, sin duda, no hubiera iniciado sin ese «respaldo económico» y «moral» que le proporcionó esta ayuda. La exposición de su trabajo también coincidió con los años de restricciones por el covid y, a modo de anécdota, recuerda que estaba contagiada cuando se inauguró la muestra colectiva ‘Itinerarios’ con su obra en el Centro Botín por lo que no pudo interactuar con el resto de becarios de su promoción, aunque con alguno de ellos, como Mario Espliego, ha podido contactar a raíz de esa convocatoria. «Esta ayuda, tan necesaria en nuestro oficio, permite a los artistas iniciar nuevos retos. Al menos a mí me sirvió y mucho para ello», asegura. Sus obras se verán el próximo fin de semana en la Feria Arco de Madrid y ya tiene cerrada otra exposiciones para este mismo año.

Fernando Sánchez Castillo | Madrid, 1970

«Estas becas dan dignidad al mundo del arte»

El artista madrileño trabajaba dando clases en Los Ángeles (EE UU) en el año 2000 cuando recibió la beca de la Fundación Botín «que me permitió desarrollar mi proyecto más importante. Una idea que estaba empezando a desarrollar allí pero que quería traer a Europa y que consistía en convertir mi coche, un jeep, en una especie de escultura en referencia a los automóviles blindados de la Guerra Civil española», asegura. Acabó el proyecto y pudo cumplir ese sueño pues el coche, que actualmente se puede ver en el Museo de Arte de León, pasó por Rotterdam, París y Madrid. Sí se le pregunta por la importancia de esta beca le sobran argumentos, desde la calidad de los miembros del jurado, a la visibilidad que proporciona a los jóvenes artistas en sus inicios. Pero también destaca la «gran familia» que se crea entorno a esas ayudas, entre los mismos creadores y, sobre con todo, el personal de la Fundación Botín, entre las que no puede dejar de citar a Esperanza Botella o Begoña Guerrica-Echevarría, o el exquisito cuidado que se pone en la edición de los catálogos. «Estas becas dan una gran dignidad al mundo del arte en todos los sentidos porque arropan a los creadores de todo tipo y de todas las edades», concluye el madrileño.

Santiago Ydáñez | Jaén, 1967

«Fue definitiva y esencial para mi trayectoria»

Con la cuantía de su beca, en el año 1997, el artista andaluz pudo llevar a cabo una doble exposición en Granada y Jaén. «Para mí fue definitiva y esencial porque era y sugue siendo la mejor beca que hay en este país. Ahora creo que se cuenta algo más la trayectoria de los que la solicitan, pero yo no la tenía de ningún tipo cuando la recibí, así que puedo decir literalmente que la Fundación Botín me salvó la vida». Lo dice porque cuando se la concedieron impartía clases como profesor interino en un colegio de Albacete y estaba a punto, «faltaba una semana», de presentarse a las oposiciones. «Así que la beca me permitió dejar la enseñanza y centrarme en mi carrera». Y fue definitiva, insiste, porque a raíz de ese trabajo empezaron a llamarme de galerías, «La primera Soledad Lorenzo», recuerda. Su trayectoria desde entonces cuenta con otras ayudas como la del Colegio de España en París del Ministerio de Cultura y varios premios como el de pintura ABC. Más recientemente acaba de exponer en Carabanchel con Fran Francés, ‘El último baño’, próximamente lo hará en Canarias y en Bélgica, aunque en abril llevará a cabo el que para él es uno de los trabajos «más especiales»: intervenir las salas del Museo de escultura de Valladolid.

Marina Nuñez | Palencia, 1966

«Me dio un gran empujón que viví como un privilegio»

«Yo creo que soy de las primeras becarias. Me la dieron en el año 1995», recuerda esta artista palentina que también rememora el trabajo que realizó con esa ayuda. «Estaba empezando casi mi carrera y por entonces desarrollaba varias representadas sobre la locura femenina, de la histeria en concreto», cuenta. Así que el proyecto que finalmente presentó consistió en una serie de óleos que pintó sobre unas fotografías que previamente había captado de su hermana en unos castros celtas en La Guardia y que, de alguna forma, conectaban con unas imágenes captadas en el siglo XIXa mujeres en el manicomio francés La Salpêtrière. Esta artista palentina, cuya obra figura en colecciones de varias instituciones, entre las que se encuentran el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Artium de Vitoria, el Musac de León o el Patio Herreriano de Valladolid, reconoce que la beca supuso un gran apoyo para ella. «Que un jurado, formado por creadores relevantes, elija tu proyecto entre tantos como se presentan te afianza y da una gran visibilidad y, por lo tanto, es un gran empuje. Así que creo que es un privilegio. Entonces este tipo de becas eran algo excepcional y, aunque ha pasado mucho tiempo de aquello creo aún que siguen siendo excepcionales».

Javier Arce | Santander, 1973

«Lo más interesante es la libertad que se da al becario»

Gracias a la beca de la Fundación Botín, Javier Arce pudo poner en marcha su proyecto ‘Guía para facilitar la vida’, basado en un libro de dos diseñadores industriales de los años 50. «Mi trabajo final era una videocreación aunque también hay una especie de híbrido con papiroflexia e instalación en el que reflexionaba sobre la vida doméstica, la convivencia y la pareja», explica. Fue a principios del año 2000 y apunta que esta beca «era entonces y sigue siendo muy querida por los artistas». De hecho, él se presentó varias veces hasta que se la concedieron. «Lo más interesante es que la cuantía económica es para el creador, para su propia obra, no hay encargos ni intereses comerciales detrás de ella lo que te permite trabajar con total libertad» y eso, asegura, la convierte en una de las becas más importantes a nivel nacional. A él le ha servido para exponer en todo el mundo. Ahora mismo trabaja en diferentes proyectos, el más próximo se verá en ARCO, el siguiente en Nueva York. «Y, sí, la beca de la Fundación me ha servido en mi carrera porque conlleva mucha actividad, pero llama la atención que esa ayuda venga de la iniciativa privada porque a nivel institucional y en Cantabria este tipo de becas están pensadas según los intereses del mercado».

Maider López | San Sebastián, 1975

«Contemplan que hay que dar tiempo a los creadores»

La artista Maider López desarrolla su trabajo interviniendo en el espacio público y la arquitectura y sus obras requieren a menudo de la participación del espectador al que involucra haciéndole parte de un espacio sutilmente alterado. Obtuvo el «respaldo» de la Fundación Botín en 1998, una beca que solicitó cuando cursaba el último curso de carrera en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco. «Y con ese dinero, tan importante para mí entonces, me fui a Londres para hacer un máster». Cuando se cumplen treinta años de la puesta en marcha de estas becas reconoce que «son importantes para un artista» y destaca, entre todos sus aspectos, «que se conceda tanto a alguien con poca trayectoria o reconocimiento como a artistas más consagrados». Y lo mismo con la edad, afirma, «no es una ayuda pensada únicamente en los jóvenes, no hay límite de años y eso, también es importante». Recién llegada de Alemania, donde acaba de presentar un proyecto, la artista que reside en su ciudad natal, San Sebastián, valora de la Fundación Botín «que ha sabido contemplar que hay que dar tiempo a los artistas para hacer sus trabajos o para florecer y hay que reconocer que han tenido muy buen ojo con los seleccionados».

Bleda y Rosa | Castellón y Albacete

«Recordamos el cruce con artistas de nuestra generación»

María Bleda (Castellón, 1976) y José María Rosa (Albacete, 1970) llevan tres décadas explorando conjuntamente, a través de una rigurosa y profunda investigación visual, los vínculos entre imagen, lugar y memoria. Trabajan en equipo. Firman sus obras con sus apellidos y como tándem también presentaron su solicitud a la Fundación Botín en el año 1997. «Estábamos casi empezando porque, como las becas, nosotros también cumplimos en 2023 treinta años de trayectoria». Como al resto de becarios esa ayuda les sirvió para sacar adelante un proyecto que, precisamente, con motivo de su aniversario se volverá a ver este mismo año en Madrid en una gran retrospectiva y en el que ya apuntaban lo que se ha convertido un referente en su trayectoria: la relación entre la memoria y el territorio. Sobre la beca, María Blanes recuerda que sólo hacía tres años que habían presentado su primer trabajo juntos, relacionado con un campo de fútbol, por lo que «nos dio un gran impulso para seguir apostando por nuestras ideas». Ahora tres décadas después también rememora lo importante que fue para ellos «el cruce con otros artistas de nuestra generación con trayectorias también muy interesantes y que poco o nada tenían que ver con la nuestra».

Latest from

Related items

Ciencia y Salud

Contact